Cuando el drama adorado por la crítica Manchester by the Sea se estrenó recientemente en el Festival de Cine de Sundance, la meca anual en la que lo mejor del cine independiente es seleccionado y vendido, algunos de los grandes nombres de la industria lucharon para ganar sus derechos de distribución, incluyendo a Universal, Sony y Fox Searchlight.

Pero el ganador no vino de Hollywood. En cambio, los derechos de la película en América del Norte se vendieron a Amazon Studios. La división de video del gigante minorista del comercio en línea ganó la guerra de ofertas con una de 10 millones de dólares que podría darle a Amazon una oportunidad de asistir a los premios Oscar el próximo año.

Durante años, Amazon y la compañía de streaming Netflix han luchado sin éxito para obtener un lugar en la mesa de uno de los eventos más lucrativos del mundo del cine, con el objetivo de competir con los distribuidores tradicionales que compran y anuncian las películas, y con la esperanza de embolsarse ganancias en la taquilla.

Pero ahora, sorprendentemente, los gigantes del streaming están empezando a ganar, lo que es una señal de que los bolsillos llenos de estos gigantes tecnológicos y sus ambiciones de rápido crecimiento están haciéndolos verdaderos jugadores en el negocio de las películas. Esto empieza a levantar interrogantes sobre cómo la industria espera competir con el Big Stream.

Hace unos años, los servicios de streaming eran vistos como compradores de gangas de otras franquicias, lo que no representaba una amenaza para los grandes estudios y, a menudo, ofrecía recompensas a través de acuerdos de licenciamiento cuyos espectadores pagaban para poner las sobras de los estudios en línea.

Muchas cosas han cambiado desde que Netflix estrenó sus primeros éxitos originales, como House of Cards. Netflix dijo que planea gastar unos 6,000 millones de dólares este año en contenido, que incluye más de 600 horas de películas y series de televisión.

Aun así, los cineastas y distribuidores independientes se han negado a vender a estos servicios porque a sus películas no se les garantiza un lanzamiento tradicional en cartelera, privándolos de las audiencias de la pantalla grande y las proyecciones que necesitan para contender por un premio. Pero esa resistencia parece que se ha erosionado a medida que los servicios de streaming han extendido su gasto en producciones de alta calidad y han buscado borrar el estigma asociado a los lanzamientos directos para televisión. Los millones de dólares de Netflix y Amazon, sin duda, han ayudado.

Además de Manchester by the Sea, protagonizada por Casey Affleck y producida por Matt Damon, Amazon consiguió otras cintas que generaron ruido en Sundance: Love and Friendship, basada en una novela de Jane Austen; Complete Unknown, y Author: The JT Leroy Story, el primer documental adquirido por Amazon (propiedad de Jeff Bezos, quien a su vez es dueño de The Washington Post).

Su rival en streaming, Netflix, se unió a las compras, con tres películas antes de que el festival comenzara: The Fundamentals of Caring, road movie cómica protagonizada por Paul Rudd y Selena Gómez; Under the Shadow, tensa cinta de horror ambientada en Irán en 1980, y Tallulah, comedia dramática con Ellen Page hecha por una escritora de Orange Is the New Black.

La presencia de los grandes proveedores de streaming se hizo sentir incluso cuando no ganaron. Netflix peleó en una guerra de ofertas por The Birth of a Nation, implacable drama sobre la rebelión de los esclavos de Nat Turner que, mordazmente, toma su nombre de la película muda de 1915.

Las pesadas negociaciones para la cinta ser una de las preferidas entre el público de Sundance y estar bajo demanda en un momento en que el problema de la diversidad en Hollywood ha tomado un lugar central ayudaron a provocar el mayor acuerdo de la historia de Sundance cuando Fox Searchlight acordó comprar los derechos de la película por una cifra récord para el festival de 17.5 millones de dólares.

El año pasado en Sundance, cuando los colosos del streaming intentaron este tipo de ofertas fueron rechazados en su totalidad. Amazon perdió una apuesta importante con Brooklyn, drama de época de Fox Searchlight, actualmente nominado a Mejor Película en los premios de la Academia.

Pero en el último año, Amazon ha aflojado los listones de la bolsa y ha ofrecido algunos de esos escuetos tratos de los gigantes tradicionales, como la promesa de que trabajaría con distribuidores cinematográficos establecidos para el lanzamiento de la película y montaría una campaña agresiva para la temporada de premios.

Después de que Netflix ganó los derechos para Beasts of No Nation el año pasado, se convirtió en la primera compañía de streaming en impulsar su exhibición en la pantalla grande y tener una campaña de premios por el intenso drama sobre soldados infantiles. La película recaudó menos de 100,000 dólares en los cines, pero generó mucho ruido para Netflix, lo que la llevó a varias nominaciones aunque no en los premios de la Academia estadounidense.

El rápido crecimiento de los servicios de streaming ha hecho olas similares en la televisión. Los miles de millones en contenido de Netflix ha presionado a que sus competidores abran sus bolsillos; los analistas de Morgan Stanley estiman que HBO incrementará 20% su gasto este año, a unos 2,000 millones de dólares.

Algunos ejecutivos de televisión han expresado su confianza en el status quo un ejecutivo de NBC dijo, en una gira de prensa a principios del mes pasado, que las personas dejarían la moda de Netflix y regresarían a ver televisión como Dios manda , mientras que otros se han preguntado por cuánto tiempo los servicios de streaming pueden seguir derrochando esas cantidades de dinero.

Nosotros no creemos que haya demasiada televisión dijo Ted Sarandos, jefe de contenidos de Netflix, a la Asociación de Críticos de la Televisión el mes pasado. Y si hay demasiada televisión, alguien más tendrá que bajar el ritmo, porque nosotros tenemos grandes planes para el 2016 y más allá .

Drew Harwell es reportero de negocios para The Washington Post.