¿Qué significaría la imagen de un presídium vacío, no antes ni después sino durante un solemne acto político?¿Que los invitados se volvieron invisibles? ¿fantasmales? ¿Qué, se trata de una broma?

¿Y si se tratara de una imagen intervenida por la revista Elle del Reino Unido, que el año pasado borró de las fotos a los hombres presentes en reuniones del Parlamento, Naciones Unidas, el G-20 y otros espacios VIP, y así resaltó la casi total ausencia de mujeres en puestos de poder? Pero, dirán, ¡en esas imágenes, quedaba al menos una mujer, Merkel o Emma Watson, o dos o un puñado! Al menos es casi nada pero es algo. (Véase:http://bit.ly/1jFk20y)

El problema con nuestra foto es que si la intervenimos así, queda un presídium vacío: sin una sola mujer. Y el verdadero problema es que se trata de la presentación de la Reforma Constitucional que crea la ahora ciudad de México y que, en este histórico 29 de enero, las mujeres estuvieron sólo entre el público.

Al parecer nadie se preguntó si no habría que integrar a alguna ciudadana, o considerar el impacto simbólico de inaugurar oficialmente una nueva etapa de la ciudad sin ninguna figura femenina que representara, oficialmente también, la participación de las mujeres en la transformación política de la identidad (y la vida) citadina, en beneficio de la ciudadanía . Por ello, no sorprende que ante tal imprevisión o invisibilización naturalizada, políticas, periodistas, ciudadanas de a pie y más de un conciudadano erizaran las redes sociales con una multiplicación de #NoSinNosotras, #NoSinMujeres, para expresar su extrañamiento y disgusto.

O tal vez alguno pensó en el impacto de la foto, y se dijo, resignado: Es que no hay mujeres ...

Y tal vez, en efecto, no hay mujeres . O no, en todo caso, en la cima del poder que debía estar representado en ese acto, porque, en este 2016, no hay presidenta del Senado, ni del Congreso, ni de la Suprema Corte, ni ocupa una mujer ninguno de los cargos que, al parecer, se consideró debían figurar en la magna presentación en sociedad de la ciudad de México . Así, detrás de esa foto digna de la campaña #morewomen de Elle, enfrentamos una realidad, más que triste, inaceptable.

Sea cual sea la lógica detrás del escenario, la imagen oficial del acto vale más que mil discursos: en ella se desvanece el espejismo de la paridad y de la igualdad de género en lo que se refiere a los más altos puestos del poder político en México. Esto no implica que no haya mujeres capaces, porque las hay, ni que tenga que haber mujeres por corrección política. Debe haber mujeres en altos puestos de poder porque, a misma capacidad, debe haber misma oportunidad. Y si no están donde pueden estar, es porque, desde antes, no se las ve : no se valora la diversidad de experiencias y puntos de vista que pueden aportar. Aunque haya un porcentaje, creciente o estancado, de mujeres en el Congreso, el poder ejecutivo, el judicial o los partidos, eso no basta, como algunos pueden creer. Porque no se trata de cumplir con la cuota . Lo que importa es la igualdad sustantiva, en los hechos.

Ante las siguientes etapas, mucho más significativas para la transformación política de la ciudad de México, conviene recordar que las capitalinas constituyen más de la mitad de la población, representan el 41.5% de la PEA en el ex DF, contribuyen con trabajo pagado y no pagado a su desarrollo, con creatividad y talento a su vida cultural y social, y han participado como agentes políticas (en primera línea), en los movimientos sociales más importantes que lograron ampliar los derechos y libertades en esta ciudad: entre otros, el movimiento urbano-popular, contra la violencia de género, por la despenalización del aborto, por los derechos de la diversidad y contra la discriminación.

Junto con muchas otras voces representativas de una sociedad plural y diversa, políticas, abogadas, científicas, líderes comunitarias, académicas, defensoras de los derechos humanos y del medio ambiente, ciudadanas comprometidas con la igualdad y la democracia, deben ser tomadas en cuenta para la composición del Constituyente, y participar como representantes de esta mitad que también construye.