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Bistronomie

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¿Cuántos tipos de limones hay? No solo son verdes o amarillos, te los presentamos

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Detrás del limón cotidiano hay variedades, regiones y funciones distintas que explican su peso en la cocina mexicana y en uno de los mercados agrícolas más importantes del país.

Diego López

En México pedimos “limón” con la misma naturalidad con la que pedimos sal. Lo exprimimos sobre tacos, mariscos, caldos y botanas sin detenernos a pensar cuál es. En el imaginario colectivo hay dos opciones: verde o amarillo. La realidad —en el campo, en la cocina y en el mercado— es mucho más amplia. Detrás de ese gesto cotidiano existe un mapa citrícola complejo, con variedades distintas, usos específicos y una relevancia económica que coloca a México entre los grandes jugadores del mundo.

La confusión comienza con el nombre. En México llamamos “limón” a lo que en otros países se conoce como lima, mientras que el “limón amarillo” responde al lemon europeo. Esa diferencia semántica ha simplificado una diversidad que hoy supera los 3 millones de toneladas anuales, con estados productores, temporadas marcadas y destinos de exportación claramente definidos.

El limón mexicano: pequeño, aromático y esencial

El llamado limón mexicano, criollo o agrio es el que define el sabor de la calle. Pequeño, con semillas y una acidez punzante, es el que acompaña al taco, al pozole, a la michelada y al aguachile. Su aroma es intenso y su jugo, aunque menos abundante por pieza, concentra carácter. Por volumen y tradición, sigue siendo uno de los pilares del consumo nacional y una referencia identitaria de la cocina cotidiana.

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LimonesFreepik

El persa: el rey del anaquel y la exportación

Más grande, de piel gruesa y casi siempre sin semilla, el limón persa se ha convertido en el favorito del supermercado y del comercio exterior. Su jugo es estable, rinde más y resiste mejor el transporte, por eso domina la exportación mexicana y es el que suele encontrarse empacado, encerado y calibrado. En la cocina doméstica funciona como comodín: menos agresivo que el criollo, más versátil para bebidas, pescados y preparaciones donde se busca equilibrio.

El amarillo: ralladura, postres y cocina europea

El limón amarillo o italiano ocupa otro territorio. No compite en volumen con el verde, pero su papel es clave en panadería, repostería, aderezos y coctelería. La ralladura perfuma, la acidez es más redonda y su perfil aromático remite a técnicas europeas. En México su consumo ha crecido de la mano de la cocina internacional y de una mayor cultura del ingrediente.

¿Cuánto limón producimos y dónde nace?

México es potencia limonera. La producción nacional supera según datos de la Secretaría de Economía, en 2024 los 3.2 millones de toneladas anuales, con una clara concentración regional. Michoacán y Veracruz encabezan el mapa productivo, seguidos por Colima y Oaxaca, estados donde el limón no solo es cultivo, sino economía local, empleo y cadena de valor. A nivel comercial, Estados Unidos absorbe la mayor parte del limón mexicano que cruza la frontera, consolidando al país como proveedor estratégico.

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LimonesFreepik

Los otros limones que casi no vemos

Más allá de los grandes protagonistas, existen variedades regionales y producciones de nicho —como el llamado limón real— que rara vez llegan al mercado masivo. Su presencia suele limitarse a circuitos locales, consumo directo o temporadas específicas. No mueven el mercado, pero amplían el paisaje agrícola y recuerdan que la diversidad no siempre se mide en toneladas.

La diferencia no es menor. El limón correcto cambia un platillo. El criollo aporta filo y perfume; el persa, volumen y balance; el amarillo, aroma y elegancia. Entenderlos no es un gesto técnico, sino cultural: reconocer que en México el limón no es uno solo, sino una familia completa que sostiene desde la salsa más simple hasta una de las agroindustrias más dinámicas del país.

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