Los últimos años han sido complicados e inciertos ?para la industria de medios. Algunos pronósticos fatalistas auguraban el fin de la televisión y el principio de una nueva era en la cual sólo las pantallas personales y digitales predominarían entre las audiencias.

Hasta cierto punto, la aseveración ha sido cierta, pues sin lugar a dudas las pantallas personales han ocupado un lugar importante en la forma como las audiencias percibimos el contenido e incluso han cambiado la forma como interactuamos con el mismo. Gracias a ellas, hemos pasado de ser una audiencia meramente pasiva a ser actores y parte de lo que está sucediendo. Nuestra interacción con las pantallas nos permite ver, manipular tiempos, organizar de manera conveniente el contenido, personalizarlo y estar mucho más presentes en los sucesos que ocurren en la pantalla.

Adicional a las pantallas personales, también llegaron los famosos servicios OTT y el streaming. Esto también continuó cambiando la manera como nos entretenemos frente a una pantalla. Con el fenómeno OTT, los seres humanos finalmente logramos hacer del contenido un traje a la medida. A través de estos sistemas de entretenimiento somos capaces de escoger entre miles de opciones de programación y al mismo tiempo adecuarla a nuestras preferencias. Una vez más, este sistema de entretenimiento dio a las audiencias el control absoluto sobre lo que hacen con el entretenimiento en sus pantallas.

Curiosamente y en paralelo también ha ocurrido un fenómeno muy interesante en la pantalla de televisión abierta. Los analistas?y casas medidoras se han dado?cuenta que el poder que tiene un contenido de buena calidad y de alta relevancia para la audiencia, los ratings y los números de hogares sintonizados a ese canal?superan por mucho cualquier otra forma de entretenimiento en ese momento. Un buen contenido trasciende pantallas, sistemas y plataformas y las audiencias migran de una pantalla a otra siempre y cuando haya buen contenido.

En las últimas semanas, y de esto comentamos la semana pasada, estuvo el factor Super Bowl. Tradicionalmente, este espectáculo televisivo es por mucho el evento con mayor audiencia a nivel mundial. En este evento son claras las variaciones porcentuales en rating cuando los equipos finalistas son altamente taquilleros a cuando son equipos de menor calibre. En este caso, eso es lo que podría constituir el contenido del programa.

Lo mismo ocurre con los noticieros. Existe un factor que no está en poder de los medios, que es la noticia en sí. Mientras más relevante sea la noticia para las audiencias, mayor será el porcentaje de hogares sintonizando ese noticiero; sin embargo, el comunicador y la forma como se comunica es también un factor que suma o quita puntos al noticiero. Alguien que en tiempos recientes supo hacer ajustes atinados a su barra de noticieros fue Noticieros Televisa.

A pesar de haber tomado un alto riesgo al retirar a Joaquín López Dóriga para otorgar el noticiero nocturno a Denise Maerker, parece que los números le están favoreciendo. Ibope estima que el noticiero 10 en Punto tiene ya una audiencia de más de 2.13 millones de personas, mientras que su competencia, Hechos Noche con Javier Alatorre, una 1.27 millones.

En el caso de los noticieros matutinos, Televisa también parece?llevar la delantera tanto en el noticiero de Carlos Loret como el de Paola Rojas. La televisora de San Ángel supera a su competidor en al menos 40%, según datos de Ibope.

En cuestión telenovelas, la calidad en contenido es crucial. El pasado lunes, Televisa estrenó la?telenovela La doble vida de Estela Carrillo y las cifras arrojadas por la misma casa medidora resultaron impactantes.

Alcanzó 3.8 millones de ?audiencia, superando en 253% a su competencia directa, La fiscal de hierro de TV Azteca.

Incrementó en 48% la audiencia que registró en ese mismo horario y canal su antecedente, La candidata, y superó en 46% el promedio que registró esa barra de horario durante todo el 2016.

Una vez más, como hemos repetido en varias ocasiones en esta columna, el contenido es rey.

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