En 1996, Sergio González Rodríguez viajó a por vez primera a Ciudad Juárez, Chihuahua, para investigar una serie de asesinatos en contra de mujeres en esta localidad fronteriza.

El escritor y periodista mexicano, cuya pluma fue una de las primeras en exponer esta ola de asesinatos de mujeres en el norte del país, falleció este lunes 3 de abril, en la Ciudad de México.

En un tiempo en el que la investigación periodística sobre homicidios y feminicidios pasaba por el tamiz de la nota roja, Sergio González Rodríguez dio cuenta de los problemas económicos, políticos y sociales que se encontraban detrás de la desaparición y muerte de más de 700 mujeres en esta ciudad de la frontera entre México y Estados Unidos.

Las víctimas de la violencia tienen casi siempre en común el silencio que pesa sobre ellas. Haberle dado voz a quienes han sufrido la violencia y sus consecuencias es la razón por la que la obra de González Ramírez es tan importante en el panorama intelectual mexicano actual.

Huesos en el desierto (Anagrama, 2002) es una recopilación de los artículos que González Rodríguez escribió sobre el fenómeno de los feminicidios en Ciudad Juárez en el diario Reforma, donde publicó hasta este domingo 2 de abril. La censura y represión por parte de las autoridades mexicanas en ese entonces lo llevaron a tomar la decisión de publicar este libro.

González Rodríguez continuó su obra periodística con El hombre sin cabeza (2009), una crónica-reflexión sobre las decapitaciones llevadas a cabo por el narcotráfico en México y por los miembros de los grupos islámicos extremistas en Medio Oriente y cuyo título parece una metáfora de la situación actual tanto del individuo confundido y del mundo, donde la violencia parece indicar que ha perdido la cabeza.

En Los 43 de Iguala (2015), González Rodríguez propuso una lectura del acontecimiento que cimbró a la sociedad mexicana en septiembre del 2014, la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.

La propuesta del escritor mexicano fue la de no hacer caso a la división artificiosa entre quienes creían la verdad histórica del gobierno federal y quienes no, para profundizar en las causas de la crueldad que se ha normalizado en buena parte del territorio mexicano. En su crónica, González Rodríguez revela los factores, las causas y los agentes que participaron en la tragedia de aquella noche en Iguala y que detonaron la indignación social en contra de las autoridades.

El cine, la música, la literatura, el periodismo y la defensa de los derechos humanos fueron algunos otros de los intereses que Rodríguez cultivó durante toda su carrera. Fue fundador, en los años 70, del grupo de rock Enigma, que participó en el mítico festival musical de Avándaro y que es considerado por la revista Rolling Stone como una de las mejores bandas de esta década. Extrañaremos sus listas de recomendaciones literarias y sus exhaustivos análisis cinematográficos, pero sobre todo echaremos de menos su constante inquietud por hablar de quienes no pudieron hacerlo.

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