La evolución de Toronto en una de las ciudades de baloncesto más poderosas del mundo dio un paso crucial y cómico en 1995, cuando su franquicia de expansión de la NBA, los Raptors, tenía un año de vida.

El veterano Tracy Murray sonreía mientras caminaba hacia la línea de tiros libres, no por el logotipo de dinosaurio de dibujos animados que llevaba en su uniforme, sino porque los fanáticos de su propio equipo lo estaban distrayendo agitando con globos de plástico inflables. Al terminar el partido, Murray dijo a los reporteros que si bien amaba la energía que transmitían sus nuevos fanáticos, les conminaba a agitar los globos durante los intentos de tiro de sus oponentes.

“El primer año fue educativo”, expuso Murray al reflexionar sobre el momento actual que vive el equipo.

En ese año, los jugadores de los Raptors, la mayoría de los cuales eran nombres familiares en los Estados Unidos, pero extranjeros en Canadá, acudían a las escuelas para presentarse ante los niños, lo que a la postre terminaron por preparar a una nueva generación de fanáticos. Y no sólo eso, terminaron por inspirar a una cosecha de adolescentes que años más tarde convertirían a Toronto en un semillero de talento.

Vince Carter se convertiría en la primera estrella del equipo canadiense en un país conocido por el hockey.

Los Raptors se han convertido en una de las principales franquicias de la NBA, con un valor de 1,700 millones de dólares y el cuarto en la Liga en cuanto a la asistencia de aficionados se refiere.

Además, la marca del equipo se ha convertido en una de las más reconocidas en la NBA; los Raptors tienen un poderoso embajador: Drake, el rey del rap nacido en Toronto.

Ahora, hasta su uniforme se ha convertido entre los favoritos de los aficionados cuando anteriormente era el hazmerreír.