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El pop como sanación
Flor Amargo y mi mejor amiga, ?una noche memorable.
Me divirtió mucho el concierto de Flor Amargo. El jueves pasado Flor presentó su nuevo disco, Espejo cristal, en el Foro del Tejedor, dentro de la librería El Péndulo de la Roma.
Fue de verdad divertido. Flor entró en escena tocando la melódica y fue perfecto porque su presencia es así, como una melódica: feliz, meliflua, imposible de ignorar.
Fui al concierto con mi amiga Loana (sí, como la princesa de la novela de Umberto Eco. Loana es la única Loana que conozco). Loana y yo nos conocimos adolescentes todavía en nuestro primer día de clases en el Claustro de Sor Juana. Diría que desde entonces somos inseparables excepto porque no es cierto. Nuestra amistad ha sido interesante, con momentos de alta y baja marea, con épocas en la que es posible que no nos volvamos a ver nunca. Pero siempre volvemos a vernos. Lo que define nuestra amistad es el cambio, mas no la inconstancia: las dos sabemos que nos queremos.
Flor Amargo comenzó su concierto con Carrusel , el sencillo de su primer disco, una canción bullanguera que habla de los cambios de la vida, de cómo todo da vueltas y uno debe divertirse a pesar de todo. El grupo que acompaña a Flor es extraordinario. Mira al percusionista , me dijo Loana, no hay momento en que no esté haciendo algo . Era cierto: entre la batería, los bongos, el cajón y un montón de juguetitos el tipo se la pasaba bien. Nadie sufría ni en escena ni en el público.
Eso es de notarse. Cuando Flor Amargo, después de la entrevista que le hice hace unos días, me invitó a su tocada para lanzar el nuevo disco tuve dudas, debo decirlo. Aunque me gustó mucho el primer disco las apariciones en vivo son otra jugada. La mayor parte del tiempo cuando veo a alguien en un escenario siento pena ajena. Muy pocos, me parece, saben llenar el ojo del espectador. Les falta presencia, les falta vida escénica.
Pero Flor Amargo es otra cosa. Creo que lo que le sobra es presencia escénica. Lo digo como algo bueno y algo malo. Bueno porque en ningún momento dejó de llenar el escenario del foro, nunca dejó tiempos muertos. Flor Amargo era todo en escena. Y malo porque, aunque su grupo de músicos era muy bueno, la cantante no se fundía con ellos, hasta la presencia de su corista (un niño apenas adolescente con una vocesota) quedaba desvanecida en el desmadre de Flor Amargo. De tanto que bailaba, gritaba, saltaba era increíble que no se tropezara con los cables, que se iban enredando y enredando a lo largo del recital. Como dijo mi Loana: En cualquier momento pensé que se iba a poner a cantar Doctor psiquiatra .
Pero mucho de magia, de duende, tuvo la noche. Loana, que es más ácida que yo, salió contenta y cantando la canción que Flor cantó con Madame Recamier, pura alegría tocada con un banjo. Yo me quedó con Luciérnaga azul , la canción más calma de la noche, una muy bonita canción de amor que, por alguna razón, la he estado recordando como una bachata y no, no es bachata, es más bien una balada pop. Dice un amigo que si una canción suena bien en diversos géneros uno puede estar seguro que es una buena canción. Bueno, eso me pasa con Luciérnaga azul : la recuerdo como no era y así me doy cuenta de lo que sí es.
De regreso en el coche, Loana y yo tuvimos una corta pero sincera conversación. La música de Flor Amargo no nos había amargado sino lo contrario. Platicamos mi mejor amiga y yo como hace mucho no lo hacíamos y eso sirvió para hacerme esa noche memorable.
Quién dice que el pop no es un acto de sanación.
A Flor Amargo hay que seguirla. Toca en las calles del Centro Histórico, en la Avenida Juárez y en el callejón de Motolinía. Espero pronto tener más noticias de ella.