En poco más de un año de inexorable inmersión en la pandemia por Covid-19, la vida cultural presencial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha permanecido inactiva. La Coordinación de Difusión Cultural ha decidido mantener cerradas sus actividades culturales presenciales y espacios museísticos hasta que no haya mayores garantías de seguridad sanitarias.

Pero el trabajo propositivo de Cultura UNAM en la virtualidad ha sido uno de los más destacados en aporte a la opinión pública sobre la situación del sector cultural del país, con el lanzamiento de herramientas y ópticas distintas como el Estudio de opinión. Impacto del Covid-19 en personas que trabajan en la cultura, publicado en junio del año pasado junto con el documento colectivo Para salir de terapia intensiva, o la Encuesta nacional sobre hábitos de consumo cultural 2020, que dio muestra de cómo la emergencia sanitaria ha alterado la manera en la que el público en México accede a las prácticas y expresiones culturales y de cómo las disciplinas escénicas y los museos no han encontrado un binomio deseable en la virtualidad.

Diagnósticos para evitar la discrecionalidad

Ahora mismo, la máxima casa de estudios, a través de la Cátedra Internacional Inés Amor en Gestión Cultural trabaja en un nuevo proyecto, esta vez para dar luz a la situación, a un año de la pandemia, de los museos privados, públicos, mixtos, autogestivos e instituciones culturales afines de México, Centroamérica y el Caribe.

“No es una práctica común en nuestro país tener un diagnóstico que permita entender qué está sucediendo cuando hay una crisis”, reflexiona en entrevista con este diario Graciela de la Torre, coordinadora de la cátedra. Argumenta que solamente con un diagnóstico y una pauta abierta para la propuesta de estrategias es posible evitar que las políticas públicas se decidan con base en la discrecionalidad, la improvisación o la intuición.

“Debemos tener herramientas de carácter científico, no solamente suposiciones, para saber con qué estrategias y planes debemos enfrentar la situación. Los museos están en un estado totalmente de indefensión porque el gobierno federal tiene presupuestos reducidos, no tienen certeza presupuestal, composiciones organizacionales ni desarrollo tecnológico adecuados para funcionar”.

Los resultados deberán ser competencia de la sociedad y las autoridades, los patronos, los mecenas y otros involucrados en los museos, apunta De la Torre, “con el propósito de concientizarlos sobre las varias consecuencias que han tenido los recortes y las políticas de austeridad, desde luego el confinamiento y el distanciamiento social, la falta de taquilla, la disminución de autogenerados y la dificultad para obtener patrocinios; los retos para integrarse a una nueva normalidad y la transformación de las audiencias”.

Asimismo apunta que se pretende averiguar qué presupuestos se han recortado y en qué partidas específicas, cómo ha afectado el incumplimiento de compromisos con las exposiciones y los proveedores; si los museos han tenido problemas para el pago de impuestos, cuáles son las afectaciones en la economía indirecta por la pérdida de turismo y, subraya: “si los sistemas de seguridad y conservación fueron los adecuados para preservar las colecciones durante el cierre y la ausencia de personal”.

El estudio inició su fase de consulta el 15 de marzo pasado y prevé su conclusión el 25 de abril. Se aplica a 886 museos e instituciones en México y a 225 recintos en Centroamérica y el Caribe. Los resultados serán interpretados por la plataforma de gestión Aura Cultura y el documento integrado se dará de conocer en la segunda mitad de mayo.

“Un pequeño islote mexicano”

La gestora cultural e historiadora del arte reconoce que desde la administración pública federal, en particular desde la Secretaría de Cultura, ha habido “algunos intentos” para remediar el estado de los trabajadores en la cultura, “pero ya ahorita no se necesita salir de terapia intensiva, deberá remediarse con cirugía mayor, como darles acceso a la seguridad social, por ejemplo”.

También debe haber énfasis presupuestario en la vía tecnológica y programática de los museos, precisa; “también (para la proyección) internacional, porque nos estamos convirtiendo en un pequeño islote mexicano sin capacidad de vincularnos con el exterior”, advierte De la Torre.

Estima que la disposición de dar aliento a la iniciativa privada en los sectores como la salud, el científico, cultural y universitario es nula. “No sé si pueda hablarse de desprecio, pero no hay aliento, hay rechazo. No se ve intención de entender el valor de instituciones como el Papalote, el Franz Mayer, el MIDE. Incluso creo (que) hay estrategias para minimizarlos por inanición”.

La inversión en el Complejo Cultural Bosque de Chapultepec, que este año dispone de 3,508 millones pesos, es decir una cuarta parte del dinero disponible en Cultura federal para 2021, en contraste con la precarización del gremio y las instituciones culturales por los efectos económicos, reitera De la Torre, “es un sinsentido, una falta de sensibilidad absoluta. Es increíble que no se escuche el clamor del sector cultural, que sean tan excluyentes, porque es una forma de exclusión no escuchar a todo un sector”, concluye.

Un trabajo interinstitucional

El Estudio de museos y espacios culturales en tiempos de pandemia se lleva a cabo en coordinación con el Instituto de Liderazgo en Museos (ILM), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el Patronato del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y la agencia Siete Colores. La consulta es aplicada por Buendía & Laredo a 886 museos e instituciones mexicanas y 225 de Centroamérica y el Caribe.

El panorama global de los museos

De acuerdo con estudios realizados el año pasado por la UNESCO y el Consejo Internacional de Museos (ICOM), casi 90% de los recintos, es decir, más de 85,000 instituciones, han cerrado sus puertas durante distintos periodos de tiempo durante la crisis sanitaria. Se estima que casi 13% de los museos de todo el mundo puede que nunca vuelvan a abrir sus puertas.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx