A un lado de la puerta de la cocina, los rayones color carbón aún se distinguen. Junto a las líneas, ahora casi invisibles, tres iniciales pueden leerse todavía: H, A y R. Es una costumbre que se ha convertido en un ritual para los Wilson. A veces Tammy, la madre, o en ocasiones Harry, el padre, pone de espaldas a sus tres chiquillos y coge un lápiz.

Sobre la cabeza de cada niño, dibujan una línea en esa pared. El crecimiento de Harry, Anna y Russell queda en evidencia cada año o cada vez que caen en cuenta de que uno de los pequeños ya creció... o quizá no tanto. Lo que esa pared muestra parece sentenciar el futuro de uno de los hijos Wilson, pero nadie, por ahora, quiere pensar en ello... nadie quiere saber.

Russell Wilson, el segundo de los tres hijos de Tammy y Harry, sólo alcanzó a crecer 1.80 metros. Un enano en tierra de gigantes, si se toma en cuenta que Russ, como es conocido en su círculo más cercano, tiene como profesión el futbol americano y, peor aún, que se desempeña como el quarterback de los Seattle Seahawks.

Wilson no es el quarterback prototipo de la NFL, de hecho es, actualmente, el más pequeño de la liga en su posición, sólo por detrás de Drew Brees, quien mide apenas tres centímetros más que él.

Dibujemos un poco su grandeza. Ser Russell Wilson, el quarterback de Seahawks, significa más, muchísimo más que eso.

Es, a los cuatro años de edad, mucho antes de poner un pie en la escuela, saber los nombres de cada una de las jugadas en el futbol americano, es amar el deporte. Es ser visitante frecuente del Seattle Children’s Hospital, como uno de sus signos más altruistas.

Es firmar autógrafos, es haber sido, en el 2014, el jugador que más mercancía licenciada vendió en los Estados Unidos según NFL Players Inc. Es ser elegido el novato del año en el 2012 y la razón por la que Alaska Airlines, uno de sus patrocinadores, da a los pasajeros que visten su jersey preferencias, como abordar primero el avión.

Es haber sido un niño que molestaba y mordía a sus compañeros de escuela. Es fe, es religión, es devoción en un Jesús que se le apareció a los 14 años en un sueño para pedirle que lo siguiera. Es escuchar todos los días a Harry, su padre, que murió por diabetes en el 2010, decir: No tengas miedo a triunfar, no tengas miedo a ser el mejor .

Russell Carrington Wilson nació el 29 de noviembre de 1988 en el entorno de una familia llena de deportistas: su padre fue jugador de futbol americano profesional con San Diego Chargers, su hermano Harry IV jugó futbol americano y beisbol en la Universidad de Richmond y su hermana Anna es considerada una de las promesas del basquetbol en Estados Unidos. Y él, también beisbolista, un día optó por dedicarse al futbol americano, pese a que muchos le decían que estaba loco por dejar el beisbol.

Una tarde, el deporte requirió de su presencia. Pero el futbol americano no estaba preparado para ese joven que, con sus 180 centímetros de estatura, buscaba un lugar como quarterback, pero que para muchos tenía características para ser un excelente defensivo profundo.

El 2012. Es el draft de la NFL. Han pasado ya dos rondas y la transmisión de la televisión se ha terminado. En el Salón Radio City Music de Nueva York ya no hay público. Sólo es cuestión de ejecutivos y directivos de equipos y de la liga.

Toca el turno 75 global y Seattle Seahawks se decanta por Russell Wilson, un joven de la Universidad de Wisconsin del que muchos ignoraban que era un ídolo ahí. Desde ese momento, el quarterback sabía que tendría que luchar por el puesto con Matt Flynn, quien había sido contratado resultado de la desesperación de los Seahawks por tener un QB esa temporada.

Como si el día no fuera suficientemente malo, Seattle eligió a Russell Wilson, un mariscal de campo que no encaja en su ofensiva en absoluto, fue de lejos la peor jugada del proyecto , escribió el sitio Bleacher Report, un día después de la selección.

Un año después, Matt Flynn ya jugaba para los Oakland Raiders, Wilson había cumplido su misión: ser titular y era apenas el inicio.

En el vestidor de los Seahawks, una reportera de ESPN espera con paciencia para entrevistar a Wilson luego de un entrenamiento. Treinta minutos después de finalizada la práctica por fin aparece Russell, ataviado en una camiseta, unos jeans y un suéter, esos mismos que luce en la portada de la revista GQ.

Se disculpa con la comunicadora por la espera. Y es que Wilson nunca da una entrevista en su vestimenta de entrenamiento. Su padre siempre le dijo que si tenía que hablar, tenía que hacerlo como un hombre de negocios, bien vestido y hablando de manera correcta , explica Tammy, madre de Russ.

Quizá por ello muchos consideran que Wilson es un chico demasiado bien portado como para ser real. Un tipo que probó el alcohol hasta los 21 años y que es conocido en su equipo por su obsesión con el estudio del futbol americano.

Tras las prácticas de Seattle, Wilson se la pasa viendo videos de las jugadas. Una y otra vez repite la cinta; tiene que ver algo nuevo, una nueva formación, una mejora en la defensa, una manera diferente de hacer una jugada. Quizá ya sabe qué mejorar, pero aun así ve el video 10 veces, y una más.

Los Seahawks nunca habían tenido un jugador como éste. Tan serio, tan dedicado que casi vive en las instalaciones del equipo. Llega temprano en la mañana y se va ya muy tarde en la noche. Ve videos en sus tiempos libres, en sus vacaciones, en sus descansos. Ve jugadas, devora libros... se obsesiona.

Domingo 18 de enero del 2015. Se da permiso Russell, sólo un poco, de perder la compostura. Wilson califica como un milagro lo que acaba de suceder, luego de que Seattle remontara para ganar a Green Bay el título de la Conferencia Nacional, pese a la mala actuación que tuvo al sufrir cuatro intercepciones y completar apenas 14 de sus 29 pases.

Por eso el QB llora. Sabe que tiene la oportunidad de llevar a su equipo, por primera vez, al bicampeonato de la liga (su primer campeonato lo logró ante Broncos de Denver el año pasado), lo que no ocurría desde que los Patriotas lo lograron en la temporada 2003-2004 y eso lo conmueve.

Russell es de ese tipo de atletas del que se espera que siempre haga las cosas bien. Y él tiene un montón de cosas que hace bien, la mejor de todas es ganar. En la temporada 2014 completó 64% de sus pases para 3,475 yardas, con 20 touchdowns y sólo siete intercepciones. Por ello, por su talento y sus características, no es raro que esté cerca de convertirse en el jugador mejor pagado de la Liga.

Pero debió apelar a la paciencia, pues debido a la negociación del contrato colectivo en el 2011, los novatos tienen un contrato obligatorio de cuatro años, el suyo expirará a finales de la próxima temporada. Hoy su salario base es de 662,434 dólares.

Algunos proyectan que ganará mucho más que Aaron Rodgers, quien firmó un contrato con Green Bay por cinco años y 210 millones de dólares. Se espera que Wilson, el quarterback más pequeño de la liga, alcance los 220 millones.

Y no, no se confunda. Russ no es beisbolista, pero aun así, decidió meterle un home run al destino, a esa pared que aún existe en Cincinnati en donde la marca del lápiz junto a la R se estacionó en los 180 centímetros. Wilson dibuja una historia propia en un mundo en el que muchos no le veían futuro.

Cuando tienes condicionantes como mi estatura, debes probarle a la gente que puedes conseguirlo cada día y para eso necesitas confianza en ti mismo y un gran corazón, y yo tengo ambos , asegura.