Moscú. ¿Cómo terminas emocionalmente después de un partido tan intenso?

—Ahorita estoy muerto (...) estoy cansado. Esperar tanto este día para debutar en un Mundial, quieres debutar haciéndolo bien, sin equivocarte. Mucha gente espera mucho de nosotros y no es fácil, hay mucha tensión. Llegas al vestidor, te sientas y ¡uf!, te relajas completamente (...) es hora de descansar.

Es Guillermo Ochoa, el encargado de impedir los goles alemanes, quien relaja los brazos, los deja caer al momento que explica la travesía de emociones que experimentó en la victoria de México 1-0 a Alemania.

Las variables cuantitativas dicen que cada futbolista mexicano corrió 9.6 kilómetros durante el partido. La tenue voz de Ochoa, el ritmo en el que entona las palabras indican a alguien que está aliviado (...) la respiración apenas se percibe, ha acabado el juego, han pasado al menos 30 minutos y las revoluciones han bajado.

¿Emocionarse cansa? Guillermo dice que sí. Hace una exhalación de unos cinco segundos y responde:

—Arrancar un Mundial con los tres puntos y con el rival más fuerte del mundo es fundamental.

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Un triunfo de México ante Alemania en el debut de Rusia 2018 alivia todo sufrimiento. Significa el primer triunfo de la Selección Mexicana en un Mundial ante la selección europea. Y se acaba con una racha de 24 años sin perder en un inicio de Copa del Mundo por parte de los alemanes.

Al inicio se notaban las caras tensas de los futbolistas mexicanos, también la imprecisión de los pases por el estrés de enfrentar al campeón del mundo, lo que les llevó a fallar 21% de los pases que conectaron, frente a 14% que erraron sus adversarios alemanes.

El profesor de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Aalto en Finlandia, Lauri Nummenmaa, dice que las emociones están asociadas a diferentes mapas de sensaciones corporales: la ansiedad eleva el ritmo cardíaco, estimula la circulación sanguínea en el centro del cuerpo y la eleva la temperatura. Literalmente, tu corazón está a punto de reventar y bombea más sangre a todo el cuerpo.

Los futbolistas mexicanos manifestaban esa ansiedad con gritos, con manoteos y exclamaciones para sus compañeros. También con la teatralidad que les otorgaba la inferioridad física. En cada pelota disputada, los jugadores de México salían disparados al menor contacto con los alemanes.

Ese ritual fue fortaleciendo a los jugadores mexicanos, quienes supieron manejar sus emociones y eludir alemanes como en campo de entrenamiento con conos naranja. Bajó ese contexto dominaron Carlos Vela y Héctor Herrera, los menos expresivos, porque nunca dejaron ver su verdadero estado emocional, ni siquiera al final del juego.

No fueron sentimentales hasta las lágrimas como Javier Hernández, incisivos como Miguel Layún o insistentes como Jesús Gallardo.

“Joachim Löw incluso dijo que el equipo es muy fuerte, no sabemos qué pasó pero ya están en un segundo nivel, sólo detrás de Brasil, Alemania, España, Argentina”; explica Oliver Schmidt, exfutbolista alemán, quien destaca en el estilo del futbolista mexicano la velocidad, la posesión del balón y la habilidad para quitarse rivales.

Así llegó el gol mexicano, cuando en menos de 10 segundos y seis toques de balón pasaron de la periferia de la portería de Guillermo Ochoa, a poner de frente a Manuel Neuer a Hirving Lozano.

Chucky actuó bajó un efecto heurístico, donde la toma de decisiones coge un atajo, pudo tomar una decisión y resolver sin problemas de forma rápida. Son las decisiones que tomamos motivados por el miedo, el placer, la sorpresa, fue ahí donde Hirving descargó su pierna derecha para vencer a Neuer y anota el primer gol de la Selección Mexicana en Rusia 2018.

La psicoterapeuta Eva María Rodríguez dice que las personas que están sometidas a estrés continuo, como los futbolistas, desarrollan habilidades para tomar decisiones de forma casi involuntaria. Así fue con Hirving, que en fracciones de segundo eludió a un defensa y sacó un disparo a unos metros del portero alemán para comenzar la gesta.

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Juan Carlos Osorio comenzó el partido ante Alemania con look de maestro universitario. Traje impecable negro, camisa blanca y abotonada, las gafas le daban el toque intelectual al entrenador de la Selección de México. Todo estaba en su lugar, la libreta, las plumas roja y azul. Habían pasado 10 minutos y el partido ya ameritaba que el entrenador se despojara del saco.

Las sociedades latinoamericanas suelen ser más pasionales que las europeas, dice un estudio de la consultora Gallup. Por ejemplo: las variables que mejor definen a los alemanes son la pasividad, la complicación y la frialdad emocional.

Así fue al menos durante 75 minutos, hasta que su insistencia por empatar el juego iba transformando su rostro, sus expresiones, que llegaron al enojo, los reclamos, las faltas. Eso sí, nunca fallaron en cuestiones tácticas, porque tuvieron 12 tiros a gol, por sólo tres de la Selección Mexicana.

Joachim Löw no sufrió ninguna transformación física después del partido; a diferencia de su colega colombiano, que terminó con la camisa desabotonada, las gafas colgando del penúltimo botón y las mangas de la camisa arremangadas hasta mitad de los brazos. La voz también se transformó, terminó con afonía parcial, el resultado de vivir al extremo el juego inaugural de México.

¿Por qué lloramos? La respuesta es por un efecto narcótico de la hormona adrenocorticotrópica, una sustancia que tienen las lágrimas y que nos hace sentir alivio después de llorar. Así fue para Chicharito, el delantero que no pudo contener el llanto después de que se escuchó el silbatazo final. El desgaste y esfuerzo provocó que confesara que sufrió calambres “en músculos que ni yo sabía que tenía”.

Al igual que Javier, Miguel Layún y Edson Álvarez terminaron rendidos al final, arrodillados sobre la cancha en señal de alivio. México festejó sentir el alivio de todo un proceso mundialista y de vencer por primera ocasión en su historia al campeón mundial vigente en un Mundial.