En el primer Grand Slam del 2021, el Australian Open, los campeones individuales Naomi Osaka y Novak Djokovic se embolsaron 2.1 millones de dólares cada uno. En esta disciplina, ser mujer u hombre no hace ninguna diferencia en el premio final, pero es una excepción a lo que ocurre en otros deportes.

Una de las brechas más significativas está en el futbol: Estados Unidos, campeón de la última Copa Mundial femenil (Francia 2019), ganó cuatro millones de dólares, mientras que Francia, campeón de la última Copa Mundial varonil (Rusia 2018), ganó 38 millones, es decir, los hombres ganaron casi nueve veces más que las mujeres.

Esta dinámica se repite en el basquetbol, beisbol y el golf a través de ligas destacadas de estos deportes como la NBA, la MLB y el PGA. Por ejemplo, el salario promedio de un jugador de la NBA para la temporada 2020-21 es de 10 millones de dólares, en tanto que el promedio de una jugadora de la WNBA es de 100,658 dólares. Es una décima parte.

En el caso del beisbol, el salario promedio varonil en la MLB para la temporada 2019-2020 fue de 4,031,549 dólares, mientras que para las mujeres de la NPF (Liga de softbol profesional femenino de Estados Unidos) fue de apenas 6,000 dólares, es decir, un salario 670 veces menor.

En el golf, la diferencia también existe: el último salario promedio antes de la pandemia para los hombres (PGA) fue de 1,235,495 dólares y para las mujeres (LPGA) de 48,993; los hombres ganaron 24 veces más.

De acuerdo a estas cifras de la Universidad de Adelphi (Nueva York) y de las propias ligas, los atletas varoniles ganan entre 15 y 100% más que las femeniles, destacando la mayor diferencia en el beisbol. La misma universidad cita un estudio especializado de Payscale en el que, en 2019, las mujeres de las industrias de arte, entretenimiento y deportes ganaron el 6% que los hombres en Estados Unidos.

Las basquetbolistas de la WNBA, una liga con 23 años de existencia, aumentaron su salario promedio anual en un 35% de la temporada 2019-20 a la 2020-21, no obstante, ese cambio sigue siendo casi 10 veces menor que el promedio de un jugador de NBA. En este deporte, la brecha salarial no ha cambiado: según cifras de la Universidad de Adelphi, los novatos varoniles ganaron 176% que las femeniles en 1997-98, y para la 2019-20, esa diferencia incluso aumentó a 182%.

La lucha por la paridad salarial comenzó en 1973 con Billie Jean King, quien amenazó con boicotear el US Open si no se le pagaba lo mismo a mujeres que hombres. King había recibido 113,200 dólares de premio un año antes.

El US Open fue el primer Grand Slam en homologar los premios para hombres y mujeres, pero fue hasta 2007, tres décadas después de los reclamos de King, cuando los otros tres Grand Slams del mundo (Australia, Francia y Wimbledon) emparejaron la situación.

Otros equipos que han conseguido homologar en los últimos cinco años son las selecciones de futbol de Noruega, Nueva Zelanda, Brasil, Finlandia y Dinamarca, donde mujeres y hombres ganarán lo mismo por jugar con su representativo nacional.

Pero la diferencia sigue siendo notoria. En los últimos cuatro rankings de los 100 atletas mejor pagados de Forbes, en un año (2018), no apareció ninguna mujer; en otros dos (2017 y 2019) solo apareció una; y en el más reciente (2020), aparecieron dos: Naomi Osaka y Serena Williams, en los puestos 29 y 32, respectivamente. De acuerdo a este último ranking, el salario anual de la atleta mejor pagada del mundo, Naomi Osaka, representa apenas la tercera parte de la cifra del mejor pagado, Roger Federer. Naomi ganó 37.4 millones de dólares y Roger 106.3 millones. La diferencia más grande es en los patrocinios: Federer sumó 100 millones por ese concepto y Osaka 34 millones.

Entre 2011 y 2013, apenas el 0.4% de los patrocinios deportivos en el mundo y el 7% de las coberturas de los medios de comunicación están dedicados al deporte femenino, reportó un estudio de Women in Sports.

Los ingresos por patrocinios y transmisión son un factor determinante en el contraste salarial entre hombres y mujeres, según un reportaje de Forbes. Un ejemplo fueron los ingresos de 10,000 millones de dólares de la MLB en la temporada 2019, en tanto que la NPF (máxima categoría de softbol femenil) generó apenas entre 5,000 y 6,000 dólares. En el caso del basquetbol, la NBA ingresó 2,500 millones de dólares por sus acuerdos de transmisión con ESPN y TNT, mientras que su similar femenil alcanzó 25 millones.

La situación se traduce en inconformidad. Un estudio de la Universidad de Nottingham (Inglaterra), reveló que el 80% de las atletas élite de ese país siente que el crecimiento del deporte femenino se vio frenado por la pandemia y el 91% piensa que el salario entre mujeres y hombres sigue siendo desigual.

“Creo que el futuro podría parecer brillante, pero se necesitan cambios culturales más amplios con respecto a la participación de las mujeres y las niñas en el deporte, incluida la normalización del deporte femenino como simplemente deporte”, analizó la Dra. Ali Bowes, especialista en sociología del deporte, con respecto a las cifras del estudio británico (vía Skysports).

México también es parte de la disparidad

Según cifras del Senado de la República, retomadas por Apuntes de Rabona, en México la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 34.2%, no solo en los deportes, sino en general.

Respecto al futbol, el deporte más popular del país, el salario promedio de una jugadora de la Liga MX Femenil es hasta 260 veces menor que un jugador de la Liga MX. Según este mismo sitio, una futbolista percibe un sueldo mensual de entre 2,500 y 30,000 pesos, mientras que el promedio mensual varonil es de 653,000.

Según reportes de Goal, algunas futbolistas mexicanas superan los 100,000 pesos mensuales de sueldo pero solo en clubes de alto estatus financiero como Tigres, Rayadas y América, mientras que otras han denunciado recibir apenas mensualidades de 1,500, mientras que la periodista Adrianelly Hernández señaló a este diario que el 85% de las jugadoras de la Liga MX Femenil ganan menos de 10,000 pesos mensuales.

“Algunas colegas la nombramos como una liga semiprofesional porque en sueldos no puedes decir que las jugadoras vivan del futbol (en México). Esto tiene mucho que ver con cómo lo ve cada institución, porque muchos lo ven más como un peso que como una oportunidad de desarrollo”, describió Hernández.

fredi.figueroa@eleconomista.mx