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Bistronomie

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Vino en México: Menos botellas, precios más altos y 90 millones de consumidores por conquistar

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Aunque el consumo de vino se contrae en mercados maduros, México conserva una oportunidad poco común: una base pequeña de consumidores habituales, precios al alza y millones que todavía no entran a la categoría.

Miriam Lira

El vino en México no enfrenta una sola pregunta, sino varias al mismo tiempo: quién lo consume, por qué cuesta más llevarlo a la mesa, cómo se vende en restaurantes y qué tendría que hacer la industria para dejar de hablarle únicamente a quienes ya conocen etiquetas, regiones y uvas.

La conversación se realizó en San Miguel de Allende, durante la conmemoración del Día Internacional del Sommelier 2026, organizada por la Asociación de Sommeliers Mexicanos A.C. En esa jornada, que también reunió la Gran Final del Concurso Nacional de Sommeliers, la mesa redonda "El consumo del vino: retos para el futuro" abrió una discusión sobre la transformación global del consumo, las nuevas tendencias de mercado, la evolución de los canales de venta y el papel de la sommellerie frente a un consumidor más informado, selectivo y difícil de conquistar.

El dato que cambia la conversación

Mientras en otros países el consumo de vino se contrae por mercados maduros, públicos envejecidos y menor frecuencia de compra, México parte de una realidad distinta: alrededor de 8 millones de personas consumen vino con cierta regularidad, otros 2 millones lo hacen de manera ocasional y cerca de 90 millones de adultos no lo consumen.

Ese dato permite leer el mercado desde otro lugar. La oportunidad no está solo en vender mejores botellas a quienes ya beben vino, sino en entender por qué la mayoría de los adultos mexicanos todavía no lo incorpora a sus comidas, reuniones o celebraciones.

Por eso México sigue siendo atractivo para regiones productoras internacionales. España, Chile, Italia, Francia, Rioja, California o Sonoma no miran al país por casualidad: lo hacen porque todavía existe margen para sumar consumidores. Muchas bodegas pelean por conservar mercado, México todavía puede ampliarlo.

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Teresa Rodríguez, moderadoraCortesía

Menos volumen, cuentas más altas

El mayor foco de presión está en los restaurantes. De acuerdo con los datos expuestos durante la mesa, una plataforma con información de 159,000 etiquetas reportó una caída de 28% en ingresos durante el año pasado y una baja de 11.6% en el periodo enero-abril. Sin embargo, el ticket promedio aumentó: 25% de 2024 a 2025 y 15% de 2025 a 2026.

La lectura no es que el vino haya desaparecido de la mesa, sino que se volvió una decisión más calculada. El consumidor pide menos botellas, compara más y cuida el gasto. En algunos casos cambia dos o tres botellas por una sola; en otros, prefiere una copa de mayor calidad antes que comprometerse con una botella completa.

El precio explica parte del cambio. Hace poco más de una década, una buena botella en restaurante podía encontrarse entre 600 y 800 pesos. Hoy, esa misma idea de “buena botella” puede ubicarse entre 2,800 y 3,200 pesos. La diferencia es abismal y transforma al vino de acompañamiento cotidiano en un gasto de ocasión especial.

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VINOFoto: Cortesía

El vino crece en valor, pero no tanto en litros

La información del canal mayoreo confirma esa presión. El vino de mesa aparece como la tercera categoría de mayor importancia en valor y la segunda en litros, pero su comportamiento muestra una brecha importante: en los últimos 10 años creció 5.7% en ventas, mientras que en volumen apenas avanzó 0.3%.

En otras palabras, el mercado vale más, pero no necesariamente porque se estén bebiendo muchas más botellas. Buena parte del crecimiento viene por precio".

El segmento más consumido está entre 300 y 1,000 pesos. Dentro de ese rango, la categoría de 500 a 1,000 pesos es la que muestra el mayor crecimiento compuesto de la última década, con 17% anual. Los vinos de más de 1,000 pesos también crecen, con 11% anual. La premiumización existe, pero no alcanza para explicar todo el mercado. También revela una tensión: el vino sube de precio mientras el consumidor cuida más su bolsillo.

El vino mexicano gana terreno

En medio de ese escenario, el vino mexicano aparece como uno de los puntos más sólidos. Durante la mesa se habló de una participación cercana a 38% o 39% del mercado, y en canal mayorista se mencionó que el producto nacional ronda 40% del consumo.

El dato muestra que el vino mexicano ya no ocupa un espacio simbólico o testimonial. Tiene presencia, compite en cartas, gana reconocimiento y empieza a formar parte de la decisión de compra. También permite entender por qué la capacitación en restaurantes se vuelve clave: si el personal de sala no conoce el vino mexicano, difícilmente puede recomendarlo con seguridad.

Ahí entra uno de los temas más repetidos por los especialistas: el vino necesita menos intimidación y más claridad. No basta con tener buenas etiquetas si el consumidor siente que al pedir vino entra a un territorio donde puede equivocarse.

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vino blancoFreepik

El restaurante sigue siendo una escuela

Los centros de consumo han ganado peso como canal de colocación. En los últimos tres años pasaron de 23.7% a 29.4% en valor y a 30.9% en volumen. Eso convierte al restaurante, hotel, bar o wine bar en un espacio decisivo para formar consumidores.

Pero el servicio también cambió. El sommelier ya no puede sostener su autoridad solo en la memoria técnica ni en una carta extensa. El nuevo valor está en leer la mesa: presupuesto, ocasión, ánimo, nivel de conocimiento y tipo de experiencia que busca el comensal.

El consumidor no necesita menos información, sino una mejor traducción. Quiere saber qué está bebiendo, pero sin recibir una cátedra que lo deje fuera de la conversación

Las tendencias también muestran un mercado en transición. Los vinos sin alcohol todavía pesan apenas 0.51%, pero crecieron 49% frente al año anterior. Es un nicho muy pequeño, aunque con una señal clara: una parte del consumidor busca alternativas de menor graduación, formatos más flexibles o experiencias que no giren únicamente alrededor de la botella tradicional.

También ganan espacio el vino por copeo, los blancos, rosados, espumosos, vinos en lata y propuestas pensadas para ocasiones de consumo distintas: conciertos, playa, fiestas, viajes o experiencias gastronómicas más relajadas.

El reto no está en sustituir al vino tradicional, sino en ampliar sus momentos de consumo. Para una generación acostumbrada a elegir entre coctelería, mocktails, café, té, destilados, fermentados y bebidas funcionales, el vino necesita encontrar nuevos códigos de entrada.

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Mesa redonda sobre la situación del vino en MéxicoCortesía

El reto: vender sin excluir

El futuro del vino en México no depende solo de producir más ni de tener más etiquetas en una carta. Depende de acercar la categoría a un consumidor que muchas veces no la rechaza por falta de interés, sino por precio, distancia cultural, lenguaje técnico o poca confianza al momento de pedir.

Los datos muestran un mercado presionado. Hay menos botellas en algunas mesas, tickets más altos, un consumo más selectivo y una economía que limita el gasto. Al mismo tiempo, hay millones de adultos fuera de la categoría, un vino mexicano con mayor participación y centros de consumo capaces de abrir la puerta a nuevos bebedores.

La industria tiene una tarea concreta: hacer que el vino deje de sentirse como un territorio reservado para quienes ya saben. En México, la próxima gran batalla no será solo por la mejor etiqueta, sino por quién se lleva la primera copa.

Miriam Lira

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

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