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Olinia debe acompañarse de un plan integral en electromovilidad: expertos
Si bien los especialistas reconocen el esfuerzo por democratizar la movilidad eléctrica, plantean desafíos: llevar el prototipo a una escala industrial que permita fabricar miles de unidades con calidad y a un precio accesible; una regulación eficaz, dotar de mayor seguridad al vehículo, y una infraestructura energética robusta.

Se prevé que la producción comercial de Olinia 1 comience en 2027, año en el que también se espera el inicio de las primeras entregas a clientes. Foto EE: Eric Lugo
La presentación reciente del prototipo de Olinia 1, el primer minivehículo eléctrico mexicano, impulsado por el Gobierno de México como parte del "Plan México", ha generado una mezcla de optimismo y cautela entre especialistas del sector. Con un precio de salida proyectado en 150,000 pesos y una propuesta enfocada en sustituir a los mototaxis por una opción más segura, el proyecto se presenta como un hito para la democratización de la movilidad eléctrica. Sin embargo, expertos consultados advierten que, para transitar del prototipo a una industria competitiva, el proyecto enfrenta desafíos críticos en rentabilidad, seguridad y soberanía tecnológica.
Para Eugenio Grandio, presidente de la Electro Movilidad Asociación (EMA), el Olinia 1 es una señal positiva del compromiso gubernamental con las nuevas energías, ofreciendo una alternativa para familias que hoy se desplazan en motocicletas de forma insegura. No obstante, Grandio subraya que el principal obstáculo económico de Olinia (que significa “movimiento” en náhuatl) es la ejecución industrial. "Una cosa es hacer un prototipo y lo que sigue es ver la producción masiva y en escala", señala, enfatizando que la viabilidad del proyecto depende de establecer una estructura de costos y una proveeduría que soporte un volumen de producción significativo para mantener una planta operativa.
Además, advierte que este esfuerzo debe acompañarse de una regulación eficaz y del desarrollo de capacidades intelectuales locales. Sin una modernización integral, la industria nacional corre el riesgo de volverse “irrelevante” frente a competidores internacionales, particularmente de China.
Por su parte, Ramses Pech, socio de Grupo Caraiva y Grupo Pech Arquitectos, identifica la seguridad como el reto más urgente. Para ganar la confianza del consumidor y evolucionar más allá de un producto de nicho, el especialista recomienda incorporar bolsas de aire, frenos ABS y control electrónico de estabilidad (ESC), además de someter al vehículo a pruebas de impacto certificadas por organismos como Latin NCAP.
“El Olinia representa un esfuerzo por democratizar la movilidad eléctrica en México y por ofrecer una alternativa económica en un mercado cada vez más inaccesible. Pero también es un proyecto inmaduro, que requiere ajustes importantes para garantizar la seguridad y la confianza del usuario. Si logra evolucionar en estos puntos, podría convertirse en un referente nacional de movilidad accesible”, señala Pech.
Enrique Healy Wehlen, académico del Departamento de Estudios en Ingeniería para la Innovación de la Universidad Iberoamericana, pone el foco en las limitaciones estructurales de México que “no hacen sostenible” este proyecto. Aunque el gobierno destaca que el Olinia 1 tiene un 50% de contenido nacional —con miras al 75% para 2030—, Healy advierte sobre la dependencia externa en componentes estratégicos como las baterías.
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Para el académico, la transición hacia la movilidad eléctrica es necesaria, pero debe acompañarse de una estrategia integral que contemple producción tecnológica, fortalecimiento de la infraestructura eléctrica, desarrollo de proveedores nacionales y expansión de fuentes limpias de energía. “México necesita avanzar hacia nuevas tecnologías de movilidad, pero también debe construir las condiciones industriales y energéticas que permitan que esos proyectos sean sostenibles, competitivos y realmente beneficiosos para el medio ambiente”.
De acuerdo con el especialista, los principales desafíos no sólo se encuentran en las características técnicas del vehículo, sino en las condiciones energéticas e industriales del país como: la autonomía estimada del automóvil, la infraestructura de recarga, la dependencia tecnológica del extranjero para la fabricación de baterías y la capacidad de generación eléctrica de México.
“Para fabricarlo, se necesita desarrollar simultáneamente una industria de baterías, explotación de litio, infraestructura eléctrica y sobre todo capacidad energética que lo haga sostenible. Se necesita una verdadera transición energética. Todo el ecosistema que engloba el proyecto no estará listo”, señala el académico.
Recientemente, el director del Proyecto Olinia, Roberto Capuano Tripp, señaló que “Olinia 1 no es ni una moto, ni un coche, por eso no parece ni un vehículo ni un coche. Es una nueva categoría de movilidad, conocida como mini movilidad, aunque en la norma se llama formalmente vehículo eléctrico de baja y media velocidad”. Por lo anterior, destacó que no se busca competir directamente con los automóviles tradicionales ni con las motocicletas, sino crear una nueva categoría de movilidad urbana accesible.
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En conclusión, el Olinia 1 representa una apuesta audaz por la soberanía industrial mexicana. Sin embargo, el consenso de los especialistas sugiere que su futuro no solo depende del diseño del vehículo, sino de la capacidad del Estado y la iniciativa privada para construir un ecosistema que garantice estándares de seguridad internacionales, infraestructura energética robusta y una cadena de suministro de baterías que reduzca la dependencia del extranjero.
karina.hernandez@eleconomista.mx





