Bajo una nube cada vez más oscura de acusaciones sobre acoso sexual, la Academia Sueca decidió que el premio Nobel de Literatura no se otorgará este año y que en su lugar serán anunciados dos ganadores en el 2019.

Peter Englund, miembro de la Academia, le dijo al New York Times: “Creo que ésta es una decisión sensata, considerando tanto los disturbios internos de la Academia como la subsecuente carnicería de personas y la posición en general del premio. ¿A quién le interesaría realmente aceptar este galardón en las actuales circunstancias?.

Tomar un descanso puede sonar drástico, pero ha sucedido siete veces antes. Incluso compartir el galardón no es algo nuevo, ha sucedido cuatro veces. La última vez fue en 1974 cuando Eyvind Johnson y Harry Martinson ganaron el premio, aunque no tenía nada que ver con el hecho de que ambos eran miembros de la Academia.

“La decisión enfatiza la seriedad de la situación y ayudará a salvaguardar la reputación a largo plazo del premio Nobel”, dijo por su parte en comunicado divulgado el viernes, la Fundación Nobel.

El caballo que salió del establo

En efecto, en el idioma sueco hay una expresión con la que se revela una crisis: “Ese caballo ya se salió del establo”. Así que lo mejor es controlar la crisis.

Los hechos se remontan a noviembre del año pasado, cuando el diario sueco Dagens Nyheter publicó el testimonio de 18 mujeres que afirmaban haber sufrido acoso sexual por parte de un “personaje del mundo de la cultura y de nacionalidad francesa vinculado con la Academia”. La presión social, coincidiendo con el impulso del movimiento internacional #MeToo, motivó la divulgación del nombre del acusado: el dramaturgo Jean-Claude Arnault, esposo de Katarina Frostenson, miembro de la institución sueca.

Pero ahí no acaba la cosa. Tras la publicación del nombre de Arnault, todo apuntaba a que él también había filtrado los nombres de los ganadores en aos recientes, los de Elfriede Jelinek, Harold Pinter, Jean-Marie Gustave Le Clézio y Patrick Modiano. El conocimiento previo puede suponer la obtención de una pequeña fortuna en las casas de apuestas.

La situación es crítica. Los escritores Klas Östergren, Kjell Esp­mark y Peter Englund han hablado del tema tras renunciar a sus asientos el pasado 6 de abril. Espmark, presidente del Comité durante 17 años (1988-2005), acusó a sus compañeros de “anteponer la amistad a la responsabilidad y la integridad”.

Con la institución en caída libre, no hay día en Suecia que la prensa o la televisión no recoja las peleas entre los académicos. Entre las reformas que se requieren está la revisión de sus prácticas y la modernización de sus estatutos. Pocos cambios ha habido en la esclerotizada institución fundada en 1786 cuyos miembros son vitalicios y cuya silla permanece vacía hasta su muerte en caso de renuncia. “Los métodos serán más estrictos con respecto a los conflictos de intereses y a la gestión clasificada como secreta”, prometen en el comunicado hecho público por la institución.

Pero es evidente que el problema con el premio Nobel de Literatura ha sido obvio durante años. Sólo basta recordar en el 2005 cuando el profesor de literatura nórdica Knut Ahnlund anunció su renuncia a institución. El motivo: la concesión del premio correspondiente al 2004 a la escritora austriaca Elfriede Jelinek.