“Necesitamos traer al siglo XXI al campo y a las comunidades rurales en el corto plazo, y a largo plazo, debe haber innovación tecnológica con transferencia de la misma”, aseguró Francisco Gurría, coordinador general de Ganadería en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) durante el primer Seminario para Conocer el Campo de Hoy. Esto, Rumbo al 15 Foro Global Agroalimentario 2018 que estará iniciando esta misma semana con sede en Puebla.

Durante este evento se destacó la importancia de la adopción de la ciencia y tecnología al sector agroalimentario, “como el caso de la biotecnología, debemos ponerla a trabajar a favor de la sociedad sin que tenga que ser un tema acotado al maíz y si éste puede o no ser transgénico. Por mucho tiempo ha parecido que la única discusión de la biotecnología se centra en eso en este país, cuando sabemos que sus alcances son mayores”, dijo el maestro Gurría.

Sobre la adopción de tecnología, dijo que la realidad es que sí hay una diferencia, “las empresas son quienes la están marcando, hoy los empresarios del sector agropecuario realizan trabajos tan sofisticados como los de la industria automotriz, energía o servicios, sin miedo de competir y con infraestructura para responder a cualquier tipo de mercado”.

Pero, ¿qué pasa con el tema gubernamental y con todos esos pequeños productores? El aún funcionario indicó que “la idea es que podamos conjuntar apoyos que pudieran ser extraordinarios y algunas ideas que empiezan a permear, pero con preocupación vemos que se pretenden prácticas como regresar a la Conasupo otra vez, se nos hace complicado que hoy esa pueda ser la oferta innovadora y el camino a una solución cuando ese camino ya lo recorrimos y no salió particularmente bien”.

“Hoy lo que tenemos que hacer es fijarnos en la aplicación de la innovación, de la transferencia tecnológica y sobre todo, de la asistencia técnica”.

Gurría destacó con preocupación también el tema educativo. “México tiene alrededor de 270 escuelas agropecuarias a nivel de bachillerato, con un alumnado de entre 700 a 1,000, dependiendo de la zona (...) Esos miles de estudiantes están en la ruralidad, localizados en la zona que deben estar, para lo que se están preparando, pero no tenemos cómo absorber a esos jóvenes que están saliendo. Para que no sólo sean agrónomos o veterinarios, también requeriríamos de técnicos inseminadores, profesionales que puedan mantener plantas en invernadero, entre muchas otras especialidades”.

Concluyó que hay muchas cosas que hacer pero que no están vinculadas unas con otras: “La Secretaría de Educación, por ejemplo, no tiene mucho que ver con la de Agricultura, ni siquiera sabemos dónde están las oficinas, mientras que en países de como Canadá, el último que aprueba dónde se hace un camino rural es el secretario de Agricultura. Aquí no sabemos ni dónde despacha el subdirector de caminos rurales de SCT”.

“La discusión está tan fragmentada, que es una de las razones por las que decimos que el campo está abandonado, las secretarías deberían estar mucho más conectadas e integradas”.

Tecnología y ciencia, sistemas democratizadores

Laura Tamayo Laris, vicepresidenta de Comunicación para el Consejo Nacional Agropecuario, habló de la sofisticada evolución en la agricultura, pero que aún no ha permeado en el contexto general mexicano.

En el caso del agricultor, se tienen que tomar 50 decisiones estratégicas en un solo día para todo el año y que van a significar la diferencia entre ganar o perder, eso no es una decisión fácil, no es fácil ser agricultor y esto muchas veces se deja al azar, sería importante que las herramientas tecnológicas ya estuvieran permeando entre todos los eslabones agroalimentarios.

“La biotecnología fue la segunda revolución verde, pero ya estamos entrando a la tercera”, explica Tamayo, “con la entrada de las técnicas digitales nos encontramos en una posición donde la sumatoria de todas las investigaciones, más la cuestión digital nos acerca a la democratización de los sistemas”, pero ¿eso está sucediendo?

Hoy la agricultura está presente en la lista de tecnologías disruptivas de Silicon Valley; por ejemplo, “ya existen startups donde la agricultura es tan precisa y con tantos indicadores que no hay mucho margen de error, usando esta información aplicada, tendríamos una planta sana y apropiada para el mercado, si eso lo logramos a 100% la merma será poca, con menos uso de recursos naturales y cubriendo las necesidades del mercado y el productor”.

Hoy por hoy, se tiene tecnología en el campo como: drones, sembradoras automáticas, aplicaciones para smartphones, biotecnología, productos de protección de cultivo, machine learning y big data. Aunque esta tecnología podría estar sirviendo para la toma de decisiones a un agricultor con una pequeña parcela, o al que siembra hectáreas completas, estamos lejos de que esto ocurra. De acuerdo con cifras del Inegi, en México 5.3 millones de personas se dedican a actividades agrícolas, pero apenas 5% de éstas tiene un teléfono inteligente.

Información sobre los últimos 100 años de lluvia o especialistas que con una foto definan si la planta está enferma, esto para alguien que no tiene la capacidad de pagar un agrónomo sería oro molido, asegura Tamayo, pues le va a permitir actuar a tiempo y salvar su cosecha. Pero Las innovaciones no son sólo un trabajo que deba dejarse a los agricultores o a las startups de Silicon Valley, es un trabajo de distintas organizaciones tanto públicas como privadas.

Tamayo agregó que en este trabajo las universidades también son clave: “Es raro que una empresa haga investigación de este tipo por sí misma, la mayoría buscan universidades, donde se puede dar el ganar-ganar”.

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