El Camp Nou a las 3:30 de la tarde, Tito Vilanova, respirará hondo antes de subir las escaleras que lo llevan directo al terreno de juego. El sucesor del mito Josep Guardiola tendrá su primera máxima prueba: la Supercopa de España, y si bajo su batuta Barcelona se impone a Real Madrid, los fanáticos blaugranas dirán con respeto y lealtad bienvenido mister .

Y esa segunda palabra, lealtad, es para él la más importante. Ya que esa obligación de fidelidad implícita en el mundo del futbol es la que ha regido su vida y que alguna divinidad ha premiado con la oportunidad de dirigir al actual mejor equipo del mundo sin traicionar a uno de sus más grandes amigos: Pep Guardiola.

Una amistad que no traiciona ni en el más mínimo detalle. Ya se comprobó cuando en su primer partido liguero ocupó el mismo lugar en el banquillo en el que se sentaba como segundo entrenador, jamás el utilizado por Pep. Ya lo escuchamos en la conferencia de prensa, en la que primero recordó el legado del entrenador que lo ha ganado todo en los últimos cuatro años y luego afirmó que espera no defraudar . Ése es Vilanova.

Un estratega que se hace respetar ofreciendo respeto, al menos así lo aseguran Lionel Messi, Gerard Piqué y Cesc Fábregas, jugadores que no lo conocen de ayer, pues los dirigió en las categorías inferiores del equipo blaugrana en el 2003.

Porque en aquellos tiempos también demostró fidelidad, pues a pesar de que le ofrecieron un contrato con más millones de por medio, él prefirió la filial blaugrana y estar a un lado de su siempre amigo, que había tenido más suerte que él y que ya dirigía a uno de los equipos más importantes del viejo continente.

Hoy, a sus 42 años. la vida le premió, le recompensó esa fidelidad, esa pulcritud por la que hace unos años le apodaron El Márquez al exigir todos los instrumentos de trabajo en perfectas condiciones, desde el balón, hasta el césped.

Quizá es por ello que el entrenador del Real Madrid, José Mourinho, no se ha ganado su respeto, a tal grado que hace un año Vilanova reconoció que no era de su agrado porque hablaba de todo, menos de futbol. Por supuesto, sus palabras tuvieron consecuencias y a la menor oportunidad, Mourinho le regresó el favor haciéndolo pasar desapercibido: ¿Quién es Tito Vilanova? , decía luego de agredirlo físicamente.

Hoy, seguramente el entrenador del conjunto merengue sabe quién es Tito Vilanova, pues mañana podría acercar a Barcelona a la obtención de su quinto título de Supercopa y también llevar el trofeo original a sus vitrinas, la fidelidad vendrá de a poco.

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