La máscara ha sido desde tiempos remotos un elemento de transformación humana, metáfora del mundo imaginado o vehículo del anhelo de ser otro. Antigua como la palabra , escribió Villaurrutia.

Destinada a mostrar y a ocultar algo a la misma vez... Las máscaras son siempre fascinantes, tentadoras; cada quien las ve y se las apropia a su manera.

Máscaras mexicanas, simbolismos vedados, una exposición imperdible que alberga la Galería de Palacio Nacional, extendió su vigencia y podrá verse hasta enero del 2016.

Se trata de una muestra de piezas únicas, históricas, arqueológicas, etnográficas y contemporáneas que provienen de más de 40 museos del país y de colecciones privadas -algunas todavía están en uso y otras se exhiben por primera vez y no sólo en México- y por lo tanto será difícil que vuelvan a estar reunidas todas en un mismo espacio.

De la mano de Lilia Rivero Weber, conservadora de Palacio Nacional, pudimos recorrer la inédita exposición, y nos explica que la función de la máscara es la personificación de las fuerzas superiores que ayudan a los hombres en su devenir en el mundo .

Rivero Weber detalla que aunque el título y el contenido mayoritario de la muestra se refiere a máscaras mexicanas, era necesario explicar el origen de este objeto que proviene de las comunidades tribales africanas que lo usaban para sus ritos propiciatorios, de paso, de fertilidad o asociados a los cultivos.

Luego se detiene frente a un escaparate y nos cuenta que esa máscara-vientre que estamos viendo la usaban los hombres de la tribu makonde, de Mozambique, para celebrar el paso de los jóvenes a la madurez. La forma de la máscara representando un embarazo simboliza la capacidad de fecundar y formar una familia, recién adquirida por los muchachos.

En el recorrido, se suceden de manera apasionante, con las más raras y fascinantes estéticas y simbolismos, máscaras-árbol, máscaras-pájaro, máscaras-guardianes, máscaras de jade y turquesa, urnas con máscara, mascarones; en suma, piezas fantásticas, algunas cuya exposición es ?inédita y otras provenientes de recientes excavaciones arqueológicas.

Son 460 piezas que han sido seleccionadas no sólo por su estética, sino por ser portadoras de antiguas creencias, que muchas de ellas siguen presentes en la gran diversidad de ritos y danzas mestizas nacidas a partir de la Conquista , ha dicho Teresa Franco, directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución encargada del montaje, con apoyo del Conaculta y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

La curaduría de la exposición, a cargo de la investigadora del INAH, Sofía Martínez del Campo Lanz, se despliega en cinco ejes temáticos en un espacio de 2,000 metros cuadrados y abarca más de 3,000 años de historia, desde la época prehispánica hasta la actualidad.

La máscara, pensamiento universal

Inicia al visitante en el origen ritual de la máscara. Incluye piezas provenientes de África, China e Indonesia, la mayoría del siglo XIX, que están representando animales o plantas que en la antigüedad eran venerados como metáfora del sostén del mundo . También se exhiben máscaras antropomorfas o de rostros míticos que han sido utilizadas en ritos agrícolas, iniciáticos, funerarios o festivos.

A esta primera parte corresponden una máscara de elefante procedente de Camerún; máscara propiciatoria de antílope, de finales del siglo XIX, de Burkina Faso; y la máscara china del general Zhang Fei, en una de las representaciones de la Ópera de Beijing.

El rostro de la deidad ?y esencia sagrada y humana

Son los dos grupos centrales de la muestra, dedicados a las máscaras de manufactura prehispánica. Una rica selección de arte mesoamericano que reúne máscaras y esculturas teotihuacanas, mexicas, mayas, zapotecas, mixtecas, totonacas, entre otras. En las culturas mesoamericanas las máscaras eran elaboradas con dos objetivos fundamentales: materializar lo intangible al hacer visibles a los seres espirituales para venerarlos en sus correspondientes fiestas ceremoniales y acompañar a los antiguos dignatarios después de la muerte durante su recorrido por los reinos sobrenaturales .

Sobresalen: la máscara de oro de Xipe-Tótec de la Tumba 7 de Monte Albán, que se exhibe por primera vez; la máscara teotihuacana de Malinaltepec del periodo Clásico (150-650 d.C.); el incensario tipo teatro de Quetzalpapálotl, procedente de La Ventilla, Teotihuacan, también del periodo Clásico; y una figurilla maya con máscara-yelmo de ave, hallada en la Tumba 1 de Palenque.

El rito y la fiesta

Este eje presenta máscaras e indumentaria de danzas provenientes de la tradición virreinal, elaboradas durante los siglos XIX, XX y XXI con elementos prehispánicos, europeos y africanos producto del sincretismo y mestizaje cultural originado por la Conquista española .

Son piezas etnográficas de diablos, fariseos, judíos , moros, chinelos, parachicos... La mayoría de ellas se usan todavía al menos una vez al año en las festividades de los pueblos, en los carnavales, en las mojigangas, y representan la lucha eterna entre el bien y el mal de acuerdo con la tradición cristiana.

Destacan: una colección de máscaras tzotziles ceremoniales de madera con espiga, de los siglos XVII y XVIII, que eran usadas para resguardar cuevas funerarias; una máscara de catrín, nahua-otomí, del carnaval de Tlaxcala; un diablo mixteco; y una máscara y tocado del Señor Purépecha, de Michoacán.

El arte y la máscara

La muestra concluye con una colección de dibujos, óleos, acrílicos, grabados, xilografías, serigrafías, fotografías, videos e instalaciones de arte contemporáneo, que muestran y dan constancia de la importancia de la máscara y su presencia simbólica en el mundo actual. En este apartado sobresalen varias obras de Francisco Toledo y José Chávez Morado; Mi nana y yo , de Frida Kahlo; y Máscara de alambre y mecate , de Germán Cueto.