Ni siquiera era de noche. La luna, ni grande ni chica porque no estaba prometida aquel domingo. Y es que eran las 2 de la tarde. Todos los que estábamos adentro del palacio marmoleado y señorial no podíamos olvidar la luz y el sol de afuera. El calor. Las personas que habían llegado a Bellas Artes a ver a las golosas musas de Botero.

El enorme y estorboso estoicismo de la muchedumbre esperando en pasillos y escaleras se nos olvidó cuando ocupamos nuestro asiento y las luces empezaron a bajar de intensidad. No hubo primera segunda o tercera llamada que nos advirtiera que estábamos a punto de caer sin remedio a uno de esos huecos estilo Nocturno de García Lorca (Para ver que todo se ha ido, para ver los huecos y los vestidos, ¡dame tu guante de luna, tu otro guante perdido amor mío!). Entonces se escuchó el rasgueo de una guitarra llorando muy quedito Noche de ronda de Agustín Lara y apareció Chavela Vargas.

El público gritaba y aplaudía. Y ella, con su jorongo de lana blanca como la luna, sentada en su silla de ruedas y flanqueada por Eugenia León y Martirio fue tocada por la adoración del público quizá como nunca antes en su vida. La ovación de pie duró más de dos minutos. Y la voz de Chavela todavía no había emitido ni un sonido. Aquel día, ya convertido en emotiva noche, fue desgranándose en canciones y poemas. Las guitarras de Juan Carlos Allende, Miguel Peña y Raúl Rodríguez, las voces de Eugenia León y Martirio de una pureza diferente pero con un alcance igual de fuerte, convirtieron el concierto, o la presentación de libro-disco, o el Homenaje para Chavela que le hacía un homenaje a García Lorca en un evento conmovedor.

La combinación de textos de la obra literaria de Lorca, algunos conocidos y otros menos difundidos, junto con los poemas escritos por la misma Chavela , inspirados por su amor a Lorca- que se le aparecía en sueños-una producción audiovisual donde Laura García Lorca narraba y conducía, aunado a las canciones que siempre nos estrujan el alma desde toda la vida, fueron el tenor de ese domingo, apenas antier. Muchas canciones y poemas estaban grabados. Pero de su ronco pecho, con su voz de 93 años bien vividos cantó Cruz de olvido , Piensa en mí , La llorona y en el encore Luz de luna . Ya para el proverbial azote de la concurrencia y gran final entre sollozos y suspiros.

Producido por Discos Corasón, La luna grande abarca 18 temas que fueron grabados en más de año y medio de intenso trabajo de Chavela con sus músicos y productores. Un homenaje para Federico García Lorca y la realización de un proyecto que la gran dama del canto mexicano, había tenido guardado entre su lista de deseos durante muchos años.

Al final, muchos nos fuimos pensando en otras coplas de Lorca. La luna vino a la fragua con su polisón de nardos… y pensando que cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente como una isla en el infinito.