En la soledad de la línea de tiro, el tiempo se detiene al tirar la flecha que se vuelve histórica. Alejandra Valencia lo sabe. Acomoda sus brazos, su mirada y, en el último segundo antes de tirar la flecha, deja su mente en blanco para guiar el destino de su tiro. Después de todo, está acostumbrada a hacer trazos que terminan siendo arte.

Alejandra ha hecho historia en Tokio 2020 combinando su vena artística con su férrea disciplina. Egresada de diseño gráfico y amante de tocar el violín, le ha dado a México su medalla olímpica número 70 y la primera dentro del certamen japonés, junto a su compañero, Luis Álvarez, en la naciente prueba de equipos mixtos de tiro con arco.

“Me he mantenido pensando en que quiero mejorar lo que ya he hecho. Lo que quiero lograr es una medalla olímpica. Es una de mis metas y no hay prisa, no se trata de que si no la logro en estos (Juegos), me retiro. Siento que voy a seguir aquí hasta que lo cumpla y hasta que pueda también, porque una cosa es estar sufriendo y ya no encontrar la diversión de estar aquí”, dijo Alejandra a este diario antes de ir a Tokio.

El sábado, los mexicanos se despertaron con la alegría de Alejandra y Luis Álvarez en el podio de Tokio, festejando el bronce con el que le dieron a México su tercera medalla en tiro con arco, la primera desde Londres 2012.

Alejandra sabe que cumplió su sueño, pero aún hay más: esta semana buscará ser la primera mexicana en ganar dos medallas en unos mismos Juegos Olímpicos, cuando encare la prueba individual femenil. Es un mérito que solo han logrado Joaquín Capilla (clavados en 1956) y Raúl González (marcha en 1984).

La oriunda de Sonora es capaz de olvidarse de todo y poner su rostro serio cuando está en competencia, pero al concluir, muestra esa sonrisa y entusiasmo que le caracteriza como lo fue en entrevista con El Economista.

Referente nacional e internacional

Nacida en Hermosillo, Sonora, hace 26 años, Alejandra ha dedicado dos tercios de su vida al tiro con arco, pues empezó cuando tenía ocho. Su talento la hizo escalar y en 2012, cuando apenas cumplió la mayoría de edad, ya estaba representando a México en unos Juegos Olímpicos.

Aquella vez terminó en el lugar 17, pero no desistió y en Río 2016 alcanzó el cuarto lugar. La medalla se concretó en Tokio, justo en el año en el que ocupa el ranking 14 del mundo en femenil recurvo, siendo la mejor latinoamericana.

¿Qué aporte le das tú y tus compañeras (Aída Román y Ana Paula Vázquez) a las niñas y a la sociedad mexicana en general?

“Principalmente confianza, que se puede lograr. Me ha tocado muchas veces encontrarme con deportistas de otras disciplinas y me dicen: ‘te vi y me inspiraste’, así que es eso, el poder transmitir a todas las niñas y niños que van empezando en el deporte que sí pueden lograrlo y no nada más en el tiro con arco. Pienso que estamos dejando un buen camino y queremos que así continúe”.

Alejandra ha ganado más de 20 medallas entre Juegos Panamericanos, Centroamericanos, Copas Mundiales y ahora suma una más a través de Juegos Olímpicos, donde ya es la segunda arquera con más participaciones con tres (solo detrás de Aída Román y Aurora Bretón con cuatro).

¿Qué análisis haces de por qué sigue siendo tan diferente la atención en México al tiro con arco con respecto a otros deportes?

“Ahí ya sería meternos en un pantano porque realmente quién sabe cuál sea la diferencia. En el futbol, beisbol y boxeo profesional, a ellos les pagan y a nosotros no, lo hacemos por gusto, somos amateurs, lo que nos dan son becas. Entrenamos 10 horas al día, mi carrera de cuatro años la acabo de terminar en siete, voy a salir sin nada de experiencia laboral porque estaba entrenando, pero las becas es lo único que tenemos, no un sueldo. Eso y el nivel de exposición es la mayor diferencia que hay”.

Formación profesional y artística

Control, coordinación, paciencia y autoconfianza son cuatro de los ocho pilares que la Federación Internacional de Tiro con Arco (World Archery) describe sobre su deporte, además de meditación activa para aliviar la ansiedad y la depresión.

Esa descripción encaja en Ale Valencia, quien sonríe y habla con total tranquilidad sobre sus estudios académicos en diseño gráfico, que acaba de culminar este año en la Universidad de Sonora (Unison). “Al fin lo logré, ya soy licenciada”, menciona con profusa felicidad.

“Desde que estoy en este deporte, como parte del aprendizaje como atleta y como persona, me he dado cuenta de que realmente tienes que hacer lo que te gusta, no estar sufriendo en donde estés. Yo cuando iba a salir de la prepa vi el plan de estudios de esta carrera, que traía de todo y dije: ¡de aquí soy! El diseño gráfico es muy amplio y, aunque aún no veo tan a futuro, porque pasando estos Juegos (Tokio) voy a plantear mis metas a tres años a ver si todavía voy a París 2024, ya veré si me tomo un respiro o me dedico a otra cosa”.

Además del diseño, Valencia Trujillo lleva una década tocando el violín, un instrumento del que se enamoró al escuchar, curiosamente, a una banda de rock sinfónico japonés. Recuerda que le escribió a la violinista de la banda por Twitter para pedirle consejos y ella le respondió, lo que fue una motivación más para aprender a tocar junto a tutoriales en YouTube.

Sus padres le regalaron su primer violín en 2011 y cuatro años más tarde, durante el ciclo de los Juegos Panamericanos 2015, conectó con una prima de su compañero arquero, Luis Álvarez, quien toca en la Orquesta Sinfónica de Toronto y también le dio algunas lecciones: “Soy muy curiosa y cuando algo me da curiosidad me pongo a investigarlo hasta que lo aprendo”.

¿Qué impacto han tenido en tu vida estas dos ramas fuera del deporte: la música y el diseño gráfico?

“Uff, mucho. Siento que mis elecciones de vida han sido bastante buenas, son muy integrales, una apoya mucho a la otra. Simplemente por el hecho de que la música me acompaña a todos lados, en los entrenamientos, antes de una competencia, para concentrarme; en la carrera para hacer una tarea; en la música, para perfeccionar la práctica que es lo mismo que el arco, repetición y repetición; la manera de controlar tus nervios cuando vas a tocar una pieza difícil o tirar una flecha o cuando vas a exponer algo en la escuela. Todo lo que hago me ayuda a lo otro, entre las tres, ese triángulo ha sido muy bueno en mi vida”.

Ale Valencia ha triunfado en el deporte y se deja guiar tanto por la disciplina como por el arte. Pero a pesar de sus éxitos y amplio currículum, lamenta que en la actualidad la mayoría de las marcas solo se fijen en el número de seguidores de los atletas y no en su historial para acercarse a ellos.

“Ahorita lo que estamos sufriendo es que hay muchas marcas que ya no les importa tanto el rendimiento ni resultados, sino el número de seguidores. Realmente las redes sociales puede que sean para bien para dar a conocer tu deporte, pero para ser patrocinadores hay muchos a los que no les importa lo que hayas hecho, sino qué tantas reaccionas tengas en internet. Es un gran problema que se está viendo y no solo en el deporte, sino en otras áreas, donde se está volteando a ver más a los influencers que a los expertos en cada ámbito”.

La sonorense continúa su camino en Tokio con la madurez de tres ciclos olímpicos y la destreza de su licenciatura y su música. Tiene 26 años y ya escribió su nombre en los libros de historia, alternando entre su sonrisa franca y la concentración que le exige tirar una flecha. Su arco ganador está acompañado por su vena artística.

fredi.figueroa@eleconomista.mx