Hace algunos años, no recuerdo si fue en el 2012 o en el 2006, escuche un comentario que me pareció bastante interesante: ¿Qué sería de López Obrador si todos los medios se unieran para no cubrir ni un solo evento de su campaña y en verdad lo olvidaran?

Desde luego, dicho planteamiento no tendría lugar en nuestro sistema político-electoral, pues como bien sabemos, todos los partidos y candidatos tienen derecho a una barbaridad de minutos aire en TV y radio en cadena nacional que los medios deben ofrecer sin costo al INE. Pero más allá de la cobertura que el INE garantiza a cada candidato, el papel que los medios de comunicación juegan en la creación de un candidato es innegable y a todas luces trascendente.

La relación entre medios y candidatos parece tener un funcionamiento similar a un adicto y las drogas. Conforme la frecuencia aumenta, la necesidad de mayor cantidad y mayor frecuencia también aumenta. Al parecer esta disfunción prevalece en ambas direcciones. El ejemplo perfecto de esta disfuncional relación fue la cobertura de medios que tuvo Trump como candidato desde finales del 2015 hasta su elección. Tanto más aparecía Trump en pantalla, más era la necesidad de los medios de continuar su cobertura, y así crecía también su necesidad de aparecer en medios. Al final, no hubo un solo día en que el electorado norteamericano pudiera sobrevivir sin ver a Trump en la pantalla, en la portada de las revistas o periódicos o en cualquier portal digital de noticias.

Mucho se ha hablado sobre las causas del éxito de Trump en los resultados electorales, y resultaría presuntuoso de mi parte hablar de ello; sin embargo, la cobertura que tuvo Trump durante todos estos meses fue asfixiante para las audiencias y, me atrevo a pensar, determinante para su triunfo. Al parecer, el presidente Trump sabe perfectamente bien que más vale tener mala publicidad que poca publicidad.

Como presidente del país más importante del mundo, la cobertura que Trump tiene es aún mayor. Ahora ya no sólo habla Donald Trump, sino el presidente de los Estados Unidos. De tal forma que cualquier medio del planeta se ve con la forzosa necesidad de hablar sobre este polémico personaje.

Ahora, la misma pregunta hipotética prevalece. ¿Qué pasaría si los medios en un común acuerdo decidieran y pudieran abandonar y vetar toda cobertura de las actividades presidenciales? ¿Acaso este boicot terminaría con la presidencia? ¿Qué pasaría si toda la adicción por parte de los candidatos o de los presidentes de una nación a los reflectores fuera cortada de tajo por medios que decidieron cerrar la llave de sus espacios para ellos? ¿Qué pasaría si la sociedad civil exigiera a los medios no publicar nada sobre personajes que han resultado funestos? ¿Podríamos pedir una tregua para descansar de las actividades inútiles y ridículas que un presidente lleva a cabo todos los días para tratar de convencernos de que está haciendo su trabajo? ¿Qué pasaría si los medios se dieran cuenta de que sus audiencias y ratings van en picada cuando cubren noticias irrelevantes sobre figuras que nos lastiman, nos dañan y van en contra de nuestros intereses como sociedad?

Cambiando de tema

En un loable esfuerzo civil, Televisa lanzó la campaña Nos encontramos, con el objetivo de contribuir a que los mexicanos revaloremos quiénes somos y lo mucho que cada uno de nosotros puede aportar para seguir haciendo de México un mejor país.

El lanzamiento de la campaña se origina en el compromiso de Televisa por difundir mensajes positivos que promuevan el enaltecimiento de nuestros valores e historia nacional y contribuyan a promover la unidad en torno al objetivo común de construir un mejor futuro para México.

La campaña Nos encontramos tendrá presencia en todas las plataformas de Televisa y su concepto y enfoque serán la base de las campañas corporativas que la compañía realice en lo que resta del 2017 y 2018. Esperamos que esfuerzos como éste ayuden a crear conciencia sobre el valor que cada individuo tiene en una colectividad.

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