Mi casa tenía varios cuartos pequeños. No recuerdo cuantos, pero ahí vivíamos 21 personas de mi familia.

Me gusta decir que no distingo quiénes son mis hermanos o mis padres, porque mis tíos y mis primos —que también vivían conmigo— me trataban como un hijo o un hermano. Por eso siempre digo que tengo más de una madre y muchos hermanos.

Nací en Litoral, una ciudad camerunesa que su principal actividad económica es el comercio. Es muy grande, pero en mi familia no gozamos de los grandes beneficios económicos de ella.

Vivimos con menos de lo justo, como muchas familias en Camerún. Pero las carencias no nos impiden ser felices.

Voy a la escuela y juego futbol. Me encanta. Mi ídolo es Samuel Eto’o. Él nos abrió muchas puertas a los cameruneses para que jugáramos en varias partes del mundo. Quiero imitarlo, pero no deseo jugar en el Barcelona como él, porque yo soy hincha del Real Madrid y de Cristiano Ronaldo.

Me gustan sus tenis, llenos de colores y fabricados por marcas prestigiosas. Yo no tengo unos. Empecé jugando al fútbol con cartoncillos en lugar de tenis.

En la cancha juego de extremo. Soy rápido, hábil y me llevaba muy bien con dos chicos que son mis amigos. Lo digo en pasado, porque ahora se han ido de Camerún. Los adoptó un hombre español que es muy importante.

No recuerdo su nombre.Por cierto, no les he dicho el mío. Me llamo Serge Patrick Njoh Sokho.

* * *

Mi nombre es Albert Benaiges y sé que para muchos no les dirá mucho mi nombre. Pero sí les cuento que yo descubrí a Andrés Iniesta y entrené a Lionel Messi en La Masía entenderán mi importancia.

Ya no trabajo con el Barcelona. Me fui hace años. Tuve un breve paso en las Chivas y luego el destino me llevó a República Dominicana a trabajar.

Mi misión era clara. Me nombraron encargado de formar al Cibao FC —un equipo de la primera división de la República Dominicana— desde su primer equipo hasta sus divisiones inferiores. Fue una dura labor. No teníamos estadio, pero en poco tiempo logramos tenerlo, además de un equipo competitivo y divisiones juveniles.

Me establecí en Santiago de los Caballeros, una ciudad cercana de la capital Santo Domingo. Ahí vivo con mis hijos, a quienes adopté en Camerún. Siempre me dicen en que hay un chico que jugaba con ellos que era muy bueno. Quieren que lo traiga al Cibao a probarse.

Después de mucho insistir, cedo.

Entro a la oficina del dueño del club. Le digo que hay un chico de 17 años que es muy bueno y que podríamos traerlo. Me pregunta que en dónde juega.

—En Camerún, respondo.

—Madre mía. Será carísimo si lo traemos, responde el directivo.

—Lo vale, démosle una oportunidad, le insisto.

El dueño no está muy convencido. Pero me propone algo: “si pasa la prueba, pago sus gastos. Pero si reprueba, tú los tendrás que pagar. ¿Aceptas?”.

Acepté.

Unas horas más tarde, me comunico con Serge. Me presento, le digo que mis hijos lo conocen y le  digo la propuesta que tengo para él.

* * *

Hace unos minutos recibí una llamada muy extraña. Era el señor que adoptó a mis amigos. Pero eso no era lo extraño. Me propuso ir a hacer una prueba a Dominicana. Ni siquiera sé dónde queda ese país.

Pero acepté.

Es riesgoso, pero ya pagaron mis boletos de avión. Aquí dejaré a mi familia. Pero no tengo miedo.

Mi ruta de vuelo es Yaundé (la capital de Camerún), París y Santo Domingo. Luego tendré que trasladarme vía terrestre a Santiago de los Caballeros, donde tengo mi prueba con el Cibao.

Pero algo sale mal. No hay vuelos para París. Dicen que algo ocurrió. Más tarde me enteraré que hubo un atentado terrorista en el aeropuerto de Saint Denis y que si hubiera tomado un vuelo más temprano pude haber salir herido... o algo peor.

Busco una alternativa. Me comunico con Albert. Me dice que espere y que tratará de buscar un nuevo camino. Pasan las horas y no tengo noticias. Al fin, me dice que tiene una nueva ruta de vuelo: Camerún-Etiopía-Sao Paulo-Ciudad de Panamá y Santo Domingo.

Pasaron más de 24 horas en vuelos y terminales. No sé cómo lo hice, pero al fin estoy en Dominicana. Me traslado a las instalaciones del Cibao y, después de todo, pasó la prueba.

* * *

Me costó mucho trabajo aprender a hablar español. Fueron seis meses de lecciones con Albert. Vivo en su casa desde que llegué al país. Él es un pilar para mí. Fue mi madre, padre, entrenador, consejero y mi maestro de español. No tengo como pagarle lo que ha hecho por mí, salvo rendir en la cancha.

Poco a poco pude brillar en el Cibao. Primero en la reserva y ahora en el primer equipo. Hoy tenemos un partido importante: contra las Chivas de México en  losoctavos de final de la Concachamnpions.Nos pasan por encima.

Pero Albert tiene algo que decirme. Me cuenta que tiene un buen amigo. Se llama Matías Bunge, quien es representante, y juntos me consiguieron una prueba en el Atlas, en Guadalajara. No lo puedo creer. Le digo que sí, que iré y que quiero quedarme en el equipo.

Las pruebas son duras. En México hay mucha competencia, en Camerún se preocupan por la fortaleza física. Pero no he venido hasta aquí para darme por vencido.

Y me aceptan. Albert no puede venir conmigo. Me dice que se  va a Japón a trabajar, en el club en el que fichó Iniesta. Luego me entero que Albert dijo que fui la venta más cara en la historia del Cibao.

Por mi parte, tengo algunos problemas en este Apertura 2018 con el Atlas. Primero me lesioné el tobillo y no pude participar al inicio del torneo. Tampoco pude debutar en el primer equipo y sólo pude jugar con el Sub-20. Pero no todas las cosas son malas.

Mi sueldo lo utilicé para mandarlo a mis padres y mis hermanos. Ahora comen, duermen y viven bien. Eso es lo que más me ha hecho feliz de todo este viaje.

Muy lejos han quedado las carencias de cuando jugaba con cartoncillos en lugar de tenis.