Cuando Sandra acudió a terapia por un severo problema de ansiedad, pensaba que solamente se trataba de un problema de crisis de los 40 años. Pero nunca pensó que su proceso terapéutico la llevaría a recordar un episodio de abuso sexual que vivió en el seno de su familia, a través de su tío, el hermano consentido de su madre. Esta situación le trajo dificultades no sólo en sus relaciones de pareja, sino en todas sus relaciones interpersonales.

El caso de Sandra es sumamente común. Situaciones similares fueron las que encontró Rosario Alfaro y Alfaro y el equipo de su asociación civil Afectividad y Sexualidad. Comenzaron a dar talleres de prevención para el abuso sexual infantil en el 2004 porque fueron descubriendo que era un evento que se presentaba con mucha frecuencia.

Ésta era una actividad complementaria a sus cursos de desarrollo humano y sexualidad que habían estado impartiendo desde hacía cuatro años, y poco a poco se fueron transformando para enfocarse en la prevención infantil, a través de diversas herramientas educativas, entre ellas, un cuento llamada La playera de Filipón (disponible en su sitio web), donde enseña a los niños a cuidar y proteger su autoestima: Decidimos ponernos Guardianes porque define lo que hacemos y lo queremos transmitir: Todos somos guardianes de cuidar a los niños.

Nos dimos cuenta de que cuando encontrábamos un problema serio en los adultos en los cursos, por ejemplo, una adicción, bulimia, anorexia o algún problema para socializar, ansiedad y depresión... el origen era el abuso sexual , comenta Rosario, quien nos dice también que en 80% de los casos, el victimario es un familiar o una persona cercana al núcleo familiar.

El abuso sexual infantil no sólo deja huellas en la sexualidad, no es que sólo cueste establecer intimidad... La sexualidad es la energía libidinal que hace que haya vida, la cual viene de un origen sexual. Cuando se daña esa energía, se daña todo lo que tiene que ver con la vida: cómo duermes, cómo te relacionas con los demás .

En el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres fueron víctimas de abuso sexual antes de llegar a la vida adulta, en el caso de los varones, uno de cada 13 lo ha padecido.

En nuestro país, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, cada hora, dos o más niños sufren abuso sexual. En la página de Guardianes encontramos también que al menos 4.5 millones de niños sufren abuso sexual.

Por otro lado, cerca de 60% del material pornográfico infantil en el mundo se produce en nuestro país. Según comenta Rosario, México es uno de los principales consumidores de pornografía infantil. Dicho material se consigue a través de la interacción de los menores con adultos en la red (fenómeno conocido como grooming), los cuales los seducen e incitan a que se tomen fotos o les mandes videos desnudos, con poca ropa o en alguna posición sexual. Lo cual también se califica como abuso sexual, ya que no es necesario que haya contacto físico para que exista esta conducta.

La naturalización de la sexualidad

La sexóloga clínica Claudia Lobatón, que también trabaja con niños y padres en cuestiones de prevención sobre el abuso sexual, nos dice que a pesar de que dicha conducta se relaciona con violencia, no siempre se vive de esta manera: No todos los abusos se viven como algo dramático. Hay veces que el abuso se vive como un juego. Un ejemplo, una niña de ocho o 10 años puede decir que siempre juagaba con su tío a bañarse, y el tocaba sus genitales y ella lo veía normal, y podría decir ¿pues qué no a todas las niñas que se bañan les introducen el dedo en la vagina? ¿No a todas las niñas les hacen tocar los órganos sexuales de los adultos? .

Para Claudia, uno de los componentes importantes del problema es la falta de educación sexual tanto en las víctimas como en los victimarios: Parte del que trabajo con los padres es hacer que entiendan la importancia de que sus niños sepan las partes del cuerpo y que le llamen por su nombre. Así se va naturalizando esa parte del cuerpo. Parte del problema tiene que ver con la no naturalización de la sexualidad. Se ve como algo ajeno, algo sucio, y de ahí se van generando otras construcciones sobre la sexualidad individual y la de los otros , remata Claudia, quien asevera que al hablar de sexualidad con los niños, se les dan herramientas para enfrentar ciertas situaciones o conductas que puedan ser peligrosas para ellos, en parte, les da el poder para decir no.

Si deseas saber más sobre Guardianes, entra a www.guardianes.org.mx.

@faustoponce