México consiguió un importante avance en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés), por las ganancias en eficiencia de mercado de bienes, en competencia y flexibilidad del mercado laboral y atracción del talento.

Pero el gran lunar del país sigue siendo el tema institucional, advierte Daniel Gómez, uno de los autores del índice.

El lunar referido es el que cubre temas de corrupción, derechos de propiedad, independencia judicial, favoritismo, percepción del gobierno, regulaciones gubernamentales, entre otras, precisa.

Entrevistado por El Economista, matiza que esta debilidad percibida por los empresarios consultados por el Foro también cubre temas de instituciones privadas como el marco ético de las empresas, transparencia de la contabilidad y el gobierno corporativo.

Dice que la parte de percepción del índice se terminó de recabar en marzo, por lo que seguramente no alcanzó a captar en el ánimo de los empresarios los eventos que en los últimos meses se han dado en el país, como los bloqueos del sindicato de maestros, temas de corrupción al más alto nivel del gobierno y la visita relámpago del candidato a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

Tenemos que tomar en cuenta que el índice se elabora a partir de una encuesta de percepciones empresariales y con datos cuantitativos que facilitan instituciones internacionales como el Fondo Monetario y el Banco Mundial.

México escaló seis posiciones en el ranking de competitividad para ubicarse en el puesto 51 de 138 países. ¿Qué factores impulsaron este avance?

Destacaron en eficiencia de mercado de bienes, en mercado de competencia, en flexibilidad de mercado laboral, en flexibilidad en atracción del talento y conservar el capital humano. Son temas que hay que proteger y conservar en lo sucesivo.

¿El avance en el índice muestra ya el impacto de las reformas?

Todo parece indicar que sí. Uno de los mensajes que queremos transmitir en el informe es que tenemos que implementar reformas para fortalecer la oferta y eliminar distorsiones del mercado; reformas que mejoren el entorno de negocios y que deberían reflejarse en el índice. Me queda claro que hay que darle seguimiento al avance que se logre en temas de productividad.

¿Este avance de competitividad se reflejará ya en el crecimiento económico?

Sí, a largo plazo por supuesto. El índice lo que hace es medir factores que determinan el nivel de productividad del país, ésta es el principal determinante del crecimiento y de los ingresos a futuro.

¿Cuál es el panorama internacional de la competitividad?

Será clave para avanzar hacia una economía más sofisticada. El WEF tiene tres mensajes críticos a partir de esta edición del índice: Debemos tener agendas globales comprensivas que puedan sostener avances sostenibles a largo plazo. Los temas de tecnología e innovación se están volviendo cada vez más importantes en la competitividad así como en la determinación de ingresos futuros; el tercero es la apertura de mercados y el incentivo que esto tiene para innovar.

Organismos internacionales advierten del riesgo de que se extienda el proteccionismo en el mundo.

Hay un retroceso generalizado en términos de apertura del comercio y eso constituye un problema a nivel global que puede afectar el crecimiento y la competitividad futura.

¿Dónde están viendo este retroceso de apertura?

En el informe encontramos una serie de indicadores de barreras no arancelarias a la Inversión Extranjera Directa y al flujo de inversión. Hay un retroceso en niveles de apertura global en todos los grupos de países y, al estar relacionados con temas como innovación, vemos que son importantes en el proceso de encontrar nuevos motores de crecimiento económico, nuevos sectores productivos.

¿El retroceso en el proceso de apertura comercial impacta en el crecimiento?

Más bien, constituye un posible escollo a las mejoras de productividad y es reflejado en los debates públicos, coyunturales y políticos. Nuestro llamado es a preservar los beneficios de la apertura.