Son las 9:16 de la noche del miércoles 11 de abril en el Zócalo de la ciudad de México. Estamos al interior de La Corrala del Mitote, estructura itinerante creada para presentar una versión mexicana del clásico Enrique IV, primera parte (1597), de William Shakespeare, el 14 y 15 de mayo en el Globe Theatre, durante las Olimpiadas Culturales de Londres 2012. Antes, la obra se presentará de jueves a domingos hasta el 29 de abril aquí, en el Zócalo.

La versión de Hugo Arrevillaga, director del montaje, extrae de una versión primitiva (la experiencia del teatro isabelino) un material que revitaliza la experiencia estética.

Esta obra de Shakespeare se presentará en un entorno ideal y en un momento de celebración, lo cual ha exigido a la Compañía Nacional de Teatro (CNT) echar toda la carne al asador. Y no ha escatimado. Ver esta obra es una gran oportunidad. Montada en el corazón de la capital, la Plaza de la Constitución, esta feliz empresa significa un oasis para el espíritu en un desierto de indiferencia.

La alta calidad del trabajo se despliega en todos los aspectos visibles (dirección, escenografía, actuaciones, musicalización, logística, construcción, adaptación), de tal forma que esta obra conjunta tanto lo mejor del teatro clásico como un lenguaje contemporáneo de lo más rompedor. El maestro Shakespeare y un director de realce cuyas últimas puestas en escena (Incendios, Bosques, Litoral, de Wajdi Mouawad) lo han confirmado como uno de los más pujantes de su generación.

Enrique IV es parte de una serie de obras consideradas fundamentales en la historia del teatro e imprescindibles para acercarse a una parte de la historia de Inglaterra. La historia de esta pieza dramática se ubica un año después de donde terminó la anterior obra de Shakespeare (anterior en la teatralogía que la incluye junto con las tres partes de Enrique IV), Ricardo II. Enrique, el rey (Marco Antonio García), planea ir a las Cruzadas pero algunas rebeliones locales se lo impiden. Además, siente envidia de Bardolph (Óscar Narváez), Conde de Northumberland, porque Percy (David Calderón), el hijo de aquel, es buen caballero; y, en cambio, su hijo, Hal, el futuro Enrique V (Constantino Morán), lleva una vida licenciosa, en la que el gordo John Fasltaff (Roberto Soto) funciona como su mentor.

La obra registra la eventual transformación de Hal en Enrique V y es una diatriba sobre el lugar del honor y de la nobleza en un entorno degradado, que pone en duda la legitimidad de las guerras y hace evidente la caducidad del mundo regido y separado por el imperio de la sangre.

Al respecto de este cruce de tiempos, una de las mejores líneas que ha trabajado la CNT es la adaptación de obras antiguas a un código contemporáneo, a partir de dos herramientas: el lenguaje y la imagen, los cuales se conjugan en esta pieza con los atinados trabajos de Alfredo Michel Modenessi y José Ramón Enríquez, responsables de darle el giro lingüístico cercano, el amable y trabajado diálogo entre el director Hugo Arrevillaga y las escenógrafas Auda Caraza y Atenea Chávez que comparten un código estético probado y poderoso, y la ruidosa pero justa implicación que conjuga el pasado y el presente en el vestuario diseñado por Mario Marín del Río.

Enrique IV

Zócalo ?de la ciudad ?de México

Del 12 al 29 ?de abril

Entrada libre. Cupo limitado. Adolescentes y adultos.

J y V 6:30 pm; ?S y D 13 y 6:30 pm

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