El banco central ruso retiró la licencia a dos bancos que representan más de 100,000 millones de dólares en depósitos y a un tercero más pequeño; esto como un paso más en su esfuerzo de reformar el sector bancario.

La retirada de la licencia afecta las entidades bancarias RosinterBank (68º banco ruso por activos de una lista de unos 650), FinPromBank (94º) y RKB (404º).

FinPromBank tenía una situación financiera muy frágil mientras que RosinterBank y RKB perdieron su licencia por no respetar la legislación sobre blanqueo de dinero.

El banco central lleva varios años reformando el sector, sobre todo desde la crisis monetaria y financiera que empezó en el 2014.

La presidenta de la entidad, Elvira Nabiúlina, declaró la semana pasada que en los últimos tres años se ha retirado la licencia a 279 entidades financieras, 68 de ellas sólo en lo que va de año. Sin embargo, las quiebras forzadas no afectan por el momento los grandes bancos.

RosinterBank y FinPromBank suman un total de 70,000 millones de rublos (alrededor de 1,085 millones de dólares) en depósitos, que ahora tendrá que asumir el fondo público de garantía de depósitos.

El banco central está trabajando en un nuevo mecanismo de rescate que permitirá inyectar fondos directamente en las entidades, en vez de prestarlos a un posible comprador, un sistema que no permite controlar su uso.

Asimismo, la semana pasada el banco central ruso anunció que redujo su tasa de interés de referencia por segunda vez en lo que va del año, tras argumentar menores expectativas inflacionarias y la incertidumbre sobre la recuperación de la economía, aunque añadió que no aplicaría más recortes este año.

El recorte de 50 puntos base a 10% estuvo en línea con las expectativas de los economistas, que habían destacado que las tasas de interés reales en Rusia eran elevadas.

De igual manera, el banco central reveló que su tasa de interés clave debía mantenerse hasta fines del año en 10% y que podría aplicar más reducciones en el primer y segundo trimestre del 2017.

La entidad está tomando con cautela el manejo de la política monetaria, pese a que la economía ha tenido dificultades para dejar atrás una profunda desaceleración, mientras intenta reducir la inflación para llevarla hacia su meta de 4% para fines del año.