Ekaterimburgo.-  “Nosotros nos enteramos como todos, creo, en la cancha, cuando la gente estaba contenta porque se hizo gol allá”, dice Guillermo Ochoa, después de que la selección mexicana perdiera 3-0 ante Suecia, la derrota que puso en peligro la clasificación a la siguiente ronda.

Aficionados mexicanos dejaban las butacas de la Arena Ekaterimburgo para alcanzar a observar en algunas de las pantallas colocadas en los pasillos del inmueble el partido entre Alemania contra Corea del Sur.

Otros revisaban el teléfono celular, las redes sociales y comenzaban las cuentas, las fórmulas que le daban el pase a la siguiente ronda a la selección mexicana.

Goles a favor, goles en contra, gol average, juego limpio, resultado entre los equipos... demasiados números para calcular y explicar una calificación a segunda ronda con seis puntos.

El único grito de felicidad de los mexicanos fue con el gol de Kim Young-gwon, el delantero coreano que derrumbó todas las opciones de la selección campeona del mundo, Alemania.

Fueron 24 minutos para que la selección mexicana pusiera en peligro su clasificación a los octavos de final del mundial de Rusia 2018. Los goles suecos que llegaron en el segundo tiempo, con una frecuencia de un tanto cada ocho minutos, mostraron la versión más débil del equipo de Juan Carlos Osorio.

“Matemáticamente la suerte no existe”, según Richard Wiseman, experto en psicología cognitiva.

“Las matemáticas no entienden de suerte sino de probabilidades”.

La selección mexicana tenía dos resultados a favor para mantenerse en el Mundial, un empate y una victoria, pero una tarjeta amarilla a los 15 segundos para Jesús Gallardo, un error de Héctor Herrera, el penal de Héctor Moreno y el autogol de Edson Álvarez mandaron a México al único resultado donde su destino no dependía de sus actuaciones.

En Ekaterimburgo y Kazán nunca se dio la combinación para que la selección mexicana quedara eliminada del Mundial Rusia 2018. La derrota de México 3-0 ante Suecia y la victoria de Corea del Sur 2-0 ante Alemania ayudaron a la calificación mexicana. Fue nuevamente vivir a través del resultado en otra sede, como hace cuatro años, en la eliminatoria mundialista para Brasil 2014, que una victoria de Estados Unidos y un gol de Graham Zusi le dieron el pase al repechaje.

Según el budismo, el azar es un justo medio de la probabilidad de ganar o perder y no está en función de nuestra suerte, sino de una probabilidad que estará condicionada a la suma de una serie de factores, algunos de ellos (a veces no todos) fuera del alcance de cualquier posible predicción.

¿Quién pensaría que el primer gol de Corea del Sur estuviera a revisión por el Video Assistant Arbitraje, mejor conocido como VAR?

Qué tanto influyó la suerte en la selección mexicana cuando los goles de Corea del Sur cayeron después de los 90 minutos reglamentarios; es decir, ya en tiempo de reposición.

Guillermo Ochoa analiza la situación desde la óptica del pasado, del camino que realizaron para que las condiciones de los últimos minutos les dieran ventaja en el juego de azar. Un gol de Alemania hubiera significado la eliminación de México a pesar de sumar seis puntos.

“Antes del juego éramos la primera selección que con seis puntos no estaba calificada y tenía mucho mérito lograr eso. En estos torneos las selecciones se juegan la vida, y hoy no fue el mejor juego de nosotros, está claro, pero estamos en octavos y vamos a una cita con la historia”, señaló el portero mexicano.

Pero en la cancha, los jugadores corrieron menos que en cualquier partido de la fase de grupos, un promedio de 8.3 kilómetros por jugador. El diálogo fue constante entre los jugadores mexicanos, se señalaban movimientos erróneos o cuando no se entendían las posiciones que ocupaban en el campo.

Fue la presión de los suecos a la defensa mexicana lo que provocó las equivocaciones de los futbolistas mexicanos. El portero mexicano lo conceptualizó como una mala salida con una pérdida de balón, “donde tienen fortuna, porque el que remata le pega mal y le queda al otro jugador”.

La suerte ha estado documentada por cineastas. para el estadounidense Woody Allen existe un momento en un partido de tenis donde la pelota alcanza a pegar en la red y por una décima de segundo puede seguir su trayectoria o bien caer hacia atrás. “Con un poco de suerte, sigue su trayectoria y ganas. O tal vez no y pierdes”.

La selección mexicana tuvo la desgracia de un gol de penal y un autogol, pero, como todo evento que incluye el azar, el grupo F buscaba equilibrio y la compensación de México la encontró en Kazán, con los goles de Kim Young-gwon y Son Heung-min, lo que significó que por primera ocasión la selección alemana quedara fuera de un mundial en una fase de grupos.

Antes de justificar la derrota en el estado de ánimo de los jugadores, Guillermo Ochoa destacó que estar en un mundial mejora cualquier tristeza, incluso la de perder un partido mundialista por tres goles en contra, situación que no había pasado en los últimos siete mundiales.

“No hay que olvidar que estamos del otro lado porque ganamos los dos primeros partidos, y lo hicimos bastante bien y estamos del otro lado merecidamente. Toca descansar y analizar”, añadió el portero.

Los minutos finales del encuentro transcurrieron entre un ambiente de insistencia de México por buscar un gol que obligaba a Alemania a marcar dos goles más y de expectación porque el resultado en Kazán les favoreciera. Al final del partido, no hubo celebración, apenas consuelo para Edson Álvarez que con su llanto asumió la desconcentración de un equipo al que por lo menos, la suerte, esa serie de eventos que hace la suma de un resultado, estuvo del lado de México.

eduardo.hernandez@eleconomista.mx