Metro de la Ciudad de México. Son las 6:30 de la mañana y todo pinta como cualquier otro viernes de trabajo. Bueno, casi todo: se ven más rostros sellados por la cruda y el desvelo; el triunfo de México tiene también algunas víctimas.

Como sea hay que salir a ganarse la vida. Voluntad de vivir eso de andar a estas horas malsanas entre una multitud lo mismo olorosa a gel y desodorante que a sudor y desayuno de garnachas.

Radio en oreja, sigo el partido Alemania –Serbia. (Qué buena es la transmisión radial, por primera vez en años escucho una verdadera narración deportiva, no comentaristas platicando mientras quién sabe qué pasa en la cancha).

Esto es futbol subterráneo y no sólo porque me encuentro en la profundidades de la línea naranja del metro defeño. Serbia y Alemania juegan al futbol como quien escarba un túnel en piedra: golpes, sudor y músculo. Poder a poder, como dice el sabroso cliché deportivo.

Futbol duro. Nadie quiere oír esto a las 7 am cuando a empujones y carreras te ganas tu lugar en el vagón. ¿Nadie? Al menos otros dos en mi rango de visión (muy corto, demasiada gente) traen audífonos. Estoy segura que oyen el partido porque hacen las típicas expresiones del fanático: Tsss , ¡Ah! , meneado de cabeza, Ya ni la… , rostro expectante clavado en la nada. Susurros y palabras al aire: seguir deportes en audífono lo convierte a uno en psicótico.

De pronto se me escapa en voz perfectamente audible un ¡No! . ¿Qué pasó? me pregunta un viandante. Va perdiendo Alemania y acaban de fallar un penal . Sonrisa: No, pues hasta a ellos les pasa, ¿no? . Qué bonito: hoy México se siente tan triunfador que se atreve a sentir compasión por la realeza.

Schopenhauer, el filósofo alemán de la voluntad, alguna vez dijo que toda vida es sufrimiento: un desear sin tener. Hoy la escuadra teutona es totalmente schopenhaueriana: juegan, van, vienen, fallan, nada obtienen. El exceso de voluntad saca a Klose expulsado, el exceso de voluntad hace que Podolski falle un penal.

El duelo de martillos lo ganan los serbios 1 a 0. Pero cuidado, nadie subestime el hambre alemana. Voluntad les sobra, pero faltarles, eso nunca.