“Si no nos escuchan, no hay futuro para ellos ni para nadie”, dijo Jairo Saw, indígena de la etnia brasileña munduruku, al explicar la misión que iba a emprender a las oficinas de la General Electric en California para explicar a los ingenieros de esa compañía las consecuencias medioambientales que la construcción de una hidroeléctrica en el río Tapajós iba a provocar en el corazón de la selva amazónica. El futuro: eso es lo que está en juego, el dilema existencial de todos, describe el reportero Andy Robinson.

Oro, petróleo y aguacates. Las nuevas venas abiertas de América Latina es el título del nuevo nuevo libro de Robinson, un economista egresado de la London School of Economics. El volumen, que reúne distintas crónicas sobre el despojo y la extracción de recursos naturales en América Latina, es una advertencia clara sobre los efectos que la dinámica de producción capitalista y el modelo de globalización neoliberal ha tenido en el medio ambiente. Pero, sobre todo, es un llamado urgente a repensar el camino, a modificarlo y a encontrar nuevas vías que den sostenibilidad al futuro de la humanidad.

“Hace falta un cambio casi revolucionario para proteger el planeta, para evitar la catástrofe. Necesitamos una insurrección en defensa del planeta y en defensa de una distribución mucho más equitativa de la renta”, dijo Robinson en entrevista telefónica desde el barrio de Lavapiés, en Madrid, donde radica.

A Robinson, corresponsal itinerante del diario catalán La Vanguardia, le interesa América Latina como el laboratorio donde se han puesto en práctica todas las teorías económicas y donde cohabitan todos los medios y formas de producción. Antes de Oro, petróleo y aguacates, Robinson publicó los libros Off The Road, miedo, asco y esperanza en Estados Unidos (2016) y Un reportero en la montaña mágica. Cómo la élite económica de Davos hundió el mundo (2013).

Las crónicas de Oro, petróleo y aguacates tienen como hilo conductor la lectura y relectura de Robinson de Las venas abiertas de América Latina, un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971 que marcó a varias generaciones de políticos, activistas y simpatizantes de izquierda y ofreció una lectura del subcontinente americano marcada por la explotación y la rapacidad.

Para Robinson, trabajar con la atmósfera del trabajo previo de otro escritor no es una novedad. En Un reportero en la montaña mágica ofrece paralelismos entre la decadencia burguesa que retrató Thomas Mann en 1924 y los protagonistas frecuentes de la cumbre de Davos, convocada anualmente por el Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés). Robinson es un reportero asiduo en la cobertura del WEF. En Off The Road, Robinson ejercita el periodismo gonzo, con evidentes reminiscencias a la obra de Jack Kerouac y un homenaje a Hunter S. Thompson.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Galeano es el compañero de viaje de Robinson en Oro, petróleo y aguacates, dividido en tres grandes bloques del extractivismo: minerales, alimentos y energía. Juntos viajan a Salt Lake City, Estados Unidos, para confirmar la adoración por el oro en la capital de los mormones, y visitan Potosí, para confirmar en medio de los turistas orientales la evaporación del sueño del litio como herramienta para la industrialización de Bolivia. En Michoacán atestiguan la devastación de la biodiversidad y la formación de una economía ilegal que provoca el monocultivo del aguacate y en Honduras documentan que las Repúblicas Bananeras están más vigentes que nunca. Los emprendimientos petroleros de financiamiento público de Venezuela (PDVSA), Brasil (Petrobras) y México (Pemex) les ayudan a contar la historia de una izquierda envuelta en la disyuntiva de basar sus programas de asistencia social en el rentismo petrolero.

“Traté de hacer un periodismo alejado de los centros urbanos, concentrado en la extracción de materias primas clásicas. Entonces pasé mucho tiempo en el altiplano andino y en la Amazonia. Y en medio de mis crónicas me permito reflexiones sobre el turismo tan raro que se da en el salar de Uyuni, en Bolivia, o el turismo del peyote en San Luis Potosí, en México”, dijo Robinson en la entrevista. El turismo, como una nueva forma de extracción que provoca un desgaste medioambiental con su amplia huella de carbono. “Es una nueva clase de extractivismo, en el sentido de que puede convertir en objeto, en mercancía, un bien público como el medio ambiente, el paisaje o el patrimonio cultural”.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Robinson no intenta replicar ni actualizar Las venas abiertas de América Latina de Galeano. Que su libro lleve esa idea como subtítulo es responsabilidad de la mercadotecnia editorial, en este caso de Arpa Editores, una pequeña casa de no ficción con sede en Barcelona. De hecho, en Oro, petróleo y aguacates no aparece una sola vez la palabra Cuba, una nación y un concepto claves para entender la historia de América Latina en la segunda mitad del siglo XX.

“Nunca pretendí hacer un libro que diera continuidad a Las venas de Galeano. Además porque no podría igualar su pluma prodigiosa. Fue más bien una referencia para una serie de crónicas que yo he metido en un libro estructurado en torno a las materias primas. El mío es un libro de crónicas periodísticas”, dijo Robinson.

Unas crónicas, a mi juicio, llenas de detalles y observaciones puntillistas, entrevistas precisas y pertinentes, reflexiones mesuradas e informadas y citas teóricas, históricas y literarias exactas y que aportan enorme valor a la narrativa del volumen. Y, por encima de todo, unas crónicas urgentes para alertar sobre la inminencia de una devastación climatológica que ya está provocando migraciones, hambrunas, desertificación e inundaciones.

La fórmula para superar el reto existencial parece imposible: transitar hacia un modelo de sostenibilidad 1. sin sobrepoblación, 2. sin contaminar, y 3. sin agotar los recursos. ¿Eso es alcanzable? Robinson responde: “No tenemos opción. Esa fórmula tiene que ser posible, porque la alternativa es el fin de todo, así que tiene que ser posible. La situación acabará siendo tan drástica que necesitaremos un movimiento político suficientemente fuerte como para cambiar todo, pero desde luego hay pocas señales en este momento de ese movimiento político. Parece que vamos por el otro lado, lo cual es muy preocupante. Yo no sé si soy un poco antisistema en ese sentido, porque creo que hace falta un cambio casi revolucionario para proteger el planeta, para evitar la catástrofe”. 

“Vivimos un tiempo de frontera entre un mundo posible y otro imposible. Si seguimos en este nos vamos todos al infierno en línea recta”, pronosticó el escritor Eduardo Galeano en una entrevista con la cadena española SER hace 15 años. El reloj climatológico parece darle la razón.