Johannesburgo. El estilo Dunga vuelve a dar dividendos. Economizar el futbol es lo mejor que sabe plantear el estratega de Brasil, al que ayer un par de pinceladas de Kaká y el instinto goleador de Luis Fabiano le ha bastado para, con poco, ganar 3-1 a Costa de Marfil y clasificar a los octavos de final en Sudáfrica.

Pocos tacos, poco futbol a la tribuna, pero toda la efectividad posible. Costa de Marfil cayó en depresión cuando intentó 20 minutos y no pudo, ante la mejor línea brasileña que es la defensa.

Dunga planteó un esquema con seis hombres defensivos y el ímpetu de los africanos terminó demasiado pronto. Luego, el juego del contrario los terminó por envolver. Para el minuto 25 Kaká filtró una pelota a Luis Fabiano, quien no tuvo problemas para definir y conseguir el primer tanto.

Lo demás fue como la inyección letal que el esquema de Dunga suele aplicar a sus rivales, cuando ya ha tomado ventaja. En 90% de sus partidos en los que se pone adelante en el marcador, termina por llevarse la victoria. Ayer no fue la excepción.

Sven Goran Eriksson ni siquiera ha cumplido cuatro meses trabajando con los Elefantes y fue abrumado por un trabajo de cuatro años que ha seguido al pie de la letra Dunga. Es como una orquesta en la que nadie toca fuera de tiempo o un instructivo de un aparato electrónico, no falla. No es espectacular, pero sí termina por convencer cuando se mira el resultado final.

Para el segundo tiempo, Brasil resolvió todo en 10 minutos. Al 50, Luis Fabiano hizo un par de sombreros y de izquierda anotó el 2-0 y luego Kaká envió un servicio donde Elano se anticipó y aumentó el tanteador.

Luego Drogba de cabeza descontó, pero Costa de Marfil ya estaba muerto desde hacia tiempo. La peor noticia es que el partido entró en duelo de piques, donde Elano salió lesionado y Kaká expulsado por doble amarilla y no estará ante Portugal, aunque el equipo ya está clasificado.

Mientras, en la tribuna, hay una lluvia de críticas a la forma de jugar de Brasil, que si es feo, que si no propone, que si no suelta a los jugadores. Pero al final del partido, festejan, ríen y terminan por aplaudir a sus equipos. Aunque les pese, Dunga también los ha conquistado.