El estudio del volcán Popocatépetl ha evidenciado el impacto del conocimiento científico en beneficio de la sociedad. En los últimos años, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Servicio Sismológico Nacional y el Centro Nacional de Prevención de Desastres han realizado esfuerzos importantes para modernizar la red sismológica y de geofísica, a tal grado que el coloso ha marcado el rumbo de trabajo en la protección civil y la gestión del riesgo en el país.

Durante el encuentro El Popocatépetl: 25 años de actividad eruptiva, Marco Caló, investigador del Instituto de Geofísica explicó que en los últimos dos años se ha realizado la reparación de los equipos, instalación de sensores sísmicos de última generación, equipos GPS, sensores de monitoreo meteorológico, video de alta definición y un sistema de transmisión de datos.

Las mejoras en la instrumentación y los sistemas de monitoreo han permitido revisar en tiempo real la información y hacer análisis que permite tomar mejores decisiones, esto ha contribuido en el entendimiento de cómo abordar incluso otros fenómenos naturales.

Con los nuevos sistemas se podrá “tener una resolución exhaustiva que permita caracterizar cámaras magmáticas, conductos y estructuras que aún no se conocen, pero que podrían tener una gran implicación en el estudio del Popo”.

Datos hasta hoy

De 1994 al 2019, ha presentado más de 83 domos o tapones, “da la impresión de que la actividad va aumentando, pero hay un equilibrio de fuerzas entre la presión que ejerce el edificio volcánico y el material que quiere salir; mientras haya un equilibrio tendremos una situación estable”, aseguró Carlos Valdés González, especialista de la UNAM. Se han analizado más de 5,500 sismos originados en el coloso y la actividad principal se localiza a 2 kilómetros sobre y debajo del nivel del mar.

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