¿Cuántas historias de la música se han hecho? Muchas. Es más, muchísimas. De hecho se hace incluso historia de las historias de la música.

¿Cuántas se podrían hacer? Un número tan grande que para términos prácticos es infinito.

¿Por qué entonces el guitarrista Raúl Zambrano se animó, en sus tiempos libres mientras estudiaba dirección coral en Bruselas, a escribir otra historia de la música y por qué el Colegio de México la publica en su colección Historia Mínima?

Zambrano lo dice con claridad:

Creo lo importante de esta historia es que está limitada. Porque si no reconocemos los límites estamos perdidos. Es como dice Pierre Menard, el personaje de Borges que quiere reescribir El Quijote: Mi empresa no es imposible, me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.

Así podríamos contar la historia de la música hasta el infinito, pero como nos somos inmortales, entonces se trata de preguntarnos con qué elementos puedo contar toda la historia pero que sea el menor número de elementos posible.

Y una vez con límites tiene que reconocer que es frágil y caduca, que puede llegar alguien y escoger otros elementos y trazar otra trayectoria.

De hecho Zambrano confiesa de entrada: Un doctor en Historia del Colegio de México me decía que este no es un libro de historia porque le falta el rigor académico. Ha de ser cierto porque yo no soy un académico, no tengo ni licenciatura, mi diploma (como guitarrista) de (la Academia de Manuel) López Ramos es lo más lejos a lo que llegué.

Este libro no está hecho con el aparato crítico del musicólogo, es más como un libro de divulgación de una serie de ideas de gente a esto se dedica, eso sí lo puedo decir, está la lectura de muchas obras dedicadas a la historia de la música

Pero más que nada, detrás de esta historia está el oído del músico. Y es que Zambrano no pretende hacer una historia de los músicos o un catálogo cronológico de obras sino pretende historiar la música en sí.

Zambrano busca encontrar los momentos en que la música cambia, cuando se dejan ciertas formas y se adoptan otras, cuando se la concibe de otra forma, cuando se hace por razones distintas a las anteriores.

Hace tiempo, hablando de un disco del Cuarteto Manuel M. Ponce me dijiste que la música es fascinante porque es nuestro único chance de jugar con el tiempo...

Pero eso no lo digo yo, lo dice la tía bisabuela tercera María Zambrano. En El sueño creador ella relaciona el tiempo y el sueño, y dice que una de las características del sueño que lo distingue de la vigilia es que ésta está alterada por el tiempo; el sueño no, el sueño es impermeable al tiempo, por eso es el lugar ideal para hablar de Dios, porque lo puedes concebir a través del tiempo

Pero no te inquietes, dice María Zambrano, en la vigilia tienes el arte, y en particular la música que es el arte que más movimiento tiene, la música es el sueño organizado, es el sueño que sin dejar de serlo vive en el tiempo y se aprovecha del tiempo.

Eso para mí se puede expresar de otra manera, es el punto de contacto entre nuestra idea de lo absoluto y lo divino y nuestra realidad.

En ese sentido, desde los griegos, la música puede erigirse contra el orden establecido, porque éste está dentro del tiempo. Así Orfeo puede llegar con el Cancerbero, cantarle y el Cancerbero lo deja pasar; puede llegar al valle de los muertos y Caronte queda seducido por este arte trasgresor, y Hades le lo deja llevarse a Eurídice.

Entonces la historia de la música pudiera ser la historia de la trasgresión que este elemento te permite, y lo puedes encontrar a lo largo de toda la historia. Trasgresión constante.

En las notas del disco Elevación y folías comentas que el que hace música es porque está buscando a Dios…

Bueno, en ese periodo histórico (el barroco) no hay duda. Está también en los místicos españoles, Zambrano es heredera de Santa Teresa. El éxtasis teresiano es el contacto con Dios dentro del cuerpo, y eso es la música.

Es lo que guía el renacimiento español, muchos encontraron a Dios a través de la música.

Habrá quien no esté de acuerdo, que tenga un agnosticismo súper académico e ilustrado, sin embargo, tanto él como yo estamos buscando esa conciencia del sueño, que es la conciencia del absoluto y eso ningún arte te lo da como la música.

Pero así como Zambrano no pierde de vista el elemento, digamos, místico o divino de la música tampoco se le escapan otras ideas que están detrás de este arte.

Por ejemplo, al hablar de la música de la Iglesia de Bizancio en el siglo IV, la ciudad heredera del mundo griego y romano, punto de unión entre Asia y Europa, primera gran sede de la Iglesia cristiana, escribe:

Al reprocharse San Agustín (354-430) el estar más atento a la voz del canto que a su contenido y confesarnos que oscila entre la voluptuosidad y la salvación, nos revela la doble naturaleza de esta música, sensible y divina […] San Agustín nos deja la idea de que aunque podamos distinguir ambas cualidades, no podemos separarlas .

Y de hecho Zambrano no intenta separarlas, las busca a lo largo del tiempo histórico.

Pero no debe pensarse que sólo quienes saben de teoría musical y tengan un oído entrenado podrán entender este libro. Aunque dice que lo esencia es seguir la historia de la música en sí, Zambrano hace concesiones e incluso en ello supera las expectativas.

Por ejemplo, en el caso de Mozart, tras comentar sobre la dificultad de hacernos una imagen del gran compositor, y de decir que es innecesario, podemos no pensar en él y escuchar su música aclara que existe una legítima curiosidad por conocer el origen de nuestras herencias culturales .

Y a continuación hace un enorme esfuerzo para darnos una imagen de Mozart, nos cuenta de quienes opinaban que era ordinario y grosero; de su hermana, que lo veía como un niño agrandado, hasta las distorsiones que de su imagen hicieron su viuda y su segundo marido (que incluso puso en su lápida que era el esposo de la viuda de W. A. Mozart) para que se pareciera a Beethoven, que ya por entonces era la imagen del artista por antonomasia.

Zambrano no dejan desde luego de señalar las diferencias entre ambas personalidades y cita del diario de Beethoven la frase ¡Ánimo! Por encima de todas las flaquezas del cuerpo debe imponerse mi espíritu y la contrasta con una del elegante Mozart: Lámeme el culo muy, muy, muy propiamente .

Y así entre anécdotas e ideas musicales Raúl Zambrano nos invita a acompañarlo, y a discutir con él, en ese juego con un tiempo que no se ha perdido, que se puede recuperar con la música.