Las puertas para el público en el Laboratorio Arte Alameda permanecen cerradas con candado. El personal del recinto y quienes trabajan en el montaje de la próxima exposición entran y salen por la puerta lateral que se ubica en el callejón de Cristóbal Colón.

Es necesario esquivar tablas, cuerdas, lámparas, herramientas, escaleras. Hay una quincena de personas trabajando en todo el lugar. Huele a pintura fresca. Al centro de la nave, Ale de la Puente usa un cinturón de bolsillos en el que carga herramientas, un aceite esencial a base de cítricos y otros objetos que le han sido de utilidad.

Junto con el equipo del Arte Alameda y el curador Michel Blancsubé, ha trabajado sin parar desde el día anterior, toda la noche, en el montaje de la exposición Los pies en el agua y la mirada en las estrellas, esperando el relámpago. Está de pie bajo lo que parece ser el esqueleto invertido del casco de un barco. Desde ahí mide la alineación de la enorme pieza que será ingrávida y que de a poquito se apodera del espacio más grande de exhibición. Asegura que todavía le falta agregar el elemento relevante de la pieza.

De imprevistos y resoluciones

Se escapa un momento del montaje y sale al patio principal para tomar aire. Confiesa que han sido horas complicadas, que ha tenido que superar algunas dificultades. Pero lo toma con humor. Lo relata con la voz siempre serena.

“Seguramente hoy será otro día de no dormir”, confiesa. Dice que, a pesar de que el montaje empezó el 13 de agosto, los últimos días han sido ricos en imprevistos y ha tenido que producir y montar al mismo tiempo. “Nunca se sabe decir cuál es el momento crítico. No es como en la películas, que tienen un momento de clímax y después sabes que irá en descenso. Por algo se llama esperando el relámpago. Pero, dentro de todo, lo estoy gozando”.

Tampoco sabe decir cuántas horas le faltan de montaje. Falta por traer una pieza que se está armando en la UNAM. “Es una máquina que tiene bastante complejidad de tipo mecánico. Ya probamos prácticamente todo el sistema. Parece ser la más complicada, pero va a ser la más sencilla de todas las piezas”, comparte.

Entonces comienza a repasar el resto de las obras que se van a exhibir; en total, siete.

Hay una pieza sobre la que se proyectará una bóveda celeste. “El video ya está listo, los ajustes del volumen que queremos”, confirma. También ha montado sobre un muro un rompecabezas magnético de 10,000 piezas diseñadas para que sus posibles combinaciones sumen números con 80 ceros.

En contraste, hay otra pieza de un vidrio espejo cuyo montaje que se ha venido retrasando desde el pasado sábado, a causa de otro error de proveedores. “Todo se va retrasando. Las cosas se retrasan una tras otra y acabas montando todo al mismo tiempo”, dice. Otro de los trabajos que hubieran tenido que estar listos desde la semana pasada, la que se exhibirá en el Coro, se descuadró a causa de la incesante lluvia y se ha tenido que repetir.

“Son factores que no puedes controlar —resuelve. Siempre hay imprevistos y dejas un margen para ellos, pero de pronto los imprevistos se juntan y es más bien un problema de logística y de tiempo (...) curiosamente, cuando el tiempo es mi tema”.

“Al final —reflexiona— uno como creador se convierte en el primer público junto con quienes la montan y te das cuenta de lo que está diciendo la obra en el lugar”.

De vuelta a la nave

Una integrante del equipo de montaje sale para pedirle que dé el visto bueno al texto curatorial. Ale vuelve a la nave principal y se coloca de frente al pánel donde estará el texto, aprueba y vuelve al trabajo.

“Necesitamos manos para subir más el barco”, solicita al equipo. Entonces todos toman las cuerdas que sostienen el esqueleto de navío y esperan sus indicaciones. “Vamos a subir 20 centímetros por cada jalón”, indica. “Más que ser una exposición sobre el universo, es un concepto de la búsqueda que de alguna manera compartimos todos con el interés de obtener algún resultado”, expone.

Los pies en el agua y la mirada en las estrellas, esperando el relámpago se inaugura la noche de este jueves y permanecerá en el Laboratorio Arte Alameda hasta el 28 de octubre.

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