“La evolución de la tecnología hacia la vida digital está catalogada como la tercera ola. Hace 25 años teníamos Internet básico, con un acceso de línea fija (...) Con la entrada de dispositivos móviles y acceso a aplicaciones en la nube comenzamos una transición; ahora estamos en una nueva etapa donde hablamos del Internet de las Cosas, la realidad aumentada o virtual, y prevemos que esta tecnología acompañe nuestra vida de una forma mucho más inmersiva”, explicó Héctor Silva, director de tecnología en Ciena para América Latina.

Hablar de la vida digital es indispensable, pues ya vivimos sus bondades. El e-learning, coches autónomos, experiencias de compras con realidad virtual, smart governance. Todos estos ejemplos y más “no pueden suceder sin que tengamos la red adecuada para soportarlo. Cada una de estas aplicaciones tiene una diversidad de requerimientos para su funcionamiento y los operadores que están construyendo esta red tienen que lograr hacerlas convivir, para que sean rentables”, explica el especialista. “La meta es que una misma red soporte este tipo de aplicaciones; sin embargo, muy pocos sabemos cómo se consigue”.

Los data center y la fibra óptica son fundamentales en la creación de esta nube. “Generalmente, la red se hace visible o nos damos cuenta como usuarios cuando algo falla, está lento o anda mal; ahí es cuando nos ponemos a pensar que hay algo detrás”. Héctor aseguró que, en efecto, se trata de una cadena de valor desde que usamos nuestro móvil para ver un video. “Ahí se va adjudicación de forma inalámbrica a estas torres que vemos en las calles, a las macroceldas de la red móvil en la que hoy en día convivimos con la tercera y cuarta generación (3G y 4G). A partir de que la información llega a esas torres, todo se mueve a través de la red fija de fibra óptica”.

Es tan extremo que para tener comunicación con un amigo que se encuentre en Francia, por ejemplo, y al que queremos enviarle un video por Facebook, éste viaje a través de un centro de datos, que es recibido por otro centro de datos para que el contenido viva en esa región remota. Lo que conecta a esos centros de datos es la red.

Lejos de lo que muchos piensan —que la vida digital es a través, literal, de una nube (algo etéreo que vive en el espacio)—, la red es un tejido que básicamente está constituido por fibra óptica. Ésta viaja incluso por debajo de los océanos, son redes submarinas que interconectan distintos países, a través de centros de datos para transmitir desde mensajes en redes sociales, hasta aplicaciones de negocios.

Los centros de datos son un conjunto de servidores interconectadas donde se almacenan y procesan contendidos, pero la nube no vive en un centro de datos universal, es un grupo de centro de datos dispersos, miles de gigas se convierten en información constante que se reproduce en tiempo real.

“Con las tendencias de vida digital de las que hemos hablado, para estas redes no significa más que un crecimiento exponencial en la presión que estas redes tienen hacia el futuro y que están interconectando a los centros de datos”.

¿Qué podemos esperar?

Silva aseguró que en México y América Latina el uso del 4G es relativamente bajo, pero esto está cambiando y prevé que para el 2020 haya una distribución mucho más grande de 4G. En ese momento se estará habilitando el 5G, un rango nuevo que soportará tecnología como la realidad aumentada.

El 5G traerá distintas capacidades productivas para los negocios, pues se podrán vender casos de usos diferenciados. “Cada quién, dispuesto a pagar por la tecnología que necesita”. Así se deja de competir por precios y será por calidad de servicio. “Esto llegará paulatinamente a México y conforme los operadores lancen los servicios”.

Mencionó que los temas de seguridad también son relevantes en este tipo de comunicaciones: “A las fibras se les adicionan sistemas de inscripción para que la información en estos cables no vaya desprotegida. Como ya lo hemos dicho, esto funciona para mandar desde un simple mensaje de redes sociales hasta transportar información financiera o de gobierno”.

Concluyó que construir las redes del futuro empieza hoy. “Generar innovación permitirá sacar provecho de estas redes y maximizar la vida de esta infraestructura, que a la vez se traducirá en un mejor servicio para los usuarios finales”.

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