Monterrey mostró los puntos débiles de Cruz Azul, mediante la presión a los jugadores celestes, la sorpresa de un gol en los primeros minutos y la calidad de un plantel que despertó los miedos del equipo cementero.

El gol de Rodolfo Pizarro -que fue suficiente para derrotar 1-0 a los celestes- apenas al minuto 3 de que había iniciado el partido, exhibió algunos de los lados más frágiles del proyecto de Cruz Azul, cuando un descuido de la defensa permitió que el mediocampista pudiera rematar con la cabeza un centro de Dorlán Pabón desde el sector derecho de la cancha.

Comenzó la inestabilidad emocional en los jugadores de Cruz Azul, que provocó fallar pases de corta distancia. La presión alta de los futbolistas de Rayados propició  que dividieran la pelota y mucha de la tensión, se reflejaba en el rostro de los futbolistas cruzazulinos.

El gol en los primeros minutos ayudó a que Diego Alonso, el entrenador de Rayados, reforzara su estrategia de solidez defensiva. Es el único de los cuatro equipos semifinalistas que, tomando en cuenta el partido de ida de la semifinal, acumula 270 minutos sin recibir gol.

Apenas un remate de cabeza de Elías Hernández, que Marcelo Barovero atajó, fue la única señal de peligro que Cruz Azul fue capaz de crear en; después de eso, la inconsistencia en los pases, la desconfianza de los fantasmas de la eliminación brotaban en cada jugada en donde tenía que imponerse a sus rivales, que casi siempre favorecían de los jugadores de Rayados.

A Cruz Azul solo le resta apelar a la localía, en el estadio Azteca donde acumula 10 partidos sin perder, aunque para la cita del sábado no le basta un empate, necesita ganar para regresar a una final después de cinco años de no hacerlo.