En Japón, una mujer con cáncer en etapa terminal tiene lo que en apariencia es la mejor compañía: una joven de 20 años, amable, que la escucha y está dedicada en cuerpo y alma a su cuidado de manera incondicional las 24 horas al día. ¿Qué es lo particular del asunto? Que la persona en cuestión es un robot llamado Geminoid F, creado con la finalidad de cuidar a seres humanos que padecen alguna enfermedad terminal.

Lo anterior es la trama de una película japonesa llamada Sayonara, que se estrena comercialmente en Japón el 21 de noviembre, dirigida por Koji Fukada, a su vez basada en una obra teatral de Oriza Hirata, quien utiliza robots en sus obras de teatro.

Y es que el robot que se podrá ver en pantalla es real: fue creado por el doctor Hiroshi Ishiguro para el propósito anteriormente mencionado; como novedad, el modelo en cuestión puede sonreír, reír y mostrar otras expresiones humanas que se espera generen empatía. Los robots que usa Hirata en su compañía teatral también son de Ishiguro.

El Geminoid F cuesta 110,000 dólares, y próximamente Ishiguro y su equipo planean hacer pruebas en algunos hospitales de Japón.

Sin embargo, un estudio realizado por el investigador mexicano David Silvera-Tawil, en la Universidad de Nueva Guinea del Sur (Australia), reveló que la interacción de humanos con el Geminoid F genera altos niveles de miedo y estrés. El estudio aún no termina, pues es necesario conducir el experimento durante largo plazo para ver si el ser humano puede acostumbrarse a robots humanoides. El Geminoid F aún no tiene todas las de ganar.

Eso es sólo el comienzo de una serie de robots que están saliendo al mercado para realizar tareas cotidianas; como en película de ciencia ficción. Y todo gracias al desarrollo de la inteligencia artificial.

Otros robots

No todos los robots que se están haciendo se crean a imagen y semejanza del ser humano (androide), existen otros robots que se asemejan a los que vemos en películas como Star Wars o Star Trek.

Por ejemplo, tenemos a un robot llamado Tug, una especie de frigobar ambulante, creado por la compañía Aethon, para transportar desechos o utensilios en los hospitales, para que el personal se enfoque en el cuidado del paciente.

O bien, existe un robot llamado Bond (de la empresa homónima), una especie de brazo mecánico creado para imitar la caligrafía del ser humano. ¿Por qué? Para regresar al viejo arte de los mensajes escritos a mano. Y es que en un mundo donde nuestra comunicación se basa en mensajes de texto digitales, el factor humano se pierde.

Así pues, la empresa Bond decidió crear un servicio en donde uno manda una muestra de su caligrafía, un robot copia los patrones y comienza a escribir por usted. Ahora que si tiene la letra muy fea, Bond podrá sugerir caligrafía, pero eso sí, lo hará de manera irregular, como lo hacemos los humanos.

Y por último, hace un par de meses se puso a la venta un robot llamado Tally, que es una especie de tubo largo con sensores, diseñado para recorrer anaqueles de los supermercados y revisar si hace falta rellenar los estantes, si los precios son los correctos o si los productos están colocados como deben. Al parecer, los supermercados pierden miles de dólares debido a estos problemas.

La creación de robots y otras entidades de IA han generado fuertes debates en la comunidad científica e industrial. Y es que hay quienes creen que dichos adelantos tecnológicos pueden ser desastrosos para el ser humano. Una de estas personas es el ingeniero Elon Musk, quien quiere crear códigos de ética bajo los cuales se pueda regir su construcción, no sólo para evitar que tomen el control de la humanidad, sino también para ver de qué manera impactan en la cadena productiva. Los robots llegarán a quitar puestos de trabajo.