Casa veraniega. Una familia de intelectuales. De artistas, en realidad. Irina es una prima donna, actriz de toda la vida, aclamada en todos los escenarios de Rusia, pagada de sí misma. Por supuesto, una persona insoportable.

Está su hijo Konstantin, un alma sensible. Quiere ser dramaturgo, pero no un dramaturgo como con los que trabaja su madre, no: quiere algo real, no vestidos almidonados y versiones de Shakespeare dignas de museo. Konstantin también quiere el reconocimiento de su madre, pues no se siente amado.

A pesar de ello, Konstantin sí conoce el amor: Nina. Linda, alegre, sueña con ser actriz. Admira a morir a las divas como Irina, siente una gran devoción por Trigorin, escritor de éxito y pareja de Irina. Y no, no corresponde a los sentimientos del frágil Konstantin.

Éste es el planteamiento de La gaviota, uno de los grandes clásicos del teatro, escrita por Anton Chéjov. Una versión, ésta dirigida por Diego del Río, se presenta a partir de hoy en el Foro Shakespeare.

¿Qué es un clásico? Podría ser una obra acartonada y cargada de encaje como en la que le habría encantado actuar a Irina. Pero Del Río es un director de talento.

La obra respeta el texto original de Chéjov, pero está escenificada en una época contemporánea que en realidad podría ser cualquier tiempo. Todos los actores están todo el tiempo en escena y juegan con eso: esto es una obra, pero también es un pedazo de vida.

Eso hace a un clásico: una pieza por la que no pasa el tiempo, que después de más de un siglo sigue hablándole al espectador.

De corazón frágil

La gaviota habla de gente que parece fuerte por fuera pero en realidad es débil, frágil. Es también una reflexión sobre el teatro: ¿cómo evolucionar las viejas formas, cómo salvar al teatro de su muerte? El asunto de la muerte del teatro es asunto que todavía le quita el sueño a los teatristas. Crean nuevas teorías, experimentan; a muchos no les importa el público, a otros es lo único que les importa.

Pero la reflexión es apenas un telón de fondo para un dramón de aquellos. Konstantin contra su madre; Trigorin seduciendo a Nina; el viejo tío Petroshka ve su vida como un gran desperdicio.

Blanca Guerra protagoniza como Irina y lo hace muy bien. Irina podría ser una caricatura, una especie de burla de las actrices con las que Chéjov tuvo que lidiar, pero Guerra la dota de una vulnerabilidad que desarma. Se burla de los intentos creativos de su Konstantin, pero es obvio que lo quiere. Cuando Trigorin quiere escaparse con Nina, es una mujer de hielo: dura, pero derritiéndose poco a poco. No me dejes , le ruega al escritor, eres mío, mío, mío .

La gaviota del título es Nina, como Konstantin, ve morir sus sueños. Los personajes de La gaviota bailan el vals de la desgracia. Y todo termina con un disparo y la muerte de un soñador. Nadie dijo que Chéjov fuera optimista.

Foro Shakespeare.

Zamora 7, Condesa

?Lunes a domingo, 8:30 pm?

www.foroshakespeare.com

[email protected]