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Las visitadoras: cuando una traducción hace justicia
La cinta relata la lucha de la activista Guadalupe Pérez en contra de la arbitrariedades que sufren las comunidades indígenas en los procesos legales por la falta de traductores.

El lenguaje, ese complejo e indispensable proceso de comunicación que se da por sentado. Callar por vergüenza a no ser entendido, uno de los flagelos de obviar ese proceso comunicativo. La sumisión, una consecuencia del silencio autoinfligido. Ése es el caso de muchos indígenas en México que afrontan un proceso legal casi a tientas, sin oportunidad de defenderse, sin siquiera comprender qué se les imputa y de qué manera podrían demostrar su inocencia o asumir su responsabilidad.
Guadalupe Pérez Holguín, ciudadana tarahumara, originaria de Guachochi, Chihuahua, es fundadora de la asociación civil Nochaba nikuuroka anakupi niraa (Trabajar ayudando los unos a los otros) y protagonista de Las visitadoras, un documental que ha formado parte de la gira Ambulante y que arroja luz sobre el proyecto de mediación que ella misma fundó hace aproximadamente seis años y que tiene como finalidad primordial el asesoramiento de los presos indígenas de la entidad en temas de traducción.
A partir de este documento fílmico dirigido por Sergio Blanco Martín y coproducido por Michelle Ibaven, que concientiza sobre los vacíos de un sistema jurídico, que en temas de lenguaje no es imparcial, El Economista entrevistó a la activista sobre la lucha autodidacta de encabezar la primera organización que atiende en su idioma a las personas internas de las penitenciarías del estado.
Cuenta por cientos los casos que ha atendido a lo largo de estos seis años de labores. Enumera unas cinco lenguas oriundas del estado con las que ha trabajado, pero dice que también ha tenido que hallar traductores mixtecos y huicholes; que al menos ha ayudado a salir de la cárcel a 10 personas. Ejemplifica varios casos en los que el más sencillo desentendimiento verbal se convierte en un lastre del que los indígenas ni siquiera se percatan.
Pone ejemplos tan simples y trascendentales como el de hacer saber que la palabra “familiarizarse” no está relacionada con el parentesco. También recuerda que “había una señora que no sabía hablar casi nada de español. De ella decían que estaba mal de la mente simplemente porque no entendía. Los policías pensaban así porque le decían: ‘¡A la fila!’, y ella no comprendía que tenía que formarse”.
Dice que si bien los casos de mujeres indígenas en la cárcel que ha atendido son pocos, la mayoría de las acusaciones son graves, como los cargos por homicidio. “A veces (las mujeres indígenas) sufren mucha violencia y en ocasiones ya no aguantan. Una señora me contó que tenía 26 años sufriendo de violencia, pero no sabía que la podían ayudar, y decidió matar a su marido con un cuchillo porque ya no lo aguantaba. Me dijo que alguna vez se acercó al gobernador de la comunidad, pero éste no hizo nada. Y ahí está el resultado”, lamenta y se sincera: ella también vivió 13 años de un matrimonio violento.
“No me quiero concentrar sólo en visitar a los internos, también quiero ayudar a las comunidades indígenas, porque necesitamos mucha orientación. Como indígenas desconocemos muchas cosas. Necesitamos que alguien nos diga cómo acercarnos a la ciudad, a qué nos enfrentamos. A veces los niños se quedan sin escuela porque no tienen acta de nacimiento”.
También se preocupa por los indígenas que han emigrado a las ciudades y que han caído en la adicción a las drogas. Le interesa generar las herramientas para ayudarlos a puertas cerradas. Pugna por que los indígenas puedan tener acceso a la atención psicológica. “Nos lo merecemos”, exige.
“Yo le decía a un magistrado que ustedes dicen que nos ayudan, que nos conocen. Pero no es cierto, no nos conocen nada, ni nosotros a ustedes. No saben cómo nos sentimos, qué nos hace falta. Ustedes piensan que somos felices así, pero no lo saben. A mí me gusta la vida de ustedes, me encanta; pero nunca la vamos a igualar porque nuestra forma de vida es diferente. Tenemos que cambiar”, sentencia.
Actualmente Nochaba nikuuroka anakupi niraa trabaja de la mano del programa Projusticia para buscar establecer un convenio con el Tribunal de Justicia de Chihuahua para que los traductores entren a trabajar formalmente.
“Tenemos mucho que hacer”, deja dicho.
Las visitadoras está disponible de manera gratuita en ambulante.org. Una vez concluido su recorrido por festivales de cine, de la mano de Ambulante, los productores buscarán acercar el testimonio a las distintas asociaciones civiles que puedan sumarse a la causa.