El transbordador espacial Endeavour emprendió el lunes su vuelo número 25 y final, llevando el detector de partículas Espectrómetro Magnético Alpha (AMS-02 por su sigla en inglés y porque es el segundo en su tipo) de 2,000 millones de dólares, construido por un consorcio de 56 agencias de investigación de 16 países, entre los cuales está un grupo de mexicanos del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (IFUNAM).

El AMS fue diseñado para analizar los rayos cósmicos en busca de huellas de materia oscura, antimateria y otros fenómenos indetectables con telescopios tradicionales. Estará en órbita en la Estación Espacial Internacional (EEI) durante al menos 10 años.

La información que registre se concentrará en una gran base de datos en el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares y los diferentes equipos de científicos elaborarán programas de análisis para acceder a los archivos, según su línea de investigación.

El AMS-01, que fue transportado por un corto tiempo en el Atlantis en 1998, sólo voló 10 días, pero con eso bastó para que se produjeran varios artículos científicos, es decir, el conocimiento del espacio se amplió de manera inmediata.

Es difícil imaginar la cantidad de descubrimientos que nos esperan, más allá de la posible detección de antinúcleos que revelarían la existencia de antiestrellas, así como evidencias que nos permitan resolver el enigma de la materia oscura , reveló el físico Arturo Menchaca, líder de la participación mexicana.

El detector mexicano

La participación específica del grupo mexicano en el AMS-02 es en la creación del Ring Imaging Cherenkov detector (RICH detector). Cherenkov fue un científico ruso que descubrió que partículas de muy alta energía, al atravesar materiales transparentes, producen anillos luminosos. El RICH sirve para dos cosas: medir la velocidad de las partículas y su carga eléctrica.

En el AMS-02 el material transparente es un gel de sílica (llamado aerogel), que fue caracterizado ópticamente en el IFUNAM. Ese Instituto también aportó al AMS-02 instrumentos foto-sensibles , aclaró Menchaca.

Una vez instalado, el AMS permanecerá a bordo de la EEI enviando información a la Tierra por telemetría. Se trata de señales digitalizadas emitidas por alguna de sus 70,000 unidades de detección.

Estos datos serán analizados de manera exclusiva por los diferentes grupos que forman la colaboración, incluyendo a los investigadores del IFUNAM, único grupo latinoamericano en formar parte de AMS.

La polémica de la antibúsqueda

El más emocionante de los muchísimos posibles descubrimientos que se podrán hacer con el AMS-02 sería el del antiuniverso, es decir, encontrar una porción que esté formada por antimateria y no por materia como la parte donde nos encontramos, con sus antiestrellas y sus antiplanetas. Si hay materia, debe haber antimateria. La pregunta es dónde , dice Samuel Ting, impulsor del proyecto del AMS-02.

La mayor parte de los físicos coincide en que de existir el antiuniverso habríamos visto la luz que se emitiría en la frontera entre éste y el Universo, ya que al unirse la materia y la antimateria se desintegran emitiendo luz.

Pero Ting es el impulsor y creador intelectual del aparato que tardo 17 años en construirse, así que el aparato buscará antimateria en los rayos cósmicos, pero como el proyecto promete -y a nadie le cabe duda de que cumplirá- encontrar muchas otras cosas menos extrañas a partir del análisis de rayos cósmicos, el mundo de la Física y la Astronomía está muy satisfecho con el lanzamiento. Sobre la Tierra, los rayos cósmicos solo pueden detectarse indirectamente, por las emisiones de partículas secundarias que generan al chocar con la atmósfera.

El AMS tendrá por lo tanto una vista privilegiada . El AMS, a grandes rasgos, consiste de un poderoso imán rodeado de diversos detectores de partículas.