Camino por la avenida Juárez del Centro Histórico. La mole del ?Palacio de Bellas Artes se impone. ¿Algún momento que no sea la madrugada estará vacía su marmoleada explanada?

La observación no es ociosa. ?Bellas Artes fue construido como parte de un plan de urbanización (o embellecimiento) comenzado por el Porfiriato. De aquella ciudad europea que Porfirio Díaz imaginó, Bellas Artes es sin duda el hito, el emblema.

La Revolución vio nacer otro México, pero el palacio se mantuvo, de manera incómoda, como el recordatorio de los espectros del pasado.

Ahora en las salas de Bellas ?Artes se presenta Pinta la Revolución: el arte moderno mexicano 1910-1950. La primera obra de arte de esa exposición es el propio Palacio. Muy decimonónico y lo que sea, aunque lo demos por sentado, su arquitectura y sus murales Rivera, Orozco, Tamayo, Siqueiros, González ?Camarena así como su vocación por el arte moderno y contemporáneo lo hacen una verdadera pieza de la posmodernidad.

Arte definitorio

La exposición es fantástica, sale temprano en el año pero valdrá la pena recordarla en diciembre y decidir si es una de las mejores del año.

Curada por el Museo de Arte de Filadelfia (donde se expuso el año pasado) y Bellas Artes, tiene un recorrido que no tiene pierde.

Nos han enseñado que el arte mexicano son los muralistas, con sus temas nacionalistas. Esta reseñista misma ha escrito en contra de aquel arte promovido por el Estado, un arte que por esa mano del poder nació muerto.

¿Pero es así? ¿Hemos dejado de ver, por obvio, al arte nacional de la primera parte del siglo pasado?

Una pregunta pertinente es por qué ese arte ha fascinado y sigue fascinando a ojos extranjeros. No nos damos cuenta de que este país vivió un fenómeno creativo único en la época de la entreguerras.

La exposición tiene varios núcleos temáticos, pero me parece que el más interesante es la presencia del arte mexicano en EU. El arte psicodélico nacionalista (Patrick Charpenel dixit) de Siqueiros, la misión ideológica de Rivera y la técnica impecable de Orozco encontraron en museos y universidades estadounidenses un veta rica. Es arte para espacio público.

Hoy, que se recupera la idea del espacio público como parte indispensable de lo comunitario, el arte de los muralistas es la verdadera ?Revolución mexicana.

No sólo de murales vive el arte

Pintar la Revolución es una muestra amplia. No se agota en el trío muralista. Artistas como el Dr. Atl y Saturnino Herrán están presentes, también Frida Kahlo, Tina Modotti y María Izquierdo.

El recorrido es una progresión de estilos, corrientes y características únicas de cada época (hay un orden histórico).

Mientras que en plena época revolucionaria los artistas mexicanos viajaban a Europa y experimentaban con las nuevas corrientes (eso es notable, por cierto: plena guerra en México, y casi también en Europa y los artistas no dejaron de aprender y crear). Un Diego Rivera cubista es algo poco visto.

Otros creadores que no viajaron encontraron en el conflicto bélico mexicano un tema y una definición. Como en toda revolución, la Revolución Mexicana se pensó a sí misma como iniciadora de lo absolutamente nuevo. Esa hambre también está presente en el arte. Por eso ?México recibió a tantos creadores refugiados si el recorrido tiene algún defecto sería el de no incluirlos a ellos en una sala particular , por el caldo de cultivo tan interesante que se dio acá. Apoyo total del gobierno a la creación y una sociedad joven, llena de curiosidad por sí misma y por el mundo.

Pinta la Revolución no se agota en Panchos Villas y Emilianos ?Zapatas. Justo en la última parte de la expo se alude a la gran modernización mexicana de los 40 y los 50. El alemanismo también generó arte: ciudades, autos, burgueses.

Sí, hemos dejado de ver nuestro arte por hartazgo. A buena hora llega Pintar la Revolución a refrescar nuestra mirada.

  • Museo del Palacio de Bellas Artes

  • Martes a domingo, de 10 am a 5 pm

  • Hasta el 7 de mayo.

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