La imagen de un atleta al conseguir el oro, la gloria olímpica o al perder su mayor ilusión que es subir al podio, puede tener muchos significados para quien la mira. Complicidad, alegría, júbilo, emoción, tristeza, entre otras. Sin embargo, hay quien observa de manera diferente a ese competidor en unos Juegos Olímpicos, para quien una transmisión en cualquier parte del mundo significan miles de millones de dólares: el Comité Olímpico Internacional (COI).

Basta echar un vistazo a la cifra que le han dejado por los derechos de transmisión las justas invernales y veraniegas al COI. De acuerdo con el Reporte de Marketing del organismo, desde Roma 1960, cuando el órgano rector del movimiento olímpico inició con la venta de estos derechos hasta Londres 2012, este rubro ha redituado en casi 14,000 millones de dólares; para ser exactos, 13,989,587 dólares en total.

Es por ello que para el organismo liderado hoy por Thomas Bach, la venta de los derechos de estos eventos se ha convertido en una base financiera segura y un apoyo para asegurar el futuro viable de los Juegos Olímpicos. Las relaciones con las transmisoras han sido la gran fuente de ingresos para el movimiento olímpico por más de tres décadas , asegura.

Esta cantidad, sin embargo, ha sido mayor por la justa que se realiza en verano. En total, el COI ha recaudado 9,510.8 millones de dólares por este evento, mientras que por los Juegos Invernales el organismo ha recibido un total de 4,478.787 millones de billetes verdes.

Sin embargo, pese a ser las justas invernales las que menos dinero dejan al organismo, son los derechos de transmisión de éstas los que más han evolucionado en relación con su cotización. El primer evento que redituó en este sentido al Comité fue el Squaw Valley en 1960, por el cual se pagaron apenas 500,000 dólares para ser transmitidos a 27 países, a diferencia de Roma que se disputó ese mismo año, que dejó 1,2000 millones de la divisa estadounidense para transmitirse a 21 países.

La barrera del millón de dólares por los derechos de transmisión por unos juegos invernales fue rebasada muy pronto, pues Grenoble 1968 le redituó al COI 2.6 millones de dólares, que no se compararon con los 9.8 millones que dejó México 1968.

No obstante, el crecimiento continuó; para Sarajevo 1984 las ganancias para el organismo sólo por la venta de este rubro fueron de 102.7 millones de dólares y los juegos de aquel año llegaron a, al menos, 100 países.

Sin embargo, los Juegos de Verano han tenido un crecimiento más rápido, pues para Sydney 2000, los TV rights ya alcanzaban los 1,331.6 millones de dólares, pero no fue sino hasta Vancouver 2010 que los invernales dejaron 1,279.5 millones de billetes verdes y por primera ocasión se transmitieron a 220 países, mismo número de naciones a las que llegaron los olímpicos de Londres 2012, aunque el número de televidentes fue mayor en el evento londinense, con 3,635 millones de televidentes frente a los 1,822 que vieron la justa canadiense.

Aunque se desconoce lo que recibió el COI en total por Sochi 2014 por las transmisiones, la televisora estadounidense NBC que es uno de los broadcasters que más aportan al movimiento olímpico por este concepto, detalló que desembolsó 775 millones de dólares para poder transmitir las competencias en Estados Unidos.

A pesar de todo, el COI no ha visto esto sólo como un negocio. De acuerdo con el organismo, el mayor beneficio que ha dejado poder vender los derechos televisivos es que han logrado concretar su concepto de la universalidad, pues nos sirve para asegurar la cobertura global de los Juegos Olímpicos, promover los ideales del olimpismo y aumentar la conciencia de la labor del movimiento olímpico en todo el mundo . Sin duda, hasta hoy, lo han conseguido.

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