Pumas es uno de los cuatro clubes más importantes del país y desde 1977 la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dueña del equipo, decidió despegarse de la operación financiera, deportiva y administrativa para que lo hiciera una Asociación Civil. Después de este lapso hay dos puntos por acotar: ni la UNAM ni el club han respetado un convenio firmado hace cuatro décadas que establece que el equipo de futbol debe entregar (institucionalmente) sus estados financieros a la Universidad, y de paso no le ha reportado beneficios económicos a la Máxima Casa de Estudios, como estaba convenido.

Pumas generó al menos unos 4,500 millones de pesos en taquilla, derechos de televisión y venta de jugadores en la última década.

—¿Dentro de la UNAM hay algún organismo, junta o dependencia a la que se le deba informar sobre lo que ocurre en el club Pumas?

No, ninguna, responde Leopoldo Silva, secretario administrativo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En los últimos 40 años, la UNAM ha tenido ocho rectores: de Guillermo Soberón al doctor Enrique Graue. En ese lapso, la “UNAM no ha practicado revisión alguna a los estados financieros del Club Universidad, de conformidad con la Cláusula Décima Segunda del Convenio suscrito entre la Universidad y el Club”, dice a la letra un documento emitido por la Auditoría Superior de la Federación tras la revisión de la Cuenta Pública del 2014.

¿Actualmente la UNAM ya practica oficialmente una revisión a las cuentas del club? No. Leopoldo Silva asegura que la Universidad “se da por satisfecha con la presencia (de la UNAM) en la Junta Directiva y en la Asamblea” del equipo de los Pumas. El rector, el doctor Enrique Graue, el propio secretario administrativo y el comisario de la Asociación Civil, el director de la Facultad de Economía, Eduardo Vega, son quienes a nombre de la UNAM están presentes en la toma de decisiones del club. Bajo sus criterios y respecto al plan del presidente de la Junta Directiva —en caso de que haya remanentes— se decide si el dinero va a la Máxima Casa de Estudios o se reinvierte en el mismo equipo de futbol.

Al menos en una década, los Pumas no han aportado recursos financieros a la UNAM de acuerdo con datos de Transparencia.

El 5 de julio de 1977 se firmó una Escritura Constitutiva entre la UNAM y el Club Universidad AC sobre los derechos y obligaciones entre ambos. Una de esas obligaciones es (o era en teoría) presentar los estados financieros del equipo a la UNAM de manera oficial.

“Si tú me pides ahora mismo los estados financieros de la Universidad, yo te los puedo mostrar (...) pero del equipo no, porque es una AC, es un tema privado y cumple todos los requerimientos que establece la ley para las AC”, comenta Leopoldo Silva.

—¿Tiene conocimiento del documento firmado entre la UNAM y el Club Universidad AC en 1977?

No. Sé que se firmó un convenio en aquella época, pero que lo tenga en la mente, no. Pero sí existe.

—¿Sigue siendo vigente ese acuerdo o ya no vale para la UNAM?

La Universidad se da por satisfecha por esa presencia en la Junta Directiva y en la Asamblea. Ahí se conocen las finanzas del club cada año.

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Samuel Martínez, académico de la Universidad Iberoamericana, especialista en estudios del deporte y coordinador del libro Futbol-espectáculo, cultura y sociedad, comenta que “una de las cosas que promueve la Universidad como parte de sus valores es justamente el respeto a la ley, a los reglamentos, es una promotora de la transparencia, la libertad de pensamiento y la crítica. Esta información va a poner a prueba los valores de la UNAM”.

Este acuerdo, que tiene 40 años, no ha sido respetado por las administraciones de los rectores Guillermo Soberón, Octavio Rivero, Jorge Carpizo, José Sarukhán, Francisco Barnés, Juan Ramón de la Fuente, José Narro y el doctor Enrique Graue. Pero tampoco los presidentes del club y posteriormente los presidentes del Patronato presentaron dicho informe. Guillermo Aguilar Álvarez Mazarrasa, Guillermo Soberón Acevedo, Arturo Elías Ayub, Víctor Mahbub, Jorge Borja Navarrete y Rodrigo Ares de Parga. Ninguno de ellos —según los documentos oficiales— respetó la cláusula 12 firmada el 5 de julio de hace 40 años.

“Las finanzas del club no son parte de la Universidad”, comenta el secretario administrativo de la UNAM.

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¿No hay dinero? A principios de julio del 2016, Ares de Parga, actual presidente del Patronato del club Universidad, aseguró ante los medios: “El club no está bien en la parte financiera. El problema que tiene el futbol mexicano es que ha habido mucha inflación en salarios y que no se ha compensado con lo que se ingresa en patrocinios”.

La afirmación no es poca cosa si consideramos que los Pumas es uno de los cinco clubes que más camisetas vende en el futbol mexicano, de acuerdo con informes de Sponsorship.com y SportBusiness. Además sus derechos de televisión están entre los cuatro más cotizados (180 millones de pesos anuales, según TV Markets), y de paso han facturado en la última década 600 millones de pesos en transferencias, de acuerdo con Transfermarkt.

Hace apenas tres años, la marca Puma —en un reporte publicado por este diario— catalogaba a los Pumas (ahora con Nike) como uno de sus tres equipos que más jerseys vendía en el mundo.

Según la base de datos de El Economista, en la última década el club ha ingresado al menos unos 4,500 millones de pesos entre venta de boletos, derechos de televisión y transferencias de jugadores.

—¿No consideran que los Pumas han aportado poco económicamente a la UNAM?

El Club Universidad Nacional AC es un club sin fines de lucro. A la Universidad no le ha interesado que el club tenga los grandes rendimientos económicos. No ha sido fácil en los últimos años por el encarecimiento del futbol.

De acuerdo con el secretario administrativo, Leopoldo Silva, actualmente los Pumas se han encargado de suministrar y vestir a todos los equipos deportivos (de todos las disciplinas) de la UNAM. Pero de planta, nada.

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El Club Universidad goza de acuerdos que le benefician. Por ejemplo, tiene un contrato de explotación y comercialización del nombre y logos de Pumas que los paga, literalmente, con un partido como local del club. Este acuerdo entre la UNAM y el equipo de futbol detalla que entre el 2016 y el 2018 el club dará 5 millones de pesos y recibiría regalías entre 20 y 30.5% de los ingresos por la comercialización (lo cual hasta ahora no ha ocurrido).

Es verdad que el promedio de asistencia en el Estadio de Ciudad Universitaria ha bajado (Apertura 2017) por el mal paso del equipo, pero en los cinco partidos que ha jugado como local han vendido al menos 97,000 boletos, que se traducen en 23.9 millones de pesos, de acuerdo con un cálculo realizado por este diario, tomando en cuenta el costo de boleto promedio (245 pesos).

Luego entonces, en cada encuentro el club ingresa al menos 4.5 millones, es decir que con la taquilla de un partido como local y una parte de otro, obtienen lo que deben pagarle a la UNAM por el contrato de explotación de la marca y todavía le quedarán al menos unos 30 encuentros (entre el 2016 y el 2018) para obtener más ingresos.

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¿Una universidad con un equipo de futbol profesional es un buen negocio?, le pregunto al especialista en la industria deportiva, Francisco San José.

“Las universidades tienen un mercado garantizado: los alumnos, los aspirantes, los exalumnos, esa parte la tienen muy ganada y muy fácil. Todo esto, visto desde un punto de vista comercial, es una gran ventaja y es un producto muy vendible. A eso hay que sumarle que los Pumas no sólo son una marca regional, es nacional, que tiene a muchos aficionados que ni siquiera fueron o estudiaron en la Universidad. En términos de negocio y merchandise, es muy fácil de vender”.

Otra de las bondades es la baja renta que pagan a la UNAM por el uso del Estadio de CU. Un reporte del Huffington Post de marzo detallaba que el pago era de 35,468 pesos mensuales; en un año la cantidad es menos de medio millón de pesos. Actualmente, los Pumas son el peor club del torneo y en caso de no sumar para el próximo verano se pueden meter en problemas de descenso.