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Lo más memorable del cine en el 2013
Miren, esto es así: no me gustan los recuentos de las 10 mejores películas del año . Me parecen tan pedantes, tan prescindibles. Creo que los críticos de cine sólo las escriben para competir entre ellos al estilo el mío es más grande que el tuyo .

Esto no es un top 10. No pretendo decirle a nadie cuáles son las películas que debieron gustarle este año. A fin de cuentas, la única lista que importa es la revista Sight & Sound, que no la hace un solo tipo, sino 100 de los mejores críticos de cine del mundo. Como en el Garage no creemos en la ostentación fálica y es Navidad y me inundan la nostalgia y los buenos sentimientos, este 24 de diciembre les doy: lo más memorable del cine en el 2013, según yo.
Volví a creer en el cine mexicano. Seamos claros: el cine mexicano es como un género aparte. Nadie ve cine mexicano esperando ver una de Scorsese o una de Woody Allen. La verdad: vemos cine nacional con una condescendencia espantosa. Yo, la primera: mi idea inicial ante una cinta mexicana es que a) me voy a aburrir; b) me voy a enojar. Por eso las evito.
Sin embargo, este 2013 fue mi año de la reconciliación. Nosotros los Nobles me pareció una comedia sólida y muy chistosa, que demuestra lo estratificada que está la sociedad mexicana sin ser (casi) regañona. Heli, de Amat Escalante, aunque continúa con esa jalada que es el cine contemplativo (planos largos, ritmo lento, actores no profesionalezzzzz...), es una buena ilustración de lo que es este México de los miles de muertos cada año.
Mi película favorita del año: La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez, otra película hecha en México. Y eso que el 2013 fue un superaño para Hollywood. Quemada-Diez logra que la odisea de tres adolescentes centroamericanos sin papeles a través de México no sea sólo la colección de desgracias que uno espera, sino que además sea una aventura a la Huck Finn.
Me convertí en fashionista (algo así). En general, a mí la moda me pasa desapercibida. Soy como el personaje de Anne Hathaway en El diablo viste a la moda: digo que desprecio lo fashion, pero bien que llevo, sin darme cuenta, el color de la tendencia, si bien de una manera muy fachosa. Soy fachion, pues. Este 2013 comencé a leer revistas de moda. ?No todas y no siempre, pero les voy agarrando el gusto. Todo se lo debo a Sofia Coppola y su The Bling Ring: ladrones de la fama.
Aunque no es una gran película, The Bling Ring logra transmitir el amor de una generación por los objetos caros y bonitos, y por la fama. Después de ella ya no veo los objetos de marca como cosas ligeramente repulsivas y altamente intrascendentes. Ahora entiendo por qué hay gente, triste como suena, que se deja definir por los diseñadores. No es tan mala idea amar esas pequeñas piezas de arte para todos los días.
Y Emma Watson merece caravanas: su versión de la niña rica de Los Ángeles, ese concepto, es desternillante.
Volví a creer en el amor. Para los que crecimos en los 80 y 90, las comedias románticas son nuestro pan y queso. Si creen que somos adultos inmaduros y adversos al compromiso es que no entienden que fuimos engañados: la vida no es como en Mujer bonita. En la vida real, la prostituta que se enamora pierde.
Como la mayor parte de mis contemporáneos, veo las rom-com con un dejo de cinismo y un bote de helado. Las amo y las sufro, pero ya no les creo.
Hasta que este año vi Antes de la medianoche, de Richard Linklater. El cierre de esta trilogía protagonizada por Julie Delpy e Ethan Hawke tiene mi definición favorita del amor: alguien con quien puedes discutir todo el día y de todos modos te sientes feliz de acostarte con él/ella al anochecer. La maravilla de Antes de la medianoche (y de toda la trilogía, completada por Antes del amanecer y Antes del atardecer) es que los personajes son tan reales que hasta te caen mal. Y por eso los amas.
Otra buena rom-com, por las mismas razones: This Is 40, de Judd Apatow. Aunque es el típico ejemplo del síndrome oh, estoy haciendo una comedia para gente inteligente y se ahoga en el marasmo de su ambición, Apatow logra un dibujo creíble de la crisis de la mediana edad y el amor que sobrevive a ella.
Disfruté de películas bien adultas. El 2013 será recordado como el año en que nos desenamoramos del cine de superhéroes. Después de que en lo que va del siglo XXI estuviéramos obsesionados con las adaptaciones de cómics, este año no fue tan super. Los geeks salieron echando pestes de Wolverine (a mí sí me gustó la aventura telenovelera de Guepardo, para ser sincera) y Iron Man 3 y Thor 2 fueron recibidas con aplausos de compromiso. Ya llegó la hora de que crezcamos, amigos geeks.
Pero no de que dejemos de divertirnos. La película que más me divirtió este año fue Intriga, de Denis Villeneuve, un thriller adulto en el mejor sentido: no se resuelve con facilidad, no nos da personajes cliché, uno no se siente engañado sino comprometido con los giros de la trama. Y el final: ese final. Es como cuando lees uno de esos libros para pasar el rato y resulta que se convierte en tu libro favorito, junto a Crimen y castigo, del viejo Fiodor. Estoy exagerando, pero no mucho. Denme más de este cine para adultos, tenso y complejo, y también entretenido.
Casi logra lo mismo El lugar donde todo termina, de Derek Cianfrance, un drama sobre los rencores que uno lleva en la sangre. Aunque melosa al final, también es una película madura. Ryan Gosling: hazme tres hijos. (Sí, soy muy madura).
Matthew McConaughey, welcome back. Regresando al vicio de las comedias románticas (o rom-coms), en ese basurero se nos había perdido un gran actor, el guapo de Matthew McConaughey. Después de tener una carrera que iniciaba promisoria (me acuerdo de que a finales de los 90 era el actor a seguir), Matt decidió hacer músculo y dedicarse a besar a otra promesa rota, Kate Hudson, en rom-coms cada vez peores. El güerito volvióse insoportable.
Hasta que Soderbergh lo rescató en el 2012 con un gran rol en Magic Mike, como un sensual y malévolo stripper. El regreso de McConaughey se concretó este año con una cinta pequeña pero inmensa: Mud, de Jeff Nichols, en la que McConaughey interpreta dolorosamente a un bandolero contemporáneo.
Y dicen que en El lobo de Wall Street de Scorsese el tipo también la hace en grande. Qué bien tenerte de vuelta, Matt.
Me gustaron las películas que retaron fronteras. A veces, cuando eres joven y arrogante (como yo), crees que lo has visto todo. Por supuesto, es un error: puede que uno ya lo ha visto todo, pero no ha visto todavía lo que sigue. Es decir, no ha visto Gravity. Ni Hannah Arendt, Django Desencadenado y Jazmín azul . Ni Los juegos del hambre 2: En llamas, La vida de Adele, La bicicleta verde y Upstream Color.
Este año fue de películas que retaron fronteras diversas: las de la técnica, las del género, de la cultura y lo que entendemos como una maldita película.
Gravity de Cuarón es, más que la narración de un cuento, una experiencia sensorial desorbitante. Quizá es que soy muy sensible, pero la primera vez que la vi en IMAX salí con la cabeza girando. Un emotivo viaje espiritual escondido en un ride de feria.
Lo mismo puedo decir de Upstream Color, de Shane Carruth, el discurso de un loco que seguro tiene sentido en otro planeta. Un planeta que a mí me gustaría visitar.
Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta, es la biopic de una filósofa. En serio: se puede hacer algo divertido con la vida de una persona que sobre todo se dedicó a escribir y dar clases. Una gran cinta de ideas.
Los juegos del hambre va para ser una de las mejores franquicias cinematográficas. Vivimos la edad de las secuelas juveniles a las que les interesa más la taquilla que ser buen cine. No así Los juegos del hambre, una serie que está cambiando lo que entendemos por ficción adolescente. Su secuela, En llamas, es más violenta, más inteligente, más profunda, y todo sin dejar de entretener.
Jazmín azul es la menos allenesca de las películas de Woody Allen, creo que es la que menos frases memorables tiene; sin embargo, está, entre la filmografía de Woody, entre las que mejor desarrolla a sus personajes.
?La bicicleta verde y La vida de Adele son películas tan buenas que merecen salir del circuito de cine de arte (ese mundo tan payaso) y llegar a todos lados, a todo mundo. No será así, pero hagan todo lo posible por verlas.
concepcion.moreno@eleconomista.mx