El primer ministro, Kamal al Ganzuri, anunció las medidas en un debate parlamentario muy agitado, mientras hinchas de futbol se reunían en El Cairo para marchar hacia el Ministerio del Interior a modo de protesta.

El Primer Ministro confirmó también el cese de los principales responsables de la seguridad de Puerto Saíd, así como de toda la junta directiva del futbol egipcio. Varios testigos habían acusado de inoperancia a la fuerza pública y criticado las fallas en el dispositivo de seguridad del partido disputado el miércoles en esa ciudad.

El presidente de la Asamblea, Saad Katatni, del movimiento de los Hermanos Musulmanes, primera fuerza política del país, consideró: La revolución egipcia afronta un gran peligro.

La masacre de Puerto Saíd se debe a una tremenda negligencia de los servicios de seguridad , declaró, sin llegar a pedir la caída del gobierno.

Algunos diputados, en cambio, tomaron la palabra para pedir el cese del gabinete de Ganzuri o para afirmar que el consejo militar que dirige el país carga con la entera responsabilidad de lo ocurrido.

El poder militar tiene que rendir cuentas , dijo el diputado del Bloque Egipcio (liberal) Mohamed Abu Ahmed, reclamando la partida de los generales al frente del país desde la renuncia del Presidente Hosni Mubarak hace casi un año.

La violencia estalló el miércoles por la noche, después de que el árbitro pitara el final del partido en el que Al-Masry, un club de Puerto Saíd, infligió a Al-Ahly su primera derrota (3-1) de la temporada.

Los ultras , conocidos por ser los hinchas más fervientes del Al-Ahly, estuvieron presentes durante la revuelta de enero-febrero del 2011 y siguieron luego participando en manifestaciones hostiles al ejército y la policía, lo que en las redes sociales alimenta las sospechas de una venganza en su contra.