Soy del norte de esta Ciudad de México de tantas caras y de tantos rumbos. Durante muchos años el parque de La Bombilla fue para mí el límite del sur, la frontera con esa otra república que, se supone, también era mi ciudad. Nunca entré al monumento a Álvaro Obregón a ver su brazo flotando en formol, Dios me salve. Creo que ese homenaje necrofílico se retiró hace unos 20 años, así que los jóvenes pueden ahorrarse el paseo.

En la universidad tuve un gran maestro, el doctor Raúl Figueroa Esquer, que nos impartía una materia que mezclaba historia con hechos contemporáneos. El doctor es sonorense, y siempre que se refería a Obregón le decía mi tío Álvaro , porque sí, el caudillo era su familiar. Una vez nos contó que su tío decía que de los tocamientos y frotamientos vienen los sentimientos . Ese tío Álvaro era tremendo.

El 17 de julio se cumplen años del atentado en el entonces restaurante de La Bombilla, donde León Toral dio muerte al general Obregón en un acto motivado por razones religiosas: Toral está, dijo, protegiendo al catolicismo mexicano. Los conspiradores fueron la madre Conchita (tremenda la tocaya), el padre ?Miguel Pro y el propio Toral.

La Bombilla hoy es un parque que parece inspirado en el brutalismo soviético. El tío Álvaro reposa su alma ya con su brazo a un lado.