La economía británica superó mejor de lo previsto la victoria del Brexit en el referéndum de junio, pero los primeros golpes serios podrían llegar con el inicio de las negociaciones de divorcio con la Unión Europea (UE).

La mayoría de los economistas multiplicó las advertencias antes del referéndum del 23 de junio del 2016: si los británicos elegían abandonar el navío europeo, las tempestades se abatirían sobre ellos.

Pero la transición gubernamental rápida, con la llegada al mando de Theresa May en sustitución de David Cameron, combinada con la inyección de liquidez del Banco de Inglaterra y la confianza de los consumidores, permitió a la economía surcar plácidamente los primeros meses.

El crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) se mantuvo sólido: 1.8% en el 2016, con una previsión oficial de 2.0% en el 2017.

El único inconveniente es que, en realidad, no ha ocurrido nada. Inglaterra sigue siendo miembro de la UE, al menos hasta hoy que May invoque el Artículo 50 del Tratado Europeo de Lisboa, cláusula de salida de la UE, y se abran dos años de negociaciones de divorcio.

May ha repetido que prefiere salir de la UE sin acuerdo en cuyo caso el comercio con la UE se regularía por las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) , que con un mal acuerdo. Pero Nina Skero, economista del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales, advirtió: Lo más probable es que se llegue a un acuerdo en dos años, pero si no lo hubiera, la incertidumbre se prolongaría y frenaría la actividad económica ; esto teniendo en cuenta que la mitad de las transacciones comerciales británicas es con el resto de la UE.

Los servicios financieros y los fabricantes de automóviles son los dos sectores estratégicos que más temen el fracaso de las negociaciones. La aplicación de las reglas de la OMC supondría la puesta en práctica de aranceles de 10% a los autos británicos que entrasen a la UE, y la City se quedaría sin su pasaporte europeo para vender productos financieros en el resto de Europa. En todos los sectores, sin excepción, los empresarios británicos defienden seguir permitiendo la llegada de inmigrantes europeos, en un contexto de desempleo muy bajo, inferior a 5 por ciento.

Los consumidores también empiezan a notar el encarecimiento de los productos importados por la fuerte depreciación de alrededor de 15% de la libra esterlina, desde el referéndum.

Así, en términos anuales, la inflación en febrero fue de 2.3%, comparada con 1.8% en enero, su nivel más alto en tres años y medio.