El pasado sábado se inauguró una muestra con esencia mexicana y libanesa por igual. Es la exposición Cycles of Collapsing Progress, un resultado del acercamiento de artistas libaneses con México y de artistas mexicanos con el Líbano, que desde este fin de semana se exhibe en dos sedes históricas en la ciudad de Trípoli. La exposición es coorganizada por BEMA Beirut Museum of Art y Studiocur/art.

En declaraciones para El Economista, la curadora responsable de la exhibición, Anissa Touati, ofrece detalles sobre cómo se originó la muestra y la propuesta de este colectivo de artistas binacionales.

Todo comenzó hace un par de años, cuando la curadora franco-libanesa Karina El Helou invitó a Touati, curadora nómada y también codirectora del proyecto de fomento de arte, Chalet Society, a conocer la cultura libanesa. Por su parte,  AnissaTouati, con experiencia trabajando en proyectos que involucran a museos o artistas mexicanos (como el Anahuacalli, la galería OMR o la exhibición sobre arte contemporáneo mexicano, Cómo te voy a olvidar, en la galería francesa Perrotin) y que hacía poco tiempo había explorado a profundidad la geografía y la cultura mexicanas, inició un diálogo con El Helou sobre las similitudes de ambas naciones.

“Nos sorprendió el hecho de que estos dos países estén tan ligados históricamente aunque no tienen ninguna interacción hoy en día”, refiere Anissa a pesar, destaca, de que México es casa de una de las comunidades libanesas más importantes del continente derivada de la migración.

“hoy en día existe muy poco o ningún intercambio entre ambos países —lamenta— y queríamos hacerlos reaccionar por igual (a ambas culturas) a través de un estudio comparativo trabajado por artistas (...) Era importante para nosotros hacerlos interactuar con la cultura de ambos países”.

Aproximación bilateral

Los artistas seleccionados por ambas curadoras para llevar a cabo este proyecto fueron Edgardo Aragón, José Dávila, Fritzia Irízar, Jorge Méndez Blake, Damián Ortega, Gabriel Rico, Emmanuel Tovar y Pablo Dávila, por México; mientras que Ali Cherri, Joana Hadjithomas con Khalil Joreige, Lamia Joreige, Marwan Rechmaoui, Stéphanie Saadé, Roy Samaha, Jalal Toufic, Zad Moultaka, Rayyane Tabet y Haig Aivazian, en representación del Líbano.

La muestra presenta 18 trabajos en total. Algunos fueron producto de trabajos comisionados ex profeso para la exhibición y otros fueron inspirados durante las residencias en el 2017 de algunos de esos creadores en ambos países.

En noviembre del 2017, los mexicanos Edgardo Aragón, Gabriel Rico y Fritzia Irízar viajaron al Líbano para trabajar bajo el cobijo de Beirut Art Residency, una asociación encargada de respaldar las residencias de artistas internacionales en el país árabe. Por su parte, a principios de este 2018, dos creadores libaneses: Marwan Rechmaoui y Stéphanie Saadé, viajaron a Guadalajara para hacer lo propio con el Programa Anual de Open Studios en Guadalajara (PAOS GDL).

Se eligieron dos sitios de exposición: la Ciudadela de Trípoli, una zona patrimonial del Líbano con poco menos de un milenio de historia; y la Feria Internacional Rashin Karami, un inmueble diseñado en 1963 por el célebre arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, lamentablemente inacabado por la explosión de la guerra civil libanesa en los 70.

Diálogo con el Líbano

Aunque la selección de artistas mexicanos es rica en diferencias artísticas y de plataformas, Anissa refiere que fueron elegidos, más bien, “de acuerdo con su trabajo y su capacidad para reaccionar en torno a la dirección de la exposición: ciclos de tiempo y la capacidad de las sociedades o micro universos para desintegrarse y renacer de nuevo en otra forma hasta el infinito”.

Dice, por ejemplo, que para Pablo Dávila “el universo no es más que una sinfonía de relojes y nosotros no somos más que su melodía”. Con base en esta idea, el mexicano instaló 20 metrónomos en el castillo de la Ciudadela de Trípoli que cada mañana son puestos a funcionar de manera aleatoria, lo cual aporta un paisaje sonoro siempre diferente para quien lo escucha y, a su vez, trastoca simbólicamente las trascendentales épocas de éste que alguna vez fue convertido en iglesia por los cruzados en los siglos XII y XII, y que en el siglo XVI también fue tomado por los invasores otomanos. Touati asegura que con esta muestra “Dávila está jugando con el tiempo histórico y reflexionando cómo la civilización podría terminar y luego reiniciar de nuevo”.

En contraparte, la artista libanesa Stéphanie Saadé cuenta que de su primer viaje a México nació “plantear la pregunta de cómo las culturas ancestrales observaban la luna para aprender los ciclos naturales del universo e incluso del cuerpo humano. (Ella) tomó un par de fotografías de la luna en México que son parte de la exposición (...). Se inspiró en la influencia de la luna sobre las civilizaciones precolombina en comparación con el calendario lunisolar de las civilizaciones del Medio Oriente para calcular el tiempo, las estaciones, las mareas o los cultivos”.

Las obras son diversas. Mientras que el libanés Marwan Rechmaoui reprodujo con plexiglás el domo del recinto de Niemeyer, el mexicano Gabriel Rico usó la pirámide que el arquitecto brasileño proyectó en el mismo sitio como un mapa del universo.

Amor por México

Anissa mantiene un gran vínculo con México. Asegura que su cercanía con el país no se trata sólo del arte mexicano, sino del país en su totalidad.

“Vine por primera vez en el 2012 y me quedé por dos meses para echar a andar un proyecto con el dúo francés de arte Kolkoz, en colaboración con la Galería OMR. Estaba fascinada con el país, su belleza, intensidad y su mixtura absoluta de diferentes cultura a partir del cruce de dos mundos. Viajé sin parar por todo el país, visitando estudios y comprometiéndome individualmente con la historia de cada artista”, refiere y asegura conocerse a fondo y mutuamente con creadores, ahora invitados a la exposición.

Asegura que el resultado de sus trabajos curatoriales y de investigación está ligado con la experiencia personal, generalmente derivada de la exploración geográfica y de identidad. Tal es el caso de Cycles of Collapsing Progress, que permanecerá en el Líbano hasta el próximo 23 de octubre.

Desde la concepción de la muestra doble se pensó en trasladarla a México inmediatamente después de culminar actividades en el país árabe. “Pero, por la situación en México, las elecciones y los cambios políticos, todo se paralizó y eso complicó sacarlo adelante con instituciones y patrocinadores. Pero estamos trabajando en eso”, confirma.

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