El Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelve a poner sobre la mesa la recomendación de crear consejos fiscales en aquellos países que requerirán de nuevas reformas para mejorar la estructura de sus finanzas públicas.

En el resumen de su estudio “Reglas fiscales: Más fáciles de aceptar y más difíciles de eludir”, comenta que la estructura de la política fiscal que utilizan más de 90 países en el mundo resulta compleja para que puedan reducir sus déficits, por lo que es recomendable contar con consejos fiscales.

“Las reglas para frenar los abultados déficits públicos son más eficaces si los países las diseñan de modo que sean simples, flexibles y aplicables en distintas circunstancias económicas (...) Para ello, se debe apoyar a instituciones que mejoren la transparencia fiscal y la rendición de cuentas, tales como consejos fiscales, que los gobiernos crean para actuar como centinelas”, señala.

En el análisis que presentará esta semana, en las Reuniones de Primavera 2018 en la ciudad de Washington DC, argumenta que las reglas fiscales instauradas en los últimos 30 años a menudo han sido demasiado complejas, excesivamente rígidas y difíciles de aplicar.

“Con reglas mejor diseñadas es posible evitar déficits excesivos, que suponen un obstáculo para las finanzas públicas sostenibles. Esto lleva tranquilidad a los mercados financieros y a los inversionistas y, en consecuencia, los países que cumplen con sus reglas fiscales pueden tomar préstamos a tasas más bajas”.

Refiere que, en los países con déficits altos y reglas laxas, los costos de la deuda son más altos porque los inversionistas los consideran más riesgosos.

Apunta que, cuando un gobierno muestra compromiso con una buena gestión de las finanzas públicas, las reglas fiscales pueden crear espacio en el presupuesto para financiar políticas que estimulen el crecimiento, fortalezcan a la economía frente a shocks adversos y reduzcan la excesiva desigualdad del ingreso.

tres PRINCIPIOS fundamentales

El FMI refiere que los países que buscan mejorar su estructura fiscal con el apoyo de estos consejos fiscales deben basarse en tres principios fundamentales.

Primero: los gobiernos deben asegurarse de que el paquete de reglas sea coherente, riguroso y de que garantiza la sostenibilidad de la deuda.

“Las reglas fiscales deben incluir tanto una regla de deuda para marcar el curso de la política fiscal a mediano plazo como un grupo de reglas operativas que rijan las decisiones del presupuesto anual, tales como una regla de gasto o una de equilibrio presupuestario”, agrega.

Segundo: deben crear incentivos para un mejor cumplimiento con reglas. Esto lo menciona en referencia a lo que observaron en su análisis, ya que los gobiernos cumplen con las reglas la mitad del tiempo.

“Para alentar a los gobiernos a seguir las reglas, el cumplimiento debe traer aparejado más beneficios tangibles, y los costos para quienes no las cumplen deben ser más severos”.

Si bien las sanciones financieras a menudo no son creíbles, las iniciativas recientes que aumentan los costos políticos y de reputación parecen más promisorias, en particular a través de la función de los consejos  fiscales que vigilan y exponen públicamente posibles malversaciones de fondos públicos, destaca el FMI.

Tercero: las reformas deben prever una flexibilidad adecuada sin sacrificar demasiado la simplicidad, pues las reglas que permiten ciertas desviaciones de las metas en respuesta a shocks económicos, como la regla de equilibrio presupuestario, suelen ser complicadas y de difícil implementación.

Concluye y remarca que los países deben diseñar estos tres principios adecuándolos a sus propias circunstancias.

necesario, AHORRAR

El resumen que presenta el FMI también menciona que para mejorar la estructura fiscal de un país y que no incurra en déficits excesivos es necesario que genere un ahorro.

“Se requiere de un diseño que incentive a los países a ahorrar durante periodos de bonanza, por ejemplo, al no permitir grandes aumentos del gasto público que puedan absorber todos los ingresos extraordinarios”, detalla.

Aclara que se pueden tener excepciones como en casos de catástrofes naturales para que se pueda permitir un uso adicional de los recursos presupuestados.

Con respecto a la deuda, comenta que no se debe establecer un techo tan alto para que se reduzca el riesgo de que no se paguen a tiempo y ello no implique tener que endeudarse más para pagar intereses. Puntualiza que se debe tener un equilibrio, pues si se establece un techo de deuda bajo, ello afectaría a las brechas que se tienen en el gasto en inversión pública.

elizabeth.albarran@eleconomista.mx