En el estadio Santiago Bernabéu, en el verano del 2010 en Madrid, Javier Zanetti soltaba un grito de euforia al levantar el trofeo de la Liga de Campeones que acreditaba al Inter de Milán como campeón.

El club había esperado 25 años para celebrar su tercer título continental, desde que Luis Suárez y Sandro Mazzola le dieran su segundo campeonato en Viena de 1965 ante el Real Madrid.

La espera terminaba con el grito de Zanetti, pero lo que nadie preveía era que sólo dos años después el equipo cambiaría para siempre.

El efecto ganador terminó de un golpe. Los neroazzurri se ausentaron de la Champions a partir de la temporada 2012-13 y sus finanzas no les permitían mantener en el plantel a sus estrellas. Así se mantuvieron cuatro años, hasta que, en junio del 2016, Massimo Moratti —el histórico dueño del club— cerró 70% de la venta del equipo al magnate chino Zhang Jindong.

El empresario asiático invirtió 272.9 millones de euros en fichajes, pero el equipo no superaba los primeros tres puestos en la liga italiana y no lograba volver a la Liga de Campeones. Hasta que, al final de la campaña pasada y con 73.1 millones en fichajes adicionales (346 en total), pudo regresar al torneo.

“Al inicio del certamen era una incógnita el equipo y esa percepción crecía porque en el grupo les tocó Barcelona, Tottenham y PSV. Nadie sabía cómo se comportaría el equipo”, opina Ricardo Ortiz, comentarista de ESPN.

Pero el club reaccionó de maravilla. Después de cuatro jornadas, marcha en segundo lugar del grupo B con 7 puntos, producto de las victorias ante el PSV y el Tottenham y sólo con una derrota en el campo del Barça.

Si hoy gana en su visita al campo de los Spurs, asegurará su clasificación a los octavos de final después de seis años.

La incertidumbre que tenía el Inter, poco a poco, se convierte en certezas de buenos resultados.