La idea original para este texto era ir a la Cibeles del DF y reportar los festejos de los falsos españoles que cesean en la letra equivocada cuando hay partido de Champions. Pero la verdad no me agradó, porque no me gusta la gente que se regodea con triunfos que no son suyos.

Así que, en lugar de eso, les voy a contar una historia más interesante. A lo largo del mundial, un amigo y yo hemos estado narrando todos los partidos por twitter, esa página de internet que permite conectarte con todo el mundo a través de 140 caracteres. Se trata de la inmediatez absoluta: en cuestión de segundos puedes enterarte de cualquier cosa.

En este caso, nuestra idea fue narrar minuto a minuto todos los partidos de la Copa para oficinistas -ya saben, los conocidos como Godinez - que no tuvieran acceso a una televisión a horas de trabajo. O para aquellos que sí tuvieran el tiempo, pero que no pudieran ver el encuentro por culpa de los monopolios televisivos que vuelven al fútbol un deporte para privilegiados.

Hasta hoy todo marchaba bien. La cuenta, @2comentaristas, empezó a ganar impulso y seguidores. Fue mencionada en varios espacios. Un gran pasatiempo para mi amigo oficinista y yo, que no tengo trabajo fijo.

Pero en el partido más importante del mundial, al menos para los mexicanos que se sienten ciudadanos no-reconocidos de la madre patria, el sistema se cayó. Cuántas veces no hemos escuchado esa frase aquí.

El partido iba empatado a cero al segundo tiempo. Y Twitter dejó de actualizarse. Nos quedamos comentando solos, en un espacio donde nadie nos podía leer. No obstante, seguimos la transmisión, cantamos el gol y anunciamos el silbatazo final: aunque nadie escuche, el fútbol debe ser narrado.