Esa maldita manía que tienen las personas de tratar de hacer sentir bien al otro cuando apenas ha sucedido una tragedia. Los psicólogos de la corriente de Gestalt dicen mucho una frase: “Date permiso de sentir... hasta lo malo”. Y Mehdi está en eso, sintiéndose lo peor del mundo, la cosa más aberrante, regresando la videocasetera de la memoria para ver esa jugada una y otra vez: minuto 94, sólo frente al portero, remata y la echa a un lado.

Y justo cuando estaba en su propia tortura llegaron compañeros a levantarlo y él se resistía... y sus compañeros lo tiraban hacia arriba y él resistía. ¡Déjenlo, carajo!

En el césped temblaba como si el alma se le fuera esa misma noche, ¿hace cuánto tiempo que no llorabas así, Mehdi?, espera, no respondas, no nos mires, quizá algún día lo sabremos.

El hombre está atormentado por una pelota inesperada de la que probablemente se sentirá culpable toda la vida aunque después diga (como todos, como muchos decimos) que ya no duele, que está recuperado, que ya todo está bien.

Tan optimista que es Mehdi, el jugador de la Selección de Irán, si les contara... él todo lo ve desde el lado positivo. Siempre tiene mensajes de “buena vibra” en sus redes sociales y le agradece a la vida todo lo que tiene... ¿le agradecerá también que falló el gol que calificaba por primera vez a una segunda ronda a Irán en un Mundial y de paso eliminaba al equipo de Cristiano Ronaldo?

Ahora, ya de pie, Mehdi Taremi, está solo, se tapa la cara, se siente culpable. Lo entiendo, lo entendemos, porque todos nos hemos sentido así alguna vez, avergonzados de lo que hacemos, de lo que decimos, de lo que fallamos. Algunos lo superan, otros no y se mienten diciendo que todo está bien.

Mehdi, veo tu Instagram y te mirabas tan feliz. Si hubieras colocado tu pierna izquierda un poquitito más inclinada hacia la derecha... quizás... bueno ya está hecho.

P.D. Oye, Mehdi, todo estará bien (¿me crees?).